Soy lo que se considera una "Adolescente
tetona" aunque me niego a decir mi edad real. Tengo 18 años. Mi nombre es Mónica
y resido en Chile, vivo sola con mi padre en un apartamento, aunque dependiendo
de las fechas se queda algún familiar. Desde temprana edad he recibido muchos
comentarios sobre mi cuerpo, al principio los repudiaba, pero con el tiempo he
aprendido a disfrutarlos e incluso encontrarlos morbosos, estos comentarios se
deben a que soy considerada como una chica "exuberante". Mido 165 cm
y peso 52 kg, tengo el pelo negro y liso, me llega un poco por debajo de los
hombros, al no ser muy alta y bastante delgada mi pecho resalta bastante más en
mi cuerpo, la medida de mis tetas es de 110 aunque rara vez que uso brasier,
las gracias a Dios se mantienen tiesas en mi cuerpecito. De espaldas también
suelo gustar bastante dado que tengo un buen culo, duro y redondo curtido en 6
años de voleibol, el cual aún practico a día de hoy. Mi cara es perfilada y
afilada con los labios carnosos y las pestañas largas. Sexualmente soy una
chica muy activa y curiosa, amante del morbo y de provocar a la gente. Me
considero bisexual y para mí la edad no suele importar mucho siempre que la
persona sea mayor que yo.
Estábamos en cuarentena por la Pandemia, todos los días eran absolutamente iguales, pasar del móvil a la portátil, hacer un poco de ejercicio y volver al móvil o al computador. Pasar de tener sexo todas las semanas a no tenerlo ningún día y ni siquiera tener un satisyer o un juguete con el que disfrutar era extremadamente frustrante y llegaba el punto al que ya me subía por las paredes.
Una madrugada en la que recuerdo tener un calentón
horrible el cual no se fue ni masturbándome dos veces, decidí como método para
saciarme un poco. Decidí estando en la cama entrar usando mi celular a un chat
de sexo. Busqué chat de sexo en Google y pinché en el primer enlace. Antes de
entrar al chat me pedían un nick así que lo pensé durante unos segundos,
durante años de mi vida me han dicho varios comentarios relacionados con mi
voluptuosidad, pero el que más se ha repetido es "Vaya tetas tienes para
tu edad", decidí que a los hombres les suele llamar la atención lo que yo
considero mi mejor atributo (mis tetas) así que decidí poner el nick
"AdlscenteTetona" dado que bien escrito no me dejaba. Al entrar se me
llenó la bandeja, muchísimos hombres preguntándome por mi edad, donde vivo, que
busco y sobre todo por mis "gemelas". No les voy a mentir, disfrutaba
respondiéndoles a estos mensajes de forma morbosa desde el anonimato, notaba
como conforme más perversos y más comentarios me mandaban, más me iba
humedeciendo, hasta que llego el punto en el que tenía una mano en el teléfono
y la otra frotándome por encima de la tanga, mis pezones estaban endurecidos
debajo de mi camisa y ya barajaba la posibilidad de apartarme el tanga y
masturbarme una tercera vez esa madrugada dado que el ritmo de mensajes estaba
bajando. Mientras pensaba en esto me llego un mensaje con el nick
"DonEnrique".
"Hola tetoncita, cuántos años tienes?"–me dijo. Yo leí el nombre y la verdad es que despertó mi curiosidad, don se suele usar para la gente mayor, uno de mis morbos, así que decidí contestarle: "18 papi ¿y tú?" "Yo tengo 58 nena, soy un viejo para ti" –me respondió. "¿Cuál es el problema? Total todo lo que pase aquí quedará entre nosotros" –le dije. "En eso tienes razón" –me dijo. Después de empezar a hablar, contarnos nuestros gustos, como éramos y demás detalles me quedé con lo siguiente: Don Enrique es un señor casado, de Chile también, tiene dos hijos aunque siempre ha querido una hija, físicamente no es nada del otro mundo, calvo, con barriga, un poco perjudicado por la edad y los años de trabajo pero con una dotación de 20 cm (según me dijo), la cual me pareció muy apetecible sobre todo en estos días de necesidad. "Pues, tus 20 cm me vendrían muy bien ahora, ando caliente últimamente, va a acabar esta pandemia y me voy a acostar con quien sea, jajajaja" –escribí. "¡Ufff niña! Cuando termine la pandemia podríamos juntarnos y así los conoces. Si quieres podemos jugar ahora y así los ves" –respondió. "¿Y cómo quieres jugar Papi?" –escribí. Me dio su número y me dijo que lo agregara al WhatsApp. "No te arrepentirás nena" –escribió.
Me quedé mirando la pantalla unos segundos, analizaba si agregar a un desconocido que puede haberte mentido a WhatsApp no es una buena idea, resulta que si quieres analizar algo tienes que hacerlo fríamente y cuando tienes una mano frotándose contra tu clítoris no analizas de la forma más prudente posible, así que mantuve el dedo sobre el número y le di a copiar, acto seguido agregándolo a mis contactos como "Don enrique 20" (si descubro el tamaño del pene de alguien o lo pruebo de primera mano pongo el numero al lado de su nombre). Estaba sentada encima de mi cama, puse los pies colgando del colchón sentándome recta mirando el móvil y finalmente después de unos segundos escribir en su chat de WhatsApp "¡Holi!", aparece el doble check azul y un segundo después una llamada de video entrante, el corazón me palpitaba con fuerza, haciendo ruido dentro de mi cabeza, no entendía estos nervios yo ya había hecho cosas bastante peores a esta y no era la primera vez que me iba a lucir desnuda por la cam de un móvil. Me concentré, subí el brazo enfocando desde arriba mi boca y mis tetazas las cuales estaban presas en una camisa de asillas muy ajustada y escotada que me llegaba por encima del obligo, sin sujetador y desliza hacia arriba aceptando la llamada.
