117. Una interesante propuesta

 

Fue un martes por la mañana cuando llamé para concretar una cita con la responsable de contenidos de la editorial Narraciones Eróticas. La semana anterior se contactaron conmigo para dicha reunión. Les había interesado mucho conocer mis obras, que de la noche a la mañana habían tenido un impacto muy notable en varias webs de relatos. Nunca imaginé que escribir me llevaría a estar en una editorial planeando llevar mis escritos al papel, ya qué solo lo hago con el fin de pasar un momento de ocio para quitarme las preocupaciones del día a día. Mucho menos imaginé que mi contenido tendría un alcance de tal magnitud. Me ví gratamente sorprendido cuando una de las editoriales más prestigiosas de este país, se estaba interesando en mis relatos.


La responsable de exponerme los términos y acuerdos era Mirian Vergara, una mujer de unos 45 años, bien considerada en el gremio editorial y con un notable peso dentro de la empresa. Me había citado su secretaria a las cuatro de la tarde de ese mismo martes. La editorial está ubicada en "La Cuidad Empresarial". Un lugar donde hay oficinas de empresas importantes como Google, SC Johnson, Puig, Productoras de TV y música, solo por decir algunas. Llegué con mucho tiempo de anticipación y pude estacionar en la misma puerta de la Editorial. Cuando entré me dirigí a la recepción y me presenté a la chica que atendía. Me saludó cordialmente y me invitó a esperar en el hall que había justo a la derecha de la recepción. Me preguntó si deseaba un café a lo cual afirme muy amablemente. Tomó el teléfono y escuché que me había anunciado, después dijo: "Muy bien le informo". Se puso de pie y me dijo que en breves minutos podía subir a la oficina de la señora Mirian, ya que estaba por finalizar una reunión previa. Tomé mi café un poco nervioso, ya que era la primera vez que me enfrentaba a una situación así.


Subí al segundo piso siguiendo las indicaciones de la secretaría y accedí a una gran oficina con un gran ventanal. Al entrar vi la figura de espaldas de Mirian Vergara. Francamente me llamó poderosamente la atención su figura tan estilizada, con un traje blanco, con falda y chaqueta que realzaba sus curvas tan sugerentes, una blusa de seda negra. Pantimedias a tono con el traje y zapatos negros de tacón. Se giró y me vio en la entrada de la puerta con mi mirada atónita, se dirigió a mi con una sonrisa y una mirada muy natural y sincera. Tras la correspondiente presentación, me invitó a sentarme para exponerme la intención que su editorial quería plantearme. "Francamente Sr. Arroyo leí su manuscrito y quedé fascinada con la forma tan detallada que tiene de escribir, la forma en que hace la narración de la historia es admirable, tanto que te atrapa dentro de la historia" –me dice. "Agradezco que se haya dado el tiempo de leer mi manuscrito" –respondí de forma cortés. "Sé que mientras esperaba bebió café. ¿No le gustaría beber otra cosa?" –me preguntó. "Lo que usted beba para mí está bien" –respondí. Fue a su escritorio y pidió dos vasos de whisky. Mientras las negociaciones avanzaban me costó en varias ocasiones mantener la atención a lo que ella me iba explicando, ya que mi mirada se perdía en su escote y ella se percató en más de una ocasión. Ella sabía que a cada término del contrato editorial que me exponía, yo me la estaba comiendo con la mirada y ella aumentaba sus dotes de persuasión.


Había algo que me estaba alertando que la reunión iba a tener otro desenlace al margen de lo estrictamente profesional. Después de un buen rato hablando sobre la propuesta, Mirian comenzó a hacerme preguntas más personales, a lo que interpreté como técnicas de marketing para impulsar al escritor, etc. Las preguntas iban cada vez siendo más directas y sin concesiones, a la vez que se acercó a mí tras levantarse de su sillón. Se apoyó sobre la mesa dejando al aire parte del muslo de su pierna derecha. En ese momento empecé a notar como mi pene iba poniéndose duro. Mirian desde la posición en la que estaba vio claramente mi erección y eso motivo que muy sutilmente se girase como si fuera a tomar algo de la mesa. En ese giro con su culo apoyado, me mostró que no llevaba ropa interior, dejando al descubierto su hermosa vulva rosada. Así, en esa posición, permaneció varios segundos, los suficientes como para ver con toda nitidez que estaba totalmente depilada. No pude apartar la vista de aquella maravilla "¿Le gusta lo que ve Sr. Arroyo?" –preguntó con tono sensual. Había quedado totalmente expuesto, no pude articular palabra por unos segundos, entonces respondí: "¡Claro que sí! Sería un idiota si no, ya que usted es una mujer que cautiva". Fue cuando ella se giró mirándome, me dice con su voz llena de lujuria: "Por su culpa ya no puedo usar bragas, porque cada vez que lo leo quedo tan mojada que es necesario que me las quite para darle descanso a mi vagina". ¡Mierda! Ahora yo estaba siendo el protagonista de mi propia historia. "No sé lo que usted tiene, pero leer su manuscrito me ha hecho desearlo de una manera que no puedo explicar" –me dice con excitación. "Pero Sra. Mirian, quisiera también entender, pero es mejor así, no entender y seguir los impulsos" –le dije.


Se paró frente a mí, apoyo sus manos en el escritorio y con la punta de su pie empujó mi silla, se subió si falda hasta la cintura, colocando sus piernas abiertas sobre el escritorio me dice: "¡Quiero Sr. Arroyo que me haga sentir como en sus relatos!". En mis adentros pensaba: "¿Qué hago?". Aunque la decisión no dejaba mucho al pensamiento sino a la acción. Me acerqué aún sentado en la silla, y su vagina quedó a la altura de mi cara, sentir su vagina húmeda y deseosa era algo que ni siquiera en lo más pervertido de mis alucinaciones se me hubiera ocurrido. No importó nuestra ética profesional, solo nos dejamos llevar por ese delirante momento que nos hace tomar acciones sin medir consecuencias. No solo me dediqué a recorrer su vagina completa, también sus muslos, gemía tan llena de lujuria que jadeaba en vez de respirar. Entre su calentura se desabrochó la blusa, dejando al descubierto un elegante brasier con encajes, que realzaba la belleza de sus senos. 


Con el recorrido de sutiles besos en sus muslos, otra vez mi lengua recorría su vagina, me deleitaba sintiendo como se empapaba cada vez más, no solo con mi lengua sino también con la tibieza de mi respiración. . Escucharla jadear era demasiado excitante, mis perversos demonios se despertaban cada vez más, haciendo que mis dedos se metieran de apoco en su interior. "¡Así, eso! Más rápido!" –me decía entre gemidos. La penetraba rápido con mis dedos, sacando de ella los gemidos más exquisitos que he escuchado, cuando estaba al borde del orgasmo me detuve, no quería que acabara aún, quería que fuera más allá de sus límites y de sus fuerzas. Sus manos agarraron mi pelo y me acercó a su vagina para no separarme de su sexo hambriento y pudiera chuparle su vagina intensamente. Mi lengua jugaba con perversión, lamiendo cada espacio de su sexo. Me empapaba de sus fluidos que se me mezclaban con mi saliva y empapado de sus fluidos que junto a mi saliva, no solo su vagina estaba húmeda, también lo estaba su culo, ella solo gemía con placer y lujuria, me gustaba jugar con los demonios de su mente y saber que estaba entregada a todo lo que quisiera hacerle sin condiciones. Después de un buen rato volví a invadir su sexo con mis dedos pero a la vez acariciando su clítoris. Mirian empezó a gemir más fuerte y de un modo más constante, estaba encaminada a un inminente orgasmo, pude observar desde la posición en la que me encontraba, su cara de placer y como se movía cada vez más sobre el escritorio. Soltó una de sus manos de mi cabello y se la llevó a sus pechos, acariciándose debajo su sujetador. No tardó en dejarlos al descubierto. Sus pezones estaban duros, ella los apretaba y los retorcía con su cara llena de morbo. Mi verga estaba durísima y me moría de ganas de metérsela pero no quería perder la oportunidad de llevarla más allá solo con mis dedos. La excitación en ambos iba en aumento, su vagina era una fuente que no paraba de emanar sus tibios fluidos y ahora más aún. Mirian se movía en el escritorio retorciéndose de placer mientras seguía masturbándola con mis dos dedos en unos sincronizados movimientos. Estaba yendo al séptimo cielo. Sus gemidos cada vez más intensos, su cuerpo estremeciéndose de placer sobre la mesa. Era todo tan intenso, todo tan morboso, incluso la alta ejecutiva de la editorial gritaba como una puta al sentirse cada vez más cerca del orgasmo cuando incrementaba el movimiento de mis dedos en su interior.


Segundos después, un fuerte gemido acompañó a su orgasmo. "¡Oh, por Dios! ¡Ya no resisto más! ¡Ah, ah, mmmmm!" –dijo casi sin poder respirar. mientras yo no paraba de chupar. Mirian retozaba de placer. Mis dedos no pasaban de penetrarla, esto hacia que ella tuviera pequeños espasmos de placer. No pasó mucho tiempo cuando otro orgasmo la visitó, que la hizo caer sobre el escritorio. "¡Señor Arroyo usted me va a matar! Hace tiempo que no tenía sexo de manera tan exquisita" –me dice. "¡Quien dijo que hemos terminado!" –le dije con una sonrisa perversa. "¡Hágame su puta!" –me dijo. Le besé con lujuria y ella comenzó a desabrochar mi pantalón, lo bajó con bóxer y todo, empezó a masturbarme, mi verga iba a explotar de lo dura que estaba. Cómo pudo se bajó del escritorio y me la chupó como una puta experta, el recorrido que hacía su boca y lengua por ella era exquisito, sobre todo cuando mordió mi glande. Le di una pequeña bofetada mientras me seguía chupando la verga, ella sonrió y dijo: "¡Así, otra vez!". Le di otra bofetada con fuerza, ella siguió en su faena. "¿Así te gusta zorra?" –le pregunté. Ella asintió y la tomé de su pelo con fuerza acercándola a mi verga para que no la saque de su boca. Estaba en éxtasis, le gustaba como estaba siendo tratada, ya que la hacía sentirse parte de cada relato. La tomé y la puse sobre el escritorio otra vez, ahora para besarnos con pasión, nuestras lenguas se entrelazaban en un frenesí profundo, lo que mantenía nuestra excitación ardiendo como una hoguera incontrolable, a la vez que con mis manos acariciaba sus senos de una manera delicada y sutil que provocaban en Mirian temblores de placer. La escena de aquella situación, bien podría ser una secuencia de alguno de mis relatos, pero era la realidad y lo estábamos disfrutando como insanos.


Tras ese apasionado beso, la coloqué al borde del escritorio. Mirian abrió sus piernas y sus manos las colocó a la altura de sus rodillas en un gesto de ofrecerme su vagina bien abierta y empapada. En eso, suena el teléfono, ella lo ignoró por completo. No estaba para atender estupideces de la oficina, estaba para ser la puta que sería follada sin misericordia. Antes de metérsela, pasé mi lengua desde su culo hasta su clítoris. "¡Por Favor, Señor Arroyo, metamela! ¡Hágame su puta de una vez!" –suplicaba. La miraba con perversión y sonreía. Entonces le dije: "Llama a la secretaria para saber que quiere". Se dibujó en su rostro una sonrisa con picardía y me dice: "Es usted un pervertido". "Y tú eres solo una puta que debe obedecer si quiere tener lo que desea" –le respondí. Tomó el teléfono y marcó. "Dime. ¿Qué pasa?" –dijo. Empecé un juego perverso, frotaba mi verga por toda su vagina que me impregnaba de la mezcla de sus fluidos y mi saliva. Intentaba no gemir para que no la oyera la secretaria al otro lado de la línea. "¡No, eso es imposible! Lo hablaré con él mañana" –decía intentando mantener la compostura, mordía sus labios mientras me miraba fijamente. Ya no pudo aguantar y se le escapó un gemido. "¡Estoy bien! La negociación es más intensa de lo que pensé" –respondió. Mi glande se introducía en cada roce haciéndola delirar. Parece que olvidó que estaba al teléfono y dijo: "¡Mierda, qué rico! ¡Metemela de una vez por favor!". Cuando se dió cuenta de lo sucedido le dijo a la chica al otro lado de la línea: "¡Cogiendo como puta! No cuelgues el teléfono". Este hecho, despertó la fiera salvaje que había en Mirian, quien suplicaba ser cogida y llenada de semen.


La excitación era descomunal, Mirian pasaba la lengua por sus labios. "Este hombre me tiene caliente" –decía a quien estaba al otro lado de la línea. La chica al otro lado respiraba agitada mientras Mirian le describía con detalles como estaba encima del escritorio y me miraba fijamente a los ojos. Su fuego interior ardió más cuando de una sola embestida se la metí completa. "¡Ah, qué rico!" –gritó. "Me la metió toda de una vez" –dijo dándole detalles. Tras esa primera embestida, sus piernas se engancharon a mi cintura y sus manos las llevo a sus pechos para apretarse sus pezones. "Me la está metiendo con fuerza" –decía. Al otro lado se escuchaban gemidos, la chica en la línea se estaba masturbando escuchando a Mirian contándole cómo me la estaba cogiendo. Las embestidas iban creciendo en ritmo e intensidad a la vez que sus gemidos aumentaban de volumen. Mis manos apretaban fuertemente sus muslos. Mirian estaba inmersa en un placer divino. Sus