Me fui a dar una ducha para apaciguar mis ánimos y
vestirme para ir a casa de mi Amo. No había recibido instrucciones de cómo
vestir pero conozco los gustos de mi Dueño, solo me puse un liguero rojo con
medias del mismo color y un par de zapatos con tacones, me cubrí con un abrigo
que llegaba un poco más abajo de mis rodillas.
Salí en mi auto, iba pensando en las formas perversas en qué sería usada y me calentaba en sobre manera, solo esperaba que mis ganas de placer no me traicionaran ya que mi Amo es algo estricto con eso, ya que solo me permite tocarme cuando él quiere que lo haga y no quería ser merecedora de un castigo por faltar a sus órdenes. Estaba con esa lucha en mi interior pero mi deseo sobrepasaba mi entendimiento y me mojaba mucho más. Desabroché mi abrigo y en los semáforos en rojo aprovechaba de retorcer mis pezones que estaban erectos y deseosos de tener un par de pinzas ejerciendo presión y sentir las manos de mi Amo recorriendo mi cuerpo. Ya no faltaba nada por llegar, debía controlar mis impulsos pero sonó mi teléfono el que contesté sin demora: "¿Ya estás por llegar Katen'ka?" –me preguntó mi Amo. "Sí mi Señor, estoy a cinco minutos" –le respondí. "Pasa directo a la sala, te estamos esperando" –dijo. Su voz en vez de sosegar mis ansias, hizo que creciera más en mí la excitación, ese exquisito placer que me da solo con oírlo es un regalo preciado que me tiene loca y a sus pies.
Al fin el viaje terminó, bajé de mi auto con la vagina húmeda y lista para ser usada. Entré como se me dijo y me dirigí a la sala, estaba mi Amo y los dos hombres que le acompañaban. "Veo que has sido obediente y no tardaste tanto" –me dijo. "Para usted siempre estoy disponible mi Señor" –le respondí. Después de saludar a mi Amo, de rodillas y besando sus zapatos, cómo fui enseñada saludé a quienes estaban ahí de la manera más educada, para que mi Amo se sintiera orgulloso. "Un gusto saludarles Señores, soy Katen'ka, propiedad de mi Señor Hades" –les dije extendiendo mi mano. Después de mi protocolar saludo le pregunto a mi Amo: "¿En qué puede complacerlo esta puta mi Señor?". "¡Quítate el abrigo para ver cómo nos deleitas con tu cuerpo!" –ordenó. No tuve ni un pudor en quitarme el abrigo y quedar solo con el liguero y las medias puestas ante los hombres, pero en especial para mí Señor.
"¡Observen con detenimiento, la obediencia de mi sumisa no es cosa de hoy; hay tiempo de enseñanza y conversaciones previas para llegar a este nivel" –les dijo mi Amo a sus acompañantes. Entonces uno le pregunta: "¿Cómo se logra eso?". "La paciencia es una virtud que debe tener un Amo, ya que para dominar a otra persona, éste primero debe aprender a dominarse a sí mismo" –le respondió. Añadió: "No es solo azotar y torturar, también debe haber educación hacía la sumisa y ayudarla a superar primero sus miedos y después sus límites". Me miró con ojos lujuriosos y me dijo: "Katen'ka. ¡Tócate!". Obediente a sus deseos, acariciaba mis senos mirándolo. Entonces me ordenó: "No me mires a mí, míralos a ellos". Eso me calentó demasiado, ser observada por ellos y despertar lujuria en los desconocidos Señores que estaban ahí, estaban poniendo a prueba mis armas para seducir pero mi meta era complacer de la mejor manera a mi Dueño que observaba en silencio. Apreté mis pezones con fuerza, los retorcía con el fin de despertar esos demonios que ya estaban incitados en la videollamada. Mis manos se deslizaron hasta llegar a mi sexo húmedo, aquellos hombres me miraban embobados, estaban como dos fieras atadas viendo cómo me lucía para deleitar a mi Amo y como ellos eran participantes de tan pervertido juego. "¿Les gusta lo que ven?" –les preguntó mi Amo. Solo asintieron con la cabeza porque no quieran perderse detalle. Separé mis piernas y abrí mis labios para que vieran mi apetitoso clítoris, toda su atención estaba puesta en mí y en la endemoniada forma en que me tocaba. Gemía con lujuria, mis ojos reflejaban las ganas de ser usada. Cada vez mis gemidos eran más intensos, mis piernas temblaban a causa del placer y mis fluidos se escurrían por mis muslos. "Todavía no tienes permiso de acabar zorrita" –me ordenó mi Señor. Él sabe que eso es una dulce tortura, ya que me gusta que me diga que soy su zorra, su puta y de todas las formas perversas que tiene para llamarme. "¡Oh, mi Amo ya no resisto!" –le decía entre gemidos. No decía nada. ¿No tenía su permiso aún? Caí de rodillas pero sin parar de estimular mi clítoris, quería que estuviera su lujuria satisfecha aún a costas de mis fuerzas.
