La primera visita que recibí fuera de las visitas de mi niña perversa, fue la de mi madre, no quería perderse la oportunidad de conocer el nuevo departamento y tener la oportunidad de sociabilizar con los vecinos a los que yo ni siquiera había en pelea de perros. En ese piso había dos departamentos más. En el 301 vivía Olga una mujer de 65 años muy activa y jovial; viuda con 2 hijos y un grupo de amigas con las que se reunía de vez en cuando o salían por ahí sobre todo los viernes por la noche. En el otro departamento, el 302 vivían José y Mirian de 45 y 39 años respectivamente que tenían una hija de 19 años casada recientemente.
Fue gracias a mi madre que conocí a mis vecinos y parte de su vida. Prácticamente todos vivíamos solos. Unas noche de sábado mamá tuvo la ocurrencia de organizar una cena"para compartir" con los vecinos. Con la mejor cara posible recibí a los invitados de mi madre, aunque debo reconocer que se esmeró en la cena, con lo meticulosa que es quería que todo saliera perfecto. Conversamos de lo humano y lo divino, la conversación era agradable, tenía buenos vecinos. Mi madre hizo una buena relación con Olga por la afinidad en la edad y como era de esperar encajé muy bien con José y Mirian. Mamá intercambió número con Olga para unirse a su grupo de amigas y salir a recorrer la ciudad, yo por mi parte tenía a José y a Mirian cómo contactos. Seguimos la charla por un buen rato más y ya se estaba haciendo tarde, José y Mirian se despiden, Olga y mamá se quedan un rato más charlando mientras me voy a dar una ducha. ¿Qué iba a hacer en medio de dos mujeres maduras que se ponen a hacer planes para salir de fiesta? Ya en la ducha sentía curiosidad de los planes que estaban tramando y la forma en que los llevarían a cabo.
Me apresuré en la ducha, me puse un bóxer y una camiseta de franela, total es mi departamento y Olga no es mi visita. Al verme, ambas quedaron en silencio. Habían abierto otra botella de vino. "¿Te sirvo una copa?" –dijo mi madre. "Claro" –le respondí. Fue a la cocina a buscar una copa limpia. Olga quedó en silencio, no podía dejar de mirar mi entrepierna, incluso un leve suspiro salió. Volvió mi madre y me sirvió la copa. ”¡A su salud!" –dije alzando la copa, ellas también lo hicieron y le di un sorbo. "Cuéntame Olga. ¿Con ese grupo de amigas que tienes que hacen cuando salen?" –le pregunto. "A veces salimos a un bar que frecuentamos, otras veces nos quedamos en mi departamento, charlamos, escuchamos música y bebemos algunos tragos. Espero que si eso pasa no te moleste Felipe" –dijo. "No, claro que no" –le contesté. "¡Qué bueno querido! A veces somos un poco ruidosas" –dijo riendo. Pensaba en mis adentros: "Seguro no has escuchado las veces en que viene Ruth y lo ruidosa que es cuando cogemos". Mamá curiosa le pregunta: "¿Cuando no estás con tus amigas cómo te entretienes?". "Bueno, una tiene sus formas" –respondió. "¿Cuáles?" –volvió a preguntar. "Mamá no seas curiosa, que te baste la respuesta que Olga te dio y ya" –le dije. "¡Ay Felipe, ya sabes cómo soy de curiosa. Pero me imagino que debe ser una forma entretenida" –dijo. Imaginaba la respuesta que mi madre quería oír. Siendo sincero me causaba morbo saber pero ella no lo diría.