Pasó un momento en el que se estabilizo la imagen y pude ver una verga bastante más gorda de lo que me esperaba pixelado en la pantalla, enfocado desde arriba como si tuviera el móvil pegado a la cara y estuviera grabándose con la Cámara exterior. Tenía vello púbico canoso, el glande era grande y rosado, el tronco tenía una vena central muy marcada, me enamoré de esa verga nada más verla, me puse muy caliente, ya estaba húmeda de antes pero ahora mucho más, veía mi propia cam en pequeño dentro de la pantalla y observaba lo duros que se habían puestos mis pezones mientras me mordía el labio inconscientemente. Apareció una mano junto a su verga y empezó a pajearla lentamente. Un “¡Uffff, que tetas tienes niña!” –se escuchó alto a través del altavoz del móvil, casi me muero del susto mientras machacaba el botón de bajar el volumen en mi teléfono hasta dejarlo al mínimo. “Espera a que me ponga los audífonos” –le susurro al móvil mientras me levanto y pongo el móvil en el mueble dejándolo apoyado en la lámpara. “No hay problemas nena” –escuché en bajito mientras iba a mi mesa de noche por los audífonos cachonda y perdida. Por el rabillo del ojo podía ver el espejo de cuerpo que hay en mi cuarto (a saber cuántos nudes me abre sacado en él) se veía reflejado mi teléfono y podía ver como se pajeaba ferozmente mientras veía mi culo, sonriente puse las manos en la mesilla apoyándome mientras abría las piernas y ponía mi culo en pompa para que aunque estuviese un poco lejos lo viera bien. El teléfono hizo un sonido el cual no pude percibir por lo bajo que estaba. Al abrir el Cajón de la mesilla saqué unos audífonos inalámbricos por bluetooth los cuáles me puse, volví a acercarme al móvil mientras mantenía pulsado un botoncito en los audífonos para que se me conectaran con el teléfono. Escuché su respiración, me mordí el labio y puse el culo encima del mueble, tirando los lados de mi tanga poniendo los tirantes encima de mis caderas. “Ya te escucho papi” – susurro girando la cabeza hacia mi hombro dirección al móvil.
“Ufff eres muy puta y me tienes caliente, me dan ganas de romperte ese culo a vergazos" –me dijo con una voz grave, mientras miraba la pantalla de mi móvil y él seguía dándose placer. “Puedo serlo más si quieres” –digo sonriendo. “Claro zorra sé cómo te gusta ser” –me responde jadeando. Al oír esto me levanto de la mesa y saco la silla que está debajo de la mesa, poniendo mis piernas entre ella y apoyando las manos en el respaldo colocando mi culo en pompa nuevamente. “¿Te gusta?” –pregunto con una voz de zorra que me salió sin pensarlo, mientras con una mano separo mi nalga y mi tanga dejando mis dos agujeros a la vista. ¡“Madre de Dios que culazo tienes y cómo te cuelgan las tetas niña! Estás lista para que te follen sin parar. Mira lo dura que me la tienes” –me decía. Intuitivamente giro la cabeza mirando hacia a detrás sonriente y caliente sin darme cuenta de que se me ve la cara y veo como su glande duro estaba tomando ese tono rojizo en su nivel de calentura, mis ojos se clavan en su verga mientras me doy la vuelta poniéndome de rodillas dejando mis tetas encima de la mesa y la cámara enfocándolas junto a mi boca. “Me encanta tu verga papi” –digo relamiéndome los labios sensualmente. “¡Tetas al aire niña!” – dijo de forma seca y cortante. Me tomé unos segundos reflexionando ante el shock de que me hablara así, me di cuenta que me gustó y de hecho me excitó más, así que subí mi camiseta hasta que llegó a mis tetas, dejándolas a su vista pervertida, viendo como rebotaban suavemente contra la mesa en mi pantalla, mis pezones rosados durísimos y excitados apuntaban hacia delante mientras subía mis brazos colocándolos detrás de mí nuca para que se me marcaran más las tetas. “Sí papi” – digo sonrojada y muy húmeda. “¡Uffff niña!” –dijo pajeándose más rápido. “Enfoca más arriba quiero verte la carita mientras me miras” –dijo. Me quedé quieta durante segundos insegura de hacerlo, caliente pero sabiendo que podía sacar una captura de pantalla si él quería. “Vamos niña, se te vio antes de todos modos no seas tonta” –me dijo como si adivinara mis pensamientos. Mordiéndome el labio aun dudosa pongo la mano en el móvil y lo viro un poco más contra la lámpara, esta vez enfocándome la cara entera junto a mis tetas, me veía en la pantalla, sonrojada, con las tetas en su esplendor y los pezones duros, mordiéndome el labio con cara lasciva. “¡Mmmm que carita de ángel y que tetas!” –dijo respirando fuerte mientras se seguía masturbando “¿Estás caliente nena?” –me preguntó. “Mucho papi, me gustaría que estuvieras aquí para que me llenes de semen” –digo con la voz temblorosa bajando una mano para frotarme con dos dedos.
“Comete las tetas mientras hablas conmigo niña”
–dijo con ese tono de hombre maduro pero firme. Con la otra mano agarro mi
pecho izquierdo subiéndolo como puedo y empiezo a lamer mi propio pezón,
pasándole la lengua ligeramente, mordiéndolo, besándolo y chupándolo
mientras miro fijamente al móvil viendo cómo ese señor se masturbaba mirándome.
“Sí que eres una perversa niña. ¿Tienes ganas de que te la metan?” –me
pregunta. “Sí cariño, desde que empezamos a hablar” –susurro levemente y acto
seguido cambio de teta para chuparla. Miraba la pantalla, mi cabeza comienza a
maquinar ideas perversas y un tanto sucias, pero da lo mismo, es un juego que
estoy disfrutando para apagar el incendio que tiene mi vagina desde que empezó
este puto confinamiento. Le digo: “No creo que mi padre quiera que me acerque a
su verga”. La respuesta de él fue casi automática: “¿Y cómo estas tan segura,
nunca te ha dicho nada o intentado algo?”
Me quedé unos segundos pensando, intentando recordar. Hace un par de años que mi padre me da miraditas, se me queda viendo las tetas cuando cree que no miro y noto como me clava los ojos en el culo cuando me doy la vuelta, pero casi todo el mundo suele hacer eso así que nunca le he puesto mucha atención. “Bueno, me mira pero no sé si llegaría a tanto. Sí que es verdad que le suelen gustar más jóvenes que él pero no sé” –digo algo cortada y para mi sorpresa no desagradaba la idea de hacer cosas con mi padre, total sería un perverso secreto. “Con una hija así se habrá pajeado pensando en ti, que no te extrañe, querrá follarte seguro” –dijo Don Enrique colocando su móvil en un mueble para que le vea el cuerpo entero, parecía estar en el baño. “Si quieres lo podemos averiguar” –dijo entrando en plano sin tocarse la verga mientras le veía la cara por primera vez, tenía una cara seria, estaba rasurado, se veía rudo, con arrugas por el paso del tiempo pero me resultaba morbosa y atractiva. “No le voy a preguntar si quiere follar conmigo” –dije sacándome la teta de la boca y mirando a la cámara. Don Enrique se quedó callado unos segundos, esbozando una sonrisa mientras tomaba su verga y empezaba a masturbarse despacio. “Mira niña, sé que estás hambrienta por coger y tal vez podamos conseguir que tu padre te llene esa boquita angelical que tienes, podemos conseguir que sea él quien te lo pida, pero tienes que ser absolutamente obediente y hacer todo lo que yo te diga, ¿estas dispuesta zorrita?” –dijo con seriedad. “¡Acepto papi!” –dije en voz alta sin pensarlo, casi que por instinto. “Mmmm, muy bien nena, buena niña, primero guárdate las tetas y abre tu puerta. Ah y llévate el móvil contigo. ¿Dónde está papi?”. “En su cuarto corazón” –le responde. “Anda sin hacer ruido” –dijo despacio.
Le hice caso sin dudarlo, bajándome otra vez la camisa y cogiendo el móvil, enfocando otra vez desde arriba para que viera como me botaban las tetas dentro de mi camisa mientras caminaba hasta la puerta, él se limitó a sonreír y volver a pajearse lentamente mirando. “Muy bien, pues vas a ponerte en cuatro patitas, con la cabeza mirando hacia su habitación, vas a colocar el móvil contra la pared para que pueda verte bien y vas a tocarte mientras gimes muy bajito el nombre de tu papi, ¿entendido?” –me dijo en tono perverso. Suavemente coloque el móvil contra la pared para que pudiera verme de frente, acto seguido me puse en cuatro y apartando un poco la tanga para frotarme el clítoris sin molestias. “¡Arturo! ¡Mmmm Arturo!” –empecé a gemir en voz baja. Estaba demasiado caliente, mi concha estaba tan húmeda y caliente que los gemidos se hacían más intensos. En eso él me dice: “Agacha más la espalda niña, pon las tetas contra el suelo para verte el culo y dilo más alto mientras miras mi verga fijamente, imagínate que es la suya”. Mirando fijamente la verga de Don Enrique empecé a imaginarla en el cuerpo de mi padre, masturbándose mientras me miraba, incitando a que me acerque, cogiéndome del pelo y haciendo que me atragante con su enorme falo, mientras le miro indefensa y cachonda. “¡Uffff Arturo! Tremenda verga tienes! Quiero que me la claves Arturo, que me hagas sentir mujer y puta” –digo más alto mientras me masturbo con más velocidad sin quitar los ojos de la verga de Don Enrique. “Si puta, ¿te gusta la polla de papi? Dile a papi lo que te gusta su polla” –me dijo Don Enrique masturbándose con las dos manos a la vez y jadeando. “Me encanta tu verga Arturo. Quiero besarla, lamerla, chuparla, sentirla. ¡Fóllame Arturo!” –gimo en voz alta poseída por la lujuria. “Ahora anda al cuarto de tu papá” –me dijo. “¡Voy!” –resople algo molesta por cortar tan exquisita paja.
Mientras me levantaba me quité la camisa y al tomar el móvil y las enfoqué para que Don Enrique disfrutara de cómo se bambolean mientras caminaba por el pasillo hasta la puerta de mi padre. Al llegar giré el móvil para que Don Enrique viera que había llegado a mi destino. “Buena iniciativa sacándote las tetas zorra, ahora vas a tomar el móvil y vas a apoyarlo contra la puerta enfocando desde arriba”- me dijo. Obedecí sin dudarlo. “Ahora pega las tetas contra la puerta” –me dijo. También le hice caso, la puerta se sentía fría contra mis pezones, cosa que no sé por qué me excitaba más. Al hacerlo miraba hacia arriba, hacia Don Enrique, viéndome mi mirada lasciva en la pantalla. “Lame la puerta” –dijo seco. Me tomé unos segundos mientras me mordía el labio, miré hacia Don Enrique, luego hacia la puerta y nuevamente a Don Enrique, acto seguido pasé mi lengua por la puerta moviéndola de arriba a abajo. “¡Uffff! Besa la puerta” –dijo Don Enrique mientras empezaba a masturbarse con más fuerza. “Si” –respondí en un murmullo tan bajo que creo que ni Don Enrique pudo oírlo mientras le daba un beso rápido a la puerta.
“Ahora, ponte puta con la puerta mientras le restriegas las tetas como la puta que eres” –me dijo ya casi a punto de explotar. “Mmmmmm” –fue lo único que pude decir mientras pegaba los labios a la puerta y empezaba a pasar mi lengua por ella, la madera cada vez se sentía más caliente, mientras que me ponía más y más cachonda. Pasaba la lengua, le daba besos, dejaba la puerta llena de saliva y volvía a restregar mis labios y mis tetas en ella, bajando la mano que tenía libre y empezando a meterme dos dedos los cuales se sentían como gloria bendita. “Date la vuelta y sigue enfocando desde arriba niña” –me decía con su respiración más que agitada. Yo le hice caso, me saqué los dedos de mi vagina y me puse de espaldas a la puerta enfocando mis tetas desde arriba. “No así no, pega el culo contra la puerta y enfócalo zorra estúpida” –dijo con enojo. Volví a hacerle caso, completamente sumisa, arqueando la espalda y pegando mi culo en pompa contra la puerta, echando el brazo para detrás intentando enfocarlo lo mejor que pude.
“Muy bien niña, ahora menea el culo, perreale a la puerta como si estuvieras en una disco, de seguro que tienes experiencia calentando a los hombres así” –me decía. No estaba lejos de la verdad, el perreo se me daba muy bien, tan bien que siempre que empezaba a perrear sola en la disco, a los minutos siempre acaba o con una verga pegada contra mi culo o con varias manos sobándolo y azotándolo. Empecé a mover las caderas primero, lentamente de lado a lado, con mi culazo pegado contra la puerta la cual restringía un poco mis movimientos. “Vamos como si tuvieras una verga en medio nena”. Yo asentí aunque no me pudiera ver y empecé a mover las nalgas en movimientos secos primero, de dentro hacia afuera unos segundos, hasta que empecé a hacerlo de forma frenética, mis nalgas rebotando contra la puerta y haciendo un ligero ruido, mi vagina mojada pegándose en la puerta. Toda esta situación me estaba poniendo lo más cachonda que había estado en mi vida y sabía que no iba a mejorar a mejorar hasta que me cogieran y tuviera un orgasmo. “Gime su nombre” –me decía con vehemencia.
“¡Arturo! ¡Mmmmm, Arturo! Tu putita está caliente” –gemía
en voz baja mientras restregaba mis nalgas contra la puerta. Don Enrique me
tuvo así un minuto, en el que oía como su verga sonaba por la excitación y gemía mientras yo le daba el espectáculo de
su vida. “Abre la puerta silenciosamente niña” –me dijo mientras me observaba con
detenimiento. Me di la vuelta y puse la mano en el pomo, me quedé congelada
unos segundos reflexionando si era lo que quería de verdad, y sí lo era. Abrí
la puerta lo más lenta y silenciosamente que pude y en la penumbra pude ver a
mi padre acostado en su cama, roncando con la manta por encima y una pierna por
fuera, la televisión estaba bajita pero encendida. Enfoque la cámara dirección
a mi padre para que Don Enrique lo viera. “Sí que está dormido. Bueno, no pasa
nada, mejor. Pon el móvil en el pasillo enfocando a la puerta, apóyalo como
puedas y vuelve a su puerta, hazlo zorra” –me dijo con su voz tosca.
Le hice caso, me estaba comportando como una puta
obediente a sus deseos. Coloqué el móvil haciendo equilibrio como pude hasta
que se quedó recto en el suelo del pasillo, una vez estaba colocado volví de
rodillas a la puerta.
“Entra al cuarto y pon la puerta entre tus tetas” –me ordenó. Mordiéndome el labio y pérdida en mi calentura obedecí, dándole la espalda a mi padre dormido y colocando la puerta entre mis tetas. “Escúpete en las tetas y hazle una rusa a la puerta nena” –me dijo con ese tono rudo. No sabía porque le obedecía pero me gustaba el rumbo pervertido que estaban tomando sus juegos morbosos. Reuní saliva y la dejé caer silenciosamente entre mis tetas, esparciéndola con los dedos. Una vez estaban bien húmedas puse una mano en cada teta y las empecé a frotar contra la puerta. Mientras las frotaba empecé a subir y bajar ligeramente como si estuviera con una verga de verdad, todo esto mientras miraba como Don Enrique se masturbaba ferozmente mirándome. Yo ponía el culo lo más en pompa que podía cosa que le gustaba porque cada vez su respiración sonaba más fuerte. Mientras frotaba las tetas contra la puerta saque la lengua y empecé a lamerla sensualmente mientras miraba a Don Enrique. “¡Uffff si niña! Imagina que es mi verga. ¿Te gusta usar las tetas zorra? Sí, se nota que tienes experiencia. ¡Qué rico las usas!” –me decía bufando como un animal. “¡Voy a acabar zorra! ¡Qué ganas de echártelo en la boca y que te lo comas como una puta!” –me decía ya sin contenerse. Giré la cabeza rápido mientras sacaba la lengua, a tiempo para ver como Don Enrique soltaba tres chorros espesos de semen entre gemidos. Me moría por probarlos. Mientras sacaba la lengua para Don Enrique imaginando que degustaba sus fluidos y los tragaba por completo.
Noté como una mano me acariciaba la cabeza, yo giré la cabeza tan rápido que casi me parto el cuello, cuando mire al frente había un pubis, con una verga dura rozándome la mejilla. Me quedé fría, quieta aguantando la respiración. La mano seguía acariciándome la cabeza mientras su miembro duro palpitaba contra mi mejilla, no quería mirar hacia arriba, no me atrevía a mirarle a los ojos. “Parece que papá se ha despertado niña” –susurraba Don Enrique en mis audífonos. “¿Qué pasa, no era lo que querías?” –me dijo sonriendo. Yo cerré los ojos aislándome de todo, solo concentrándome en la voz de Don Enrique.
“Abre la boca puta” –me ordenó. Sin pensar nada
obedecí, la calentura me tenía presa. Al segundo noté como la metía en mi boca,
estaba muy dura y caliente, probablemente la llevaba masturbándose en silencio
un rato, me había estado mirando mientras hacía todas esas cosas. Aún tímida
empecé a pasear mi lengua sobre su glande, los gemidos de mi padre se podían
escuchar por encima de mis audífonos. Aproveché para quitarme uno y dejarlo en
el suelo mientras mi lengua seguía jugando con su grueso glande. De repente,
sus dos manos se aferraron en mi cabeza, sosteniéndola con fuerza y empezando a
empujarla hacia su polla. Yo dejé que hiciera conmigo lo que quisiera hacer,
cubrí mis dientes con mis labios, saqué la lengua y empecé a dejar que mi padre
me follara la garganta. Notaba como entraba y salía, él había empezado a mover
sus caderas al ritmo en el que me movía la cabeza, yo seguía disfrutando como
su verga entraba y salía de mi garganta mientras me atragantaba, no podía
saborearla y disfrutarla como a mí me hubiera gustado, pero sabía que a él le
estaba gustando así que no me opuse.
“¡Mmmm como suena esa mamada! Tienes la garganta profunda, bien entrenada para tragar. No te preocupes he quitado mi cámara para que no me vea, pero yo sigo disfrutando” –se rio burlón. “¿No ves que culazo tienes?, ¿Tú crees que papi te lo va a follar esta noche?” –me dijo con tono perverso. Quería responder pero no podía delatar que estaba siendo guiada por un desconocido, pero no puedo negar que estaba tan caliente chupando la verga de mi padre que mi vagina rebosaba en fluidos y estaba poseída por espasmos que me hacían gemir como loca. Respondí bajando mis manos y poniéndolas en mis nalgas separándolas para darle un buen espectáculo, cosa que me puso aún más caliente. Me armé de valor y abrí los ojos mirando hacia arriba con cara inocente mientras engullía su verga, él miraba hacia arriba mordiéndose el labio, no se atrevía a mirarme a la cara. Me hizo sentir un poco mal que no me mirara, quería ver su cara de satisfacción al ver a su nenita chupándosela, así que me dispuse a arreglarlo para pasarlo mejor juntos. Quité sus manos de mi cabeza y puse una en mi teta y otra delante de mi boca. “¿Te gusta cómo te la mamo papi?” –le pregunté mientras me metía un dedo de los suyos en la boca y lo empezaba a chupar. Miró hacia abajo un segundo y volvió a mirar para arriba enseguida. “Si” murmuro rápido mientras volvía a poner la mano que tenía en mi boca detrás de mi cabeza y comenzaba a empujarla de nuevo contra su polla. Poco satisfecha con la respuesta y con cómo estaba actuando me decidí a animarlo; así que agarré su verga y empecé a pajearla contra mi boca, masajeando su glande con mis labios y mi lengua, dándole besos y chupándola. Él no paraba de resoplar y gemir, dejó descansar la mano que tenía en mi cabeza y empezó a usar la que tenía en mi teta y la apretaba. ¡“Uffff así vas a conseguir que papi te folle! Tal vez igual acaba antes” –me dijo Don Enrique mientras oía de fondo como volvía a masturbarse.
“Dime cosas” –le dije a mi padre mientras lo pajeaba contra mi mejilla. Al no obtener una respuesta en cinco segundos paré de pajearla. “¡Ahora no soy tu hija soy tu puta, dime cosas!” –le dije dulcemente mientras me levantaba. Volviendo a colocar mi mano en su verga para pajearlo suave. Se quedó quieto unos segundos, me miró a los ojos y yo me distraje tanto que no vi venir su mano la cual impactó contra mi mejilla dándome tremenda bofetada, era la primera vez que mi padre me pegaba en mi vida. Doblé la espalda del dolor, cosa que el aprovechó para darme la vuelta y pegarme contra la pared clavando su polla entre mis nalgas. “¡Cállate zorra de mierda!” –me susurró al oído mientras empezaba a mover sus caderas, restregando su miembro contra mi culo.
Me puse diez veces más caliente de lo que ya estaba y giré la cabeza apoyándola contra la pared mirándole a los ojos, ahora él también me miraba. Acercó su cara contra la mía, yo cerré los ojos en lo que el empezaba a besarme, no dude en empezar a meterle la lengua cosa que hizo que su agarre perdiera fuerza y yo pudiera separar un poco el cuerpo de la pared, poniendo el culo en pompa y empezando a ser yo la que lo restregaba contra su verga. Respondió tomando mis tetas desde atrás sin separarse de mi boca, y empezó a masajearlas y estrujarlas. “Tremendo espectáculo estás dando zorra, cuando te tenga delante yo no te voy a tratar tan bien” –me susurró Don Enrique, cosa que ignoré concentrándome en lo que tenía detrás. “¡Fóllame Arturo! Soy una puta hambrienta de verga, quítame las ganas y hazme sentir que soy el objeto de tu placer” –le dije a mi padre cortando el beso y cogiendo su verga con mi mano mientras la colocaba contra mi sexo. “¡Uffff papi!” –empecé a gemir conforme sus embestidas ganaban potencia. Se limitaba a manosearme las tetas mientras me la metía, de vez en cuando resoplaba un: “¡Puta!” “¡Qué ricas tetas!” “¡Qué rico culo!”. Yo simplemente disfrutaba de su verga con la mitad de la cara pegada a la pared y el culo en pompa. Después de unos minutos dándome, pegó todo su cuerpo contra el mío dejando mis tetas aplastadas contra la pared, yo seguía gimiendo esta vez en alto sin importarme que me oyeran los vecinos. En un oído escuchaba los gemidos de mi padre mientras me la clavaba sin piedad alguna y en el otro los gemidos de Don Enrique masturbándose frenéticamente mirando como mi propio padre me empotraba contra la pared.
“¡Por fin tengo este culazo para mí!” –gemía mi padre entre resoplidos, mientras me daba nalgadas dejando mi culo marcado. “Lo puedes tener cuando quieras papá, soy tu puta y estará para ti cuando quieras tomarlo” –le decía entre mis gemidos y pensamientos lujuriosos. Después de seguir así un rato se separó, yo estaba bañada en sudor y en mis propios fluidos, me di la vuelta y vi lo dura que la tenía, brillante por la mezcla de su líquido pre seminal y mis fluidos. Él se sentó en la cama, mirando mi cuerpo fijamente mientras se empezaba a masturbar incitándome a que me acercara, sin dudar me acerqué arrodillándome delante suyo y dándole un beso a su glande mientras el soltaba un “¡Ufff!” muy prolongado, su verga se veía especialmente tensa en mis labios, palpitante, deseosa de jugar. Yo me quedé arrodillada, lamiendo y chupando la verga de mi papi mientras le miraba fijamente a los ojos, él mantenía la mirada unos segundos y la quitaba, en el fondo no podía quitarse de la mente que con la chica que estaba cogiendo era su hija, pero yo sabía que en el fondo lo estaba disfrutando. De repente se me ocurrió una idea, me levanté y fui al armario, saqué una corbata negra. “Así tal vez es más fácil” –susurré tímida mientras le ponía la corbata alrededor de la cabeza tapándole los ojos.
Él mismo se hizo el nudo para que quedara bien fija “Si mejor” murmuro rápido mientras volvía a llevar la mano a su polla. Aproveché para ir rápido al pasillo a por el móvil, una vez lo cogí volví a arrodillarme delante de mi padre. Con una mano levante el móvil enfocando desde arriba y con la otra le cogí la mano a mi padre y la lleve a mi teta. Don Enrique volvió a poner la cam y yo mirando el móvil empecé a meterme la polla de mi padre en la boca chupándola con gusto mientras miraba fijamente a un viejo que conocía desde hace dos horas que no paraba de masturbarse pese a haberse corrido hace poco.
“Estoy seguro de que tienes entrenada esa garganta
perra, traga más mira que la de tu padre no es tan grande como la mía, vas a
tener que hacerlo mejor si quieres probarla.” Dijo Don Enrique sin poder
esconder su excitación. “¡Uffff, sí, así!” –dijeron los dos al unísono mientras.
Papá colocaba su mano en mi cabeza y hacia fuerza sin dejar que me despegara.
Yo aguanté todo lo que pude intentando respirar por la nariz, mientras Don
Enrique se la jalaba y mi padre me estrujaba la teta, mi otra mano estaba en mi
clítoris frotándolo sin parar, hasta que tuve que subirla y empezar a darle
palmadas a mi padre en la pierna para que me dejara respirar. Tomé aire como
pude mientras hiperventilaba, mi padre aprovechó para empezar a masturbarse
contra mi teta. Yo volví a enfocar desde arriba. “Fóllatela, que viendo cómo me
las mirabas antes llevas mucho tiempo queriendo hacerlo” –dije segura de mí
misma.
Mi padre esbozó una sonrisa y puso mis tetas alrededor de su verga, escupí en medio de ellas y el empezó a mover las caderas de arriba a abajo follándoselas sin ningún tipo de prejuicio, estrujándolas. Yo sacaba la lengua y ponía cara de caliente para Don Enrique que había acercado la verga a la cámara mientras yo abría la boca y con la lengua formaba un bulto en mi mejilla, con el puño cerrado al lado imitando el gesto de una mamada, todo esto con cara de zorra. “¡Fóllatelo ya niña! Sé que lo estás deseando” –me susurró Don Enrique al rato.
Era cierto. Me levanté aprovechando para besar a mi padre, como ahora tenía los ojos tapados se le hacía más fácil hacer cosas conmigo y no tardó ni medio segundo en meterme lengua mientras me estrujaba las tetas. “¡Dame un momentito Papi!” –le dije a mi padre mientras me levantaba brevemente para colocar el móvil en el mueble de la tele enfocando a la cama. Rápido volví al lado de mi padre, él estaba sentado al borde de la cama con las manos apoyadas en el colchón, su polla durísima y gorda como un bate. Me senté encima de sus piernas colocando mis rodillas en el colchón y mis pies colgando del aire, con una mano coloqué su verga entre mis nalgas y acto seguido empecé a besarle con lengua poniendo mis manos en su nuca. Él no perdió ni un segundo y rápidamente colocó sus manos en mis nalgas y empezó a manosearlas y apretarlas mientras nos besábamos calientes y poseídos por la lujuria. De una certera estocada me penetró y empezó con sus movimientos rápidos y duros, haciéndome gritar de placer. Sentía su miembro palpitando en mi culo y yo respondía restregándome contra ella mientras jugaba con la lengua de mi padre, él empezó a azotarme con una mano mientras ponía otra en mi cuello y lo apretaba mientras me comía la boca, no podía respirar bien pero me gustaba la sensación de sentirme vulnerable. Estaba perdida en el deseo, nuestras bocas estaban completamente babadas y aun así no las despegábamos mientras yo empezaba a sentir como él bajó la mano de mi nalga a su verga y la colocaba contra mi vagina.
Lentamente empezó a meterla, me aferré a su espalda disfrutando del placer que sentía. Una vez que estaba toda dentro rompió nuestro beso, me aparté un poco, quería que viera la cara de puta que tenía por estar cogiendo con él. “¡Mírame Arturo! ¡Mira la cara de puta que tengo al sentir tu verga dentro mío!” –e le decía entre gemidos. Eso lo puso más y más caliente, hasta que llegó al punto en que sacó casi toda su verga y de repente me dio una estocada seca, metiéndola entera. “¡Dios!” –grité en una mezcla de dolor y placer, incluso lagrimas salían de mis ojos por el dolor pero no pareció importarle, siguió con sus frenéticos movimientos. Empezó a comerme las tetas, esta vez sujetándolas el mientras empezaba a follarme como poseído. Eché la cabeza hacia atrás con la lengua por fuera gozando de la cogida que me estaba dando mi Papi. “¡Uffff Mónica que estrechita tienes la concha” –me dijo. “Es que no he cogido desde que empezó la cuarentena Papi y masturbarse no es lo mismo” –le dije sin pudor. “¡Qué puta eres!” –me dijo mientras empezó a gemir entre mis tetas cada vez más caliente. Empecé a mover las caderas siguiendo su ritmo, contenta porque por fin me estaba empezando a hablar. “¡Me encanta tu verga papi, me encanta! ¡Dios, fóllame todita” –empecé a decir entre gemidos mientras comenzaba a botar fuertemente sobre su miembro. El silencio de Don Enrique me tenía en ascuas, no sabía si se había dormido o estaba mirando. De pronto, escuché: “¡Voy a acabar puta!”-entre gemidos que resonaban en mi oído, hay estado en silencio como un pervertido entre las sombras y masturbándose. Por segunda vez había gozado de mi atrevimiento y bufaba de placer. “Los dejaré solos zorra, mañana sabrás de mi” – dijo Don Enrique antes de cortar la llamada.
Tomé las manos de mi padre y las puse en mi culo mientras seguía botando sobre su miembro, acto seguido separó su cabeza de mis tetas y volvimos a besarnos de manera muy cerda. Después de unos minutos así, mi padre me levantó y me colocó boca arriba en la cama, se puso de rodillas en frente mío buscando con su verga mi vagina, le ayudé con la mano y al sentirla dentro la cogida frenética volvió al instante. Puse las manos en el cabecero de la cama agarrándome fuerte mientras mis tetas no paraban de botar arriba y abajo, pasados unos minutos en los que yo estaba gozando como loca, mi padre decidió quitarse la corbata de los ojos y me miraba fijamente mientras me follaba. Yo le ponía la mejor cara de zorra de mi repertorio, mordiéndome el labio y sacando la lengua sensualmente, él me respondía follándome más y más fuerte, empezó a azotarme las tetas. “¡Mierda, qué exquisito!” –decía entre gemidos.
Me di cuenta como clavaba sus ojos en mis tetas botando, después me miraba a la cara y se relamía mientras me daba embestidas más duras hasta que llegó el momento. Empezó a respirar muy fuerte y rápidamente. “¡Eso Papito! Llena de semen a esta perra, a esta puta!” –le decía con ansias. Sacó su miembro y se masturbaba con fuerza, verlo hacerlo erala escena más excitante que jamás había visto, sabía que lo hacía pero nunca lo vi hacerlo, esta vez lo estaba haciendo para quemarme con su espeso semen y marcar así mi deseo al hacerme su puta. Estaba expectante, gemía con deseo esperando sentir era deliciosa descarga de sus fluidos. Al fin pudo acabar, lo miraba mientras salían varios chorros con mucha potencia, llegándome al abdomen, las tetas y la cara, lo recibí contenta con la lengua por fuera. Una vez que no salían más chorros me puse de rodillas en la cama y el empezó a pajearse contra mis tetas soltando las ultimas gotas, una que vez se exprimió la verga por última vez me la metí en la boca para limpiarla, lamiéndola y dejándola bien limpia. Cuando terminé, lo miré a los ojos y empecé a lamer mis tetas, limpiando el semen que había recibido y tragándomelo, él no me quitó la mirada de encima en ningún momento. Después de terminar empezó a comerme la boca nuevamente. Nos acostamos en su cama mientras nos abrazamos toda la noche, en varias oportunidades me desperté y acabé chupando su verga mientras dormía. En un momento se despertó y por caliente me la metió por el culo sin ninguna contemplación, me cogió con tanta fuerza que mi culo quedó abierto y chorreando su semen. Acabamos nuestros juegos por la mañana, al fin pude dormir, estaba de espaldas a él y me tenía abrazada agarrándome una teta. Su verga estaba dura contra mis nalgas y con su mano en mi teta mientras, puse mi culo en pompa para sentir su glande entrando y cogérmelo dormido. Sin dudas fue algo delicioso que no estaba presupuestado y que cambió la relación de ambos. Al levantarnos yo estaba fantaseando como me cogería iba a dar todo el día.
El tiempo en pandemia fue el más exquisito que pasé junto a mi padre y a Don Enrique con quien seguí en contacto. Me cambié de cuarto al de mi padre, total era su puta y ya nos valía verga el pudor. No había día en que no me dejara con el culo abierto y chorreando su semen; mientras por otro lado Don Enrique siempre dispuesto a ser un observador silencio de las folladas que me daba mi macho cuando se le antojaba. Aprendí a complacerlo, aprendía a ser la puta que él necesitaba y cada instante juntos era un jugueteo morboso y lleno de lujuria. Pasó la pandemia y todo “Volvió a la normalidad” para el resto. Ante los ojos de los demás era la niña mimada de mi papá, en la intimidad era la zorra que era usada para satisfacer los deseos de su padre.
Había pasado un tiempo desde que ya pudimos salir de confinamiento, venia de jugar volleyball, cuando sonó mi móvil, un mensaje de Don Enrique con una foto de su verga y un texto que decía: “Recuerda que está te esperando. Hoy tengo tiempo, si quieres puedes venir a casa y hacemos travesuras”. Me puse caliente de una, era una propuesta que me había hecho la primera noche y estaba ansiosa por probar ese exquisito miembro. “Déjeme llamar a Arturo y para decirle que iré a la casa de una amiga” –le respondí. “Bueno, me avisas y te mando la dirección” –me dijo. “Bueno cariño, mantenla dura para esta puta” –contesté. Tenía la excusa perfecta, era el primer partido de volley después del confinamiento, habíamos ganado y “lo íbamos a celebrar. Tomé el móvil y lo llamé: “¡Arturo, mi amor. ¿Cómo estás? Cielo voy a pasar a casa de Silvia, ya que ganamos nuestro primer partido después de la pandemia y lo vamos a celebrar” –le dije. “¡Felicidades zorrita! Disfruta” –me dice. “No tienes idea mi amor. Nos vemos en la noche” –dije con cariño y corté. “Bueno cariño todo listo. Mándame la ubicación de tu casa para pedir un Uber. Antes del minuto tenía el mensaje con la dirección y pedí el auto. Al cabo de unos minutos de camino estaba en su casa, me recibió y de una sacó su apetitosa verga, me hizo ponerme de rodillas para que me la comiera. Gustosa lo hice de la mejor manera posible. Enseguida se puso a gemir y a bufar como un animal. “¡Eres toda una puta!” –me dijo. “Sí lo soy gracias a ti” –le dije. Sonrió y me llevó a su habitación, me desnudó con prisa y me tiró en la cama, él también lo hizo y su verga durísima palpitaba. “Metemela de una vez y termina con calentura” –le dije.
Ustedes pueden imaginar lo que sucedió, pero se lo resumiré de la forma más explícita posible. Me la metió tantas veces que mi culo, mi concha rebosan de su semen. No quise perder contacto con él. Así que viernes por medio estaba en su casa disfrutando de su verga pero le dejé en claro que solo era un entretenimiento para ambos, yo era la puta de Arturo, mi padre.
Pasiones Prohibidas ®

Que delicio poder gozar de 2 vergas tan ricas como las describes, gracias por las sensaciones que despiertas Mr. P
ResponderBorrarUffs que relato para más excitante, sentí cada una de las emociones, gracias caballero 👏👏👏🔥🔥🔥
ResponderBorrarQue rico disfrutar de tanto placer y la.manera como describe todo me.encanta hace mojar mi coño de imaginarme la.cogida tan deliciosa que se pego esta niña ufff.
ResponderBorrarComo siempre un placer leerlo
Una chica que disfruto del placer y el morbo de 2 buenas vergas, caliente relato, gracias.
ResponderBorrarBrutal siempre tus relatos provocas mis orgasmos gracias Mr.P besos
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