Me ordenó detenerme. Sentí algo de alivio pero mi deseo seguía al rojo vivo, estaba tan mojada que mis fluidos corrían por mis piernas. Los ojos de aquellos hombres me recorrían por completo, imaginaba lo que pasaba por sus mentes solo con ver esa mirada de lobos hambrientos e intuía sus ganas de tomarme, usarme y dejarme tirada en el piso como un objeto usado para sus obscenos deseos. Mi Amo se sirvió un trago y se acomodó en una silla, me observaba con detenimiento, al igual como se mira un tablero se ajedrez preparando la siguiente jugada y yo era la pieza que él usaría para conseguir ese "Jaque mate" perfecto. Jadeante y expectante a lo que vendría, seguí de rodillas esperando su orden. "Estimado Sr. Hyde, ¿Qué propone usted para seguir la velada?" –preguntó a uno de los Caballeros. Él, titubeante por la pregunta respondió: "Propongo una sesión de spank para dejar marcas en esas nalgas que les faltan algo de color". "Interesante propuesta estimado" –le dijo mi Señor. "¿Y usted Mr. Joseph qué propone?" –preguntó al otro caballero. Él guardó silencio por un momento y respondió: "Me sumo a la propuesta antes mencionada por el Sr. Hyde". "Muy bien, así se hará entonces. Katen'ka, ponte en la pared con las manos extendidas y separa las piernas" –dijo mi Señor. ¿Qué harían para empezar la sesión de azotes?" –les preguntó. Mr. Joseph, al igual que lo hacen los alumnos en clases, levantó la mano y dijo: "Primero, establecería los límites en cuanto a qué zonas azotar y segundo establecería una palabra de seguridad en caso de que el límite fuera transgredido o la resistencia de la sumisa sea superada". "Muy acertada su respuesta Caballero" –dijo mi Amo. Añadió: "Es importante saber cuál es el terreno que pisamos y la palabra de seguridad le brindará a la sumisa la tranquilidad necesaria para sentirse a salvo bajo nuestra mano". Escucharlo hablar de esa manera para mí era tan excitante, ya qué siempre en nuestras sesiones él tiene el máximo cuidado de no ir más allá y que transmita esa experiencia a otros era demasiado para mí excitación. "Sr. Hyde, ¿qué usaría usted?" –le preguntó. "Sr. Hades, comenzaría con mi mano y luego sumaría un cinturón o un flogger". "Katen'ka, ve al cuarto y trae mi flogger trenzado" –me ordenó. Adoro ese elemento, las caricias que me da cuando envuelve mis nalgas o mi espalda son exquisitas. Para que describir el ardor y las marcas generosas que me regala, de solo saber que sería usado como muestra del placer que me provoca no disimula mi calentura.
Fui al cuarto y traje lo que se me pidió. Lo entregué a mi Amo y adopté otra vez la posición que me había indicado antes. Mi adorado Amo se puso de pie y comenzó a acariciar mis nalgas con ternura, aunque en mis adentros sabía que pronto se aproxima esa exquisita nalgada que me hará estremecer por completo. "La palabra de seguridad tú la conoces, cuando sientas que es necesario usarla me dices y daremos por terminado el juego" –me dice. Dicho eso me nalgueó con fuerzas, sentí el dolor, el ardor y el cosquilleo que me provocó al punto de sacar un gemido que estremeció mi ser por completo, uno tras otro fueron cayendo esas exquisitas nalgadas que desbordaban mi cordura y mi deseo por ser usada. Entre más fuerte eran las nalgadas, más crecía mi excitación y me deleitaba en morbo de sentirme observada por aquellos hombres estupefactos e igual de excitados que yo. De pronto, la mano de mi Amo se perdió en medio de mis nalgas, quería provocarme más y hacer que mis demonios internos afloraran. Con sus dedos empezó a hurgar mi ano, para dilatarme. “¡Demonios, qué rico se siente!” –exclamaba. Poco a poco mi culo sucumbió a los perversos estímulos y se dejó penetrar, ya tenía dos dedos dentro y cogía culo endemoniadamente. Solo podía gemir y apoyar mi frente en la pared, estaba tan caliente que no me di cuenta cuando estaba deslizando mi lengua por el muro y besándolo de la misma manera perversa con la que mi culo era tomado.
Los espasmos en mi cuerpo eran tremendos, mis piernas se doblaban y el recorrido al orgasmo estaba por finalizar. Se detuvo y tomó el flogger, y comenzó a recorrer mi cuerpo con las tiras trenzadas de cuero. ¡Oh, Dios mío! Sabía lo que estaba por suceder y lo estaba esperando con ansias. Al fin el cuerpo se abrazó a mi cuerpo y a acariciarlo con esa divina exquisitez que cada azote me hacía sentir. “¡Ah, sí! ¡Deje mi cuerpo marcado para su deleite mi Señor!” –exclamaba entre gemidos. Cada golpe que el flogger me propinaba era como si fuera transportada a las puertas del infierno para ser recibida por olas de lujuria que azotaban mi cuerpo con intensidad. Podía sentir el ardor en mi piel después de cada azote. “Puedes seguir preciosa?” –preguntó mi Amo con sutil delicadeza. “Por usted mi Señor seguiría aunque ya no tuviera fuerzas” –le contesté. “¡Muy bien!” –exclamó. Detuvo la ronda de azotes y dijo: “Vieron, es un juego de complicidad y cuidados. No es solo azotar porque sí ni tampoco hacer cuanto se nos venga en gana hasta el cansancio. Ustedes estimados son los encargados de brindar seguridad a la sumisa que tendrán a su cuidado”. “Puedes descansar preciosa” –me dijo. Sus palabras fueron como si hubiera quitado las baterías de mi cuerpo y me deslicé lentamente por el muro hasta caer en el piso rendida por el placer.
Una de las cosas que me llamó la atención de los dos Dominantes que estaban ahí fue que a pesar de los ojos de deseo y lujuria que me miraban, guardaban cierta distancia ya que entendían muy bien que era un juego reservado solo para mi Amo y que aunque yo estaba ahí siendo expuesta era él quien tenía el control absoluto, y ellos lo respetaban. Así como en la videollamada les permitió que se tocaran para descargar sus impulsos, esta vez les preguntó: “¿Qué piensan de lo que han visto y que quieren hacer?”. Fue para mí entrepierna una carga eléctrica que comenzó a palpitar, estaba deseosa de escucharlos y saber que pasaba por sus retorcidas mentes. “Nos ha parecido interesante lo que hemos visto. Además, con el respeto que usted nos merece su sumisa es hermosa” –dijo el Señor Hyde. Mr. Joseph añadió: “Sin duda es así, es preciosa”. “Eso lo sé pero mi pregunta fue otra estimados” –les dijo mi Amo, buscando una respuesta. “No quisiera pecar de osadía caballero” –respondió Mr. Joseph mirando al Señor Hyde endosando la responsabilidad de dar la respuesta que mi Amo buscaba. Hubo una pausa, un silencio casi sepulcral; entonces el Sr. Hyde tomó aire y dijo: “Creo no equivocarme, pero su pregunta está orientada a que si queremos realizar algo con su sumisa”. “exacto. Además, sería un mal anfitrión al traerlos aquí y no preguntarles” –dijo él en tono serio. Las cartas estaban sobre la mesa y era el turno de ellos de mostrar su juego.
“Entonces Caballeros, ¿seguiremos en el juego de preguntas y respuestas o tienen claro lo que desean hacer” –les dijo mi Amo. La respuesta no se hizo esperar y ambos al unísono dijeron: “Sí, nos gustaría tener la oportunidad de hacer algo con su sumisa”. Mi Amo me miró buscando una respuesta de mi parte, él me conoce y sabe que estoy a su servicio, por lo que le dije: “Lo que usted disponga mi Señor está bien para mí”. Al decir esto, los miró y les dijo: “Muy bien, como parecen lobos hambrientos al acecho de la presa, pueden hacer lo que gusten. La palabra de seguridad es rojo, por lo que al ser oída por ustedes o por mí se detendrán de inmediato, solo observaré y no diré nada a menos que sea necesario”.
Diablos, debía estar a la altura de tal desafío, aunque en mis adentros era algo que deseaba desde que llegué, estaba tan dispuesta a dejarme hacer de todo porque era una fantasía recurrente el ser cedida por mi Amo y que él viera lo buena zorrita que soy. Se pusieron de pie y se acercaron lentamente hasta donde estaba, me levantaron del piso y me recorrieron sin pudor por cada espacio de mi cuerpo; la lujuria me encendió y me entregué por completo a sus caricias maliciosas, era como si brasas ardientes se pasearan por mi cuerpo y encendieran mis deseos. Entre ambos apretaban mis pezones, los retorcían arrancando gemidos de placer, uno de ellos invadió mi sexo mientras el otro se encargaba de nalguearme con fuerza, eran corrientes de condenado placer que me hacían temblar, sin sentidos estaban exacerbados y la lascivia era un afrodisiaco permanente que me tenían al borde del éxtasis. Me voltearon y me hicieron mirar a mi Amo quien observaba complacido, la lujuria en sus ojos era la indicación a que siguiera haciendo todo lo que ellos deseaban. El Sr. Hyde puso mi mano cerca de su bulto y siguió acariciando mis tetas, mi Señor asintió con la cabeza, entonces comencé a acariciarlo sobre el pantalón, podía sentir su erección, mi calentura se encendió aún más ya que Mr. Joseph empezó a lamer mis pezones. ¡Oh, mierda! Mi sexo hierve y destila fluidos, sin contar algunos gemidos que salían de mi interior. No sabía hasta donde quería mi Señor que llegaran pero mientras él me permitiera estaba a merced de esos dos desconocidos disfrutaría cada instante. Estaba perdida en el placer, miré a mi Amo y él sonreía, le gustaba lo que veía. Entonces también empecé a acariciar la verga de Mr. Joseph por encima de su pantalón; ahora estaban los dos lamiendo y mordiendo mis pezones. Mis gemidos eran más estrepitosos, me sacudía con violencia y no podía controlar el temblor de mis piernas, entre los dos me estaban llevando a las puertas del orgasmo solo con deslizar hábilmente sus lenguas en mis tetas. Caí presa de un intenso orgasmo, que me hizo ponerme de rodillas al no poder controlar los espasmos de mi cuerpo. Exhausta, sudada gemía sin control, entonces mi Amo les dijo a los Señores: “¿Se dan cuenta que solo el saber dónde y cómo tocar puede producir estas sensaciones?”. “Sí, Señor” –respondieron al unísono. “Aún hay más distinguidos. Tienen mi permiso de hacer cuanto gusten con mi putita” –dijo mi Amo. En mis adentros pensaba en todo lo que ellos harían conmigo y que estaba dispuesta a complacer los deseos de mi Amo.
Entonces, ambos bajaron los cierres de su pantalón y blandieron sus miembros poniéndolos cerca de mi rostro. Di una sonrisa traviesa y los tomé desde la base para acercarlos a mi boca. El primero que engullí fue el de Mr. Joseph mientras masturbaba al Sr. Hyde. Los miraba hacia arriba y me deleitaba la cara de placer de ambos. Después fue el turno del Sr. Hyde para sentir la tibieza de mi boca en su verga. Poco a poco se fueron quitando la ropa, hasta que quedaron desnudos. El Sr. Hyde me hizo recostar en el piso y separó mis piernas, empezó a recorrer mi vulva que por demás está decirlo se encontraba húmeda, escarbaba mi interior para beber mis fluidos, mientras que el Mr. Joseph puso su verga en mi boca para que siguiera chupándosela con frenesí. Mi Amo me había enseñado a ser una puta y se lo estaba demostrando al no poner resistencia a sus deseos. Luego fue el turno de Mr. Joseph de comerse mi conchita. ¡Era exquisito ser poseída por dos hombres a la vez! Sobretodo que mi Amo viera lo bien que me había entrenado. Para mí era algo morboso y a la vez placentero. Mi cuerpo ardía de placer, mi mente volaba a ese lugar de tortuoso placer, ya que anhelaba que me cogieran entre ambos y me hicieran gritar como la puta que soy.
Mi Amo me ordenó ponerme de rodillas y chupárselas a los tres a la vez. Una a una recibí esas vergas en mi boca, deseosa de tragarlas las tres juntas y ahogarme con ellas. Mi mirada era llena de lujuria y también por aquel hombre que hacía la mayor de mis fantasías realidad. Podía escucharlos gemir y bufar cada vez que tenía una de sus vergas en mi boca, eso me ponía tan caliente que tuve un orgasmo de manera espontánea que me transportó a esos rincones infinitos de placer. Casi exhausta pero con más lujuria seguí en la tarea que mi Amo me ordenó, sus caras eran la muestra inequívoca de que estaban disfrutando, en sus ojos veía placer. Al sentir sus respiraciones más agitadas metí la verga de mi Amo a la boca y comencé a masturbar a los dos Señores que lo acompañaban, gemían, bufaban y sus vergas se hinchaban más en mis manos, al unísono ambos eyacularon en mi cara, fue alucinante, sentir como dos machos acabaron a la vez por mis atenciones. Mi Amo me permitió chupárselas otra vez para dejar sus vergas limpias por la cortesía que tuvieron de vaciarse en mí.
Aun ardía de placer, por aquella experiencia. Al solicitar su autorización para retirarme me despedí de los Señores como si nada hubiera sucedido. Manejé de camino a casa con los recuerdos latentes de ser usada por tres hombres y con la inmensa satisfacción de complacerlos deseos de mi Amo.
Pasiones Prohibidas ®

Sin duda alguna es un placer delirante, excitante completamente
ResponderBorrarEl placer de servir a quien disfruta de todo de tu ser
Delicioso y muy excitante relato Mí Amo
Como siempre con esos ricos y sucios detalles vibrantes y perversos 💋
🔥🔥👏
ResponderBorrarWao que exquisita historia ser cogida como una verdadera puta es magnífico más aún si es para satisfacción de tu Señor ufff delicioso me encanta.
ResponderBorrarGracias como siempre Caballero