La conversación se hace
interesante, ya que ahora fue el turno de Olga en hacer preguntas: "¿Tú
Elena cómo te entretienes cuando estás en casa sola?" . ¡Vaya sí que fue
directa! "Bueno, cómo tú dijiste una tiene sus formas, pero me entretengo
algunas cosas divertidas" –respondió de manera insinuante. Las
inhibiciones caen y ya más sueltas en su forma de conversar Olga pregunta:
"¿Vas a decir que cosas? Por qué ya me dejaste pensando". "Tú no
quisiste decir, ¿por qué tengo que satisfacer tu curiosidad?" –le dice mi
madre con un tono de voz demasiado sensual. Entendí el juego de mi madre, les
serví otra copa de vino y solo me recliné en el sillón para ver hasta donde
llegaban ambas. "Está bien, te diré. Pero prometan que no me tomaran por
enferma" –dijo Olga. “Por mí no hay problema" –le dije y mi madre
respondió de igual forma. Bueno sola en casa tengo con quien entretenerme"
–dijo. Pensé que algún vecino le hacía ciertos favores para aplacar su
necesidad de sexo y también que en las salidas con sus amigas salían solo para
buscar alguien con quién coger. "¡Di ya mujer que me tienes en
ascuas!" –le dijo mi madre. El morbo era tan grande en mí que mi miembro
comenzó a reaccionar, intentando escaparse por mi bóxer, sin ningún disimulo lo
acomodaba para que no se saliera. "Bueno, les dije que tenía mis formas de
entretenerme y una de esas es masturbarme frenéticamente" –dijo. Mi madre
le respondió: "Bueno, yo también lo hago y me gusta hacerlo. Además,
siempre hay algo con que se puede hacerlo más interesante". "¿Tú no
dices nada Felipe?" –me preguntó Olga. "También lo hago de vez en
cuando pero este último tiempo he estado saliendo con una chica con la que pasó
momentos exquisitos" –le dije.
La conversación tomaba ribetes interesantes ya que siguieron con sus preguntas. "Dijiste algo que me quedó dando vueltas Olga. No querías ser tomada por una enferma. ¿A qué te refieres con eso?" –preguntó mamá. ,"Tomaría tiempo explicarlo pero sería mejor si lo vieran. Claro, si a ti Felipe no te molesta". "No Olga, no es molestia para mí. Al contrario, eso alimenta mi curiosidad" –le respondí. "¿A qué te refieres Elena con qué siempre hay algo que puede hacerlo más interesante?” –le pregunta a mi madre. "Es cosa de ir al refrigerador. Siempre hay un pepino, una zanahoria o un plátano; quizá los tres, es cosa de gustos" –respondió. Me sorprendió esa respuesta y aumento la presión en mi miembro que ya no podía ser contenido por el bóxer. "No lo había pensado" –dijo Olga. Mamá sonrió y yo también. "Ahora quiero ver tu otra forma de entretenerte" –dijo mamá. "¿Es en serio?" –preguntó Olga. Entonces arremetí: "Somos adultos. ¿Qué podría escandalizarnos? Además, será un secreto entre los tres". Ya no podía con la calentura. En verdad estás maduras perversas solo con su conversación ya me tenían la verga a reventar. "Tendría que ir a mi departamento a buscarlo. Claro, si el anfitrión lo permite" –dijo. "Olga, ve. Ten por seguro que aquí estaremos cuando regreses" –le dije. Yo no podía más con la calentura, sabía que mi madre también estaba caliente, nos mirábamos y sonreímos cómo tontos, ya que tuvimos el mismo pensamiento morboso pero no queríamos ser molestados cuando llegara Olga de su departamento. Saqué mi miembro para darle alivio y mi madre entendió el mensaje, se acercó y puso sus labios tragándose por completo mi verga. "¡Oh Elena, lo chupas tan rico!" –le dije. "Todo por complacerte hijo" –me respondió. Después de unos minutos sonó el timbre. Dejamos lo que estábamos haciendo y mi madre fue a abrir la puerta. "¿Quién es esta ternurita?" –preguntó mamá. "Se llama Iker y es con quién me entretengo en casa" –responde Olga. Supuse que se refería a un dildo que le había puesto nombre para humanizarlo. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que Iker no era un dildo sino un perro de raza mediana, mestizo. En mis adentros pensé; "¿Qué mierda hace un perro en medio de mi sala?". Olga se había cambiado de ropa, se puso un vestido negro corto que apenas tapaba sus nalgas. Se veía bien, ya que de acorde a su edad aún quedaban algunos "cartuchos en esa escopeta".
La ecuación era simple de resolver: Olga + Iker + entretención = Ella tenía sus cosillas perversas con su mascota. Debo reconocer que no me sorprendió mucho, ya que he visto videos en dónde las mujeres se ponen para ser cogidas por amantes caninos. Lo qué si, fue jamás presenciar algo así y menos en mi departamento, no sabía cómo lo tomaría mi madre, aunque ya sé que liberal a la hora del sexo, no sabía cómo se tomaría algo así. "¿Cómo te entretienes con esta preciosura?" –le pregunta mi madre. Olga da una pequeña sonrisa y le contesta con otra pregunta: "¿De verdad quieres ver?". Creo que movida por la curiosidad responde: "¡Claro que quiero ver! Muéstrame". Olga se tendió en el sofá con los pies en el piso, levantó el vestido y separó las piernas. Iker curioso se acerca a olfatear el olor de la hembra que se le estaba ofreciendo. Ya reconocido el olor de esa vagina comenzó a lamerla. Olga comenzó a gemir despacio sintiendo la textura de esa lengua que la recorría con propiedad. Mi madre no salía de su asombro y de la excitación. "¡Ufffff, qué rico se lo hace!" –dice mirándome. Solo estaba en silencio mirando la cara de placer de Olga mientras Iker hace el recorrido completo con su lengua desde la vagina al ano.
Mamá se quitaba la ropa, yo jugaba con mi verga fuera del bóxer no perdíamos detalle de tan perversa escena. Completamente desnuda y tocando su sexo estaba mi madre en el sillón, ella jadeaba, mientras Olga se retorcía de placer recibiendo las lamidas de Iker. De pronto, el escenario cambió, el perro se detuvo y fue hasta donde estaba mi madre y con propiedad se puso entre sus piernas para comenzar a lamer. "¡Oh, que rico! ¡Sí que sabe hacerlo delicioso" –dijo. Mamá alucinaba sintiendo la lengua del animal recorrerla por completo. "Eso no es todo lo que sabe hacer" –dijo Olga. Se acercó por detrás de Iker y lo empezó a masturbar, una vez que el perro sacó su verga roja e hinchaba se paró en dos patas y empezó a buscar la entrada del sexo de mi madre, ella estaba enloquecida, era primera vez que haría algo así no tenía miedo ni pudor. Olga asistió a Iker para que encontrara el camino y pudiera cogerse a mi madre. Una vez que la punta de su verga encontró la entrada de la vagina de mi madre, empezó con esos movimientos furiosos que no solo la hacen gemir, sino gritar de placer. Olga lo tenía bien entrenado, la escena era tan excitante como sucia, así que me puse de pie, le dije que se pusiera en cuatro en el piso y sin decir nada se la metí de una. "¡Oh, Felipe! ¡Cógeme!" –me dijo. Me tomé de sus caderas y empecé a bombear casi con la misma intensidad con la que Iker se cogía a mi madre. Mamá no hacía más que gemir al sentirse perversamente cogida hasta que Iker paró sus movimientos y se quedó quieto, el muy maldito se había quedado pegado a la vagina de mi madre, ella apretaba sus pezones y no paraba de decir lo rico que estaba acabando con la verga de Iker palpitando en su interior.
Casi no podía contenerme, la vagina de Olga palpitaba y estaba casi a punto de acabar pero quería que ambas se tragaran mi semen. Así que ya mis movimientos no fueron tan intensos, pero Olga los disfrutaba en demasía. "¡Eso, así mi cielo. Así, cógete esta vagina vieja y sucia, hazme sentir como la puta que no he sido con un hombre de verdad" –me decía. Mamá nos miraba coger y la escena la calentaba aún más, haciendo que sus orgasmos fueran más intensos. Al fin Iker la liberó de su verga y ella se deslizó por el sillón hasta caer al piso exhausta. Sus piernas temblaban, el sudor había envuelto su piel; muestras inequívocas de su placer. Olga por su parte, se retorcía de placer y le me dijo: "¡Hermoso, voy a acabar!". Entonces estalló en un delicioso y extenso gemido que la hizo vibrar.
Las hice ponerse de rodillas y les di mi semen en sus bocas, recibiéndolo y compartiéndolo. Se veían exquisitas, dignas de la portada de una revista porno cubiertas de semen. Cuando los ánimos se calmaron Olga dijo: "Bueno, así me entretengo cuando no salgo con mis amigas". Mamá con una sonrisa le dice: "Creo que te visitaré seguido entonces". "Cuando quieras Elena mi puerta está abierta para ti". "¡Uy, el tiempo vuela cuando te diviertes!" –dice mi madre. "Es verdad. Creo que me retiraré con un perverso recuerdo de esta noche" –dice Olga. Nos besamos con lujuria y se fue con Iker. Mamá, esa noche se acostó conmigo pero estábamos tan cansados que no hicimos nada más que dormir. Llegó la mañana y mi madre no estaba, salió temprano ya que con mi padrastro tenían preparado un paseo no sé dónde. Me levanté y me di una ducha, debía ir al supermercado a comprar algunas cosas. Me encontré con Olga y nos saludamos como si nada. "¡Buenos días vecina!" –le digo yo. "¡Muy buenos días vecino! ¿Cómo amaneció?" –pregunta. "¡Muy bien, con algo de sueño! ¿Usted cómo está?" –respondí. "¡Cansada pero bien!" –dijo. Llegó el ascensor, entramos y la cosa cambió. Sin preguntarle nada metí mi mano en su entrepierna para tocarla, no opuso resistencia, al contrario, separó sus piernas. "toca con libertad" –dijo. "Eres toda una puta" –le dije y le di un beso. Llegamos al primer piso. Mantuvimos la compostura. Salimos del edificio y cada quien siguió por camino distintos.
Hice las compras y volví
al departamento, en eso siento que se abre la puerta. "¡Hola papito
hermoso! ¿Me extrañaste?". Era la dulce voz de mi pequeña perversa.
"¡Claro que sí! ¿Cómo no habría de hacerlo?". Sonrió de manera
inocente. Corrió hasta mí, dio un salto y se colgó de mi cuello, me besaba con
ternura. "Te extrañé muchito Papito. Yo solo quería correr y abrazarte
para llenarte de besitos, porque tú pequeñita perversa te quiere demasiado y su
'cosita' te extraña" –me dijo. ¡Ay Dios mío! Esta mujer tiene el poder de despertar
mis demonios con solo escucharla hablar. "Papi, te tengo una
sorpresa" –me dijo. Mi perversión se encendió y le dije: "Sorpréndeme
niña perversa". "Sí Papito, espero que te guste" –me dice. Se
fue a la habitación con una pequeña maleta que traía. Al cabo de unos minutos
la veo salir, se había vestido de niña. Se veía inocente. Tenía tomado su pelo
en coletas, una faldita cortita y una blusa que decía: "I' Love
Daddy" y un osito de felpa en su mano. Mi verga reaccionó al instante, era
un deleite verla así y con esa voz de niña, mi cabeza volaba; la perversión
rondaba mis pensamientos y el deseo se convirtió en el mejor aliado de la
lujuria.
"¿Te gusta cómo me veo Papito? ¿Te gusta tu nenita perversa?" –me preguntó. La miré de pies a cabeza y le respondí: "¡Claro que sí pequeña! Desde que te conozco me encantas". Sonrió y me dijo: "Sabes Papito, yo siempre quise sentirme así como ahora, ser una nenita perversa, tener un Papi lindo como tú qué me cuide, que me mime y me haga esas cositas ricas que me haces cuando estamos en la cama". "Lo sé pequeña, a mí también me gusta que estés a mi lado y hacer travesuras en la cama" –le dije. Se acercó a mí y se sentó en mis piernas, me dijo que se sentía un poco triste porque la "Tía Ruth" estaba muy atareada en el trabajo y tenía que ser una mujer seria. También me dijo que estaba triste porque yo no le había puesto un nombre, le encantaba que le dijera pequeña pero le gustaría tener un nombre como todas las demás niñas traviesas. Sonreí y le dije: "Tienes razón, buscaré un nombre para llamarte pequeña perversa. Le di un beso apasionado, solo quería cogérmela y quitarme las ansias de escucharla gemir con esa voz de niña pervertida. Metí mi mano debajo de su falda y comencé a acariciar su vagina por encina de su braga, separó las piernas para que pudiera hacerlo mejor, la niña perversa sabía que tendría que satisfacer a su papi y no tenía objeción en dejar que mi mano recorriera su sexo e incluso se metiera debajo de su diminuto calzón. Ya estaba húmeda, su clítoris estaba duro a causa de la excitación y aprovechaba de masajearlo para escucharla gemir.
Le quité la blusa y sus
pechos quedaron a mi merced, los acariciaba y apretaba sus pezones. "¡Qué
rico papito! No sabes cómo extrañaba tus manos apretando mis tetas" –me
decía mientras jadeaba. Se puso de tal forma que restregaba su concha encima de
mi pantalón y me decía: "Papito. ¿Me la vas a meter? ¿Vas a cogerte a tu
nenita puta?". "Si tesoro, y
vamos a jugar con tu osito de peluche también, ya que él también probará a la
putita de papi" –le dije con un tono perverso. "¡Uy Papito! Me
calienta la idea" –me dijo. Nos fuimos a la habitación, ella llevaba el
oso entre sus tetas y me decía: "Mira, ya me está comiendo las tetas
Papi". Se recostó en la cama y subí la faldita hasta su cintura, le quité
las bragas empapadas y su vagina exquisitamente mojada quedó a mi vista y
disposición. Con las ansias de probar su vagina, me lancé como un animal
hambriento para lamerla, hacia recorridos largos desde su clítoris hasta la
entrada de ésta. "Eso Papito, cómete mi conchita" –me decía entre sus
perversos gemidos. "Soy una zorrita caliente Papi, ya me tienes al borde
de la locura" –me decía. Cada vez gemía con más fuerza y se aferraba al
oso de peluche que estaba cómodamente acomodado entre sus tetas. "Papito,
entre tú y el Sr. Perverso me van a hacer acabar" –me decía jadeando,
hasta que ya no se pudo contener y acabó deliciosamente.
Me desvestí y le dije que pusiera al Sr. Perverso entre sus piernas y lo frotara en su vagina. Obediente comenzó a frotarlo, poniéndose a gemir. Le puse mi verga en la boca para que me la chupara mientras el oso la masturbaba. Si que sabía mi pequeña chupar verga. Lamía, chupaba y tragaba cómo toda una puta, para mí era un deleite verla ser tan perversa. Le di descanso a mi verga, no quería acabar aún, quería observarla jugando con su osito y que le hablara sucio. La dejé que gimiendo con su oso entre las piernas y diciéndole lo rico que le hacía cosquillas en su conchita. Ya no aguanté más y le dije que se pusiera en cuatro, la iba a coger por el culo y lo ella sabía. Se acomodó y separó sus nalgas. "Métemela toda Papito, mi culito es tuyo" –me dijo. Se lo metí de una vez. "¡Mierda, que rico!" –dijo, pero no era la niña perversa, sino la puta de Ruth quien había aparecido. "¡Oh, qué rico Felipe. Dame con fuerza por el culo. Cógenos a las dos, somos tus putas" –me decía. Si la voz de la pervertida niña era excitante, la voz de Ruth también lo era y me gustó que apareciera en ese justo momento. Me aferré de sus caderas y se la metía con fuerza todo con el afán de hacerla gemir como la puta que es. "Felipe, me vas a partir el culo, pero no pares, sigue dándome fuerte" –me decía. Estábamos tan calientes que no nos dimos cuenta cuando los dos a la vez acabamos, su culo chorreaba mi semen, estaba abierto, dilatado cómo el culo de una puta. "¡Ay Papito, la tía Ruth no podrá sentarse por un largo rato!" –me dijo con una sonrisa perversa. "Bueno, eso le pasa por ser puta" –le dije. "Sí Papi, somos tus putitas" –me dijo. Me tendí a su lado y se recostó en mi pecho, acariciaba su pelo, mientras ella suspiraba. "Ya tengo el nombre perfecto para ti. Desde ahora te llamarás Mirabella, significa Maravillosa" –le dije. "¡Uy, qué lindo Papi! Te prometo que lo llevaré con orgullo" –me dijo mientras sonreía.
En ese momento apareció
Ruth y me dijo: "Nos has hecho muy felices con ese nombre, cuidaré a la
pequeña Mirabella y le enseñaré a complacerte cada día". Nos besamos y
estuvimos recostados por un largo rato. Preparé algo para comer mientras se
duchaban. "Papi, la tía Ruth me dice que estará unos días en otra ciudad
pero que te llamaremos todos los días para que nos veas y estar pendientes de
ti" –dijo Mirabella. "Está bien, entiendo que el trabajo es así, solo
prometan que se portarán bien y que cuando estemos hablando serán muy putas
para complacerme" –le dije. "Sí. Papito, seremos las mejores putas
que has tenido alguna vez" –contestó. La acompañé hasta el ascensor y nos
despedimos con un beso apasionado. Me dijo que en la noche me haría una
videollamada para contarme como llegó a su destino y que jugaríamos un ratito
para que no la olvide.
Me esperaban días largos pero que sabría aprovechar muy bien con la veterana de mi vecina, ya que nos había quedado algo pendiente ese día en el ascensor. No pasaban las ocho de noche, estaba tendido en la cama, veía una película. Estaba algo cansado después de pasar la tarde con Mirabella y Ruth (la misma persona). Recibí un mensaje al WhatsApp. "¿Estás solo?" –decía. "Sí, algo aburrido. ¿Y tú?" –contesté. "Con Iker. Pensando en ti y en lo caliente que me dejaste en el ascensor" –respondió Olga. "Jajajaja. ¿Yo soy el culpable?" –pregunté. "Si, por tu culpa. Tuve que quitarme las ganas con Iker toda la tarde, pero no dejo de pensar en tu verga" –me respondió. "Ah, pero no lo has pasado mal. Al contrario, te has divertido mucho" –escribí. "No me quejo, he estado toda la tarde chorreando el semen de mi perro por mi culo y mi concha, incluso se la chupado varias veces para tomarme esa tibia leche que sale de su verga, pero mi concha palpita por la tuya" –escribió ella. Me la imaginaba y me ponía caliente de solo pensar en la forma en que el perro no le dio descanso y se la cogió toda la tarde. "Eres muy puta Olga" –le dije. "No sabes cuánto corazón, cómo será que estoy con las piernas abiertas tirada en el piso e Iker me está lamiendo la concha" –me responde. Me mandó una foto en la que se veía el perro acomodado en su hocico entre las piernas de la puta de mi vecina. Me empecé a masturbar viendo la foto. "Sí que lo tienes bien entrenado" –le dije. "Sí, es todo un puto, tú mamá lo sabe bien" –me dijo. "Olga, voy a dejar la puerta abierta. Te espero pero quiero que vengas solo con una toalla y la ropa en tu mano. Voy a estar en mi habitación. Si no llegas en cinco minutos la puerta se cerrará" –le dije.
Me seguí masturbando sobre la cama, no pasaron los cinco minutos cuando Olga llegó a la habitación cubierta solo de una toalla tal como le había indicado. Me vio con la verga en la mano tiesa. Se sacó la toalla y se abalanzó sobre ella para chuparla. "Así te imaginaba" –me dijo y se la metió completa a la boca. La forma en que lo hacía era sublime, me hacía gemir cada vez que pasaba su lengua por el glande. Mientras me la chupaba le marcaba el ritmo jalándole el cabello. "Eso papacito, muéstrame cómo te gusta" –me decía. Cuando se la tragaba toda no dejaba que se moviera, la muy puta hacia arcadas y babeaba como una perra. "¡Uuuuffff! ¿Te gusta duro?" –me dijo. "Calla tu boca y sigue chupando" –le contesté. Le gustaba hacerlo y se notaba que era una experta, cosa que para mí también era un deleite.
Seguí follando su boca hasta que se formó un charco de saliva en mi ingle e hice que la recogiera con su lengua y la tragase, no hubo protesta de su parte, sino una obediencia absoluta a mis deseos. "Ahora móntate encima mío y mueve como la buena puta que eres" –le dije en tono serio. Olga estaba como poseída, era como si un fibra de su ser hubiese sido tocada. Se montó sobre mí, mi verga se deslizó a su vagina y entró sin problemas; la vieja puta sabía disfrutar sexo, en su cara se notaba el placer y el deseo. Comenzó a moverse frenéticamente mientras sus tetas se movían al ritmo de sus sucios movimientos y sus pervertidos gemidos. “Qué rico coges tesoro” –me decía mientras seguía con su exquisita tarea de darme placer. Mordía sus pezones, a la misma vez me aferraba a sus muslos con fuerza dejando marcas ellos. “¡Me tienes loca!” –me decía con lujuria.
Le dije que se pusiera en
cuatro, quería metérsela como la perra que es y hacerla jadear con cada
embestida. Acomodé mi verga en la entrada de su vagina y se metí de una. Aunque
estaba demasiado húmeda de igual forma la sintió y dio un grito de placer.
“¡Ah, me vas matar cariño!” –me dijo. Sin misericordia empecé a darle con
fuerza, el sonido de nuestros cuerpos chocando contrastaba con el de sus
gemidos, lo que hacia la sinfonía perfecta de lujuria. “¿Te gusta que te lo
metan duro?” –le pregunté sin detenerme. “Sí cariño, recuerda que soy la perra
de un macho que es un animal que actúa por instinto” –me respondió. Eso me
calentó demasiado y seguí con las embestidas hasta que ya no pudo soportar más,
cediendo el paso a un intenso orgasmo que la hacía moverse desenfrenada y
jadear. Cayó inerte en la cama con la respiración agitada, pero la perra no tendría
descanso. Era la hora de torturar su culo y sin pedir permiso se la metí, lo
que le arrancó otro grito pero esta vez de dolor. “¡Mierda, mi culo! ¡Me duele
cariño! –me dijo. “Lo que menos me importa es que te duela, eras una perra
sucia que le gusta que le den duro” –le decía mientras mi verga se perdía en su
agujero. “Soy una perra que disfruta coger” –me decía entre gemidos.
Estaba tendida en la cama
sobre su abdomen, con las piernas extendidas y disfrutando del sexo salvaje, si
que tenía aguante la muy puta. Cuando ya sentí que estaba por acabar saqué la
verga y la hice girar, me acomodé para derramarle mi semen en las tetas. Me masturbo
mirando su cara, estaba demasiado caliente esperando a que eyaculara sobre
ella, juntó sus tetas para que cayera en ellas. “Acaba en mis tetas y llénalas
con tu semen cariño” –me decía con voz de caliente y con sus ojos llenos de perversión.
Cuando mi verga escupió el primer chorro cayó en sus labios, inmediatamente su
lengua lo recogió con desesperación y no dejó rastros, mientras que el resto
cayó en sus tetas. Verla jugar con mi semen en sus tetas era una escena
demasiado excitante, pasaba sus dedos y los llevaba a la boca para seguir
degustando mi esperma. Entonces mi perversión se encendió aún más y la cubrí
con la toalla, al instante adivino mis intenciones y abrió la boca. Oriné su
boca y la muy zorra la bebió sin asco ni repulsión. “Hace años que nadie meaba
en boca y me fascina. Eres todo un pervertido cariño” –me dijo. La hice callar metiéndole
la verga en boca y ella gustosamente me la empezó a chupar hasta que ni un
rastro de semen u orina quedó.
Desde hoy serás la vieja perra, estarás disponible para mí cuando y a la hora que lo requiera. Vas a ser un juguete para mi entretención. Me da lo mismo si estás con alguien, si te escribo para que vengas aquí estarás” –le dije. Sonrió y me dijo: “Seré una perra fiel, de eso no lo dudes y como buena perra obedeceré para complacerte”. “Ahora vístete y ve a tu departamento, porque estaré ocupado”. Se vistió y antes de salir le di una nalgada que la hizo estremecer, y que agradeció con una sonrisa. Me metí en la ducha y esperé la llamada de Mirabella. Pero eso se los dejaré pendiente para otra oportunidad.
Pasiones
Prohibidas ®

Ufff qué excitante....🔥🔥
ResponderBorrarHaces aflorar mi húmedad con cada sucio detalle
Un rico relato Mi Perverso 💋💋😘
👏👏👏👏Que buen relato caballero
ResponderBorrarDelicioso relato, me tienes co n las sensaciones despiertas y las ganas al máximo, gracias por compartir Mr. P
ResponderBorrarExcelente relato como siempre
ResponderBorrarQue húmedo relato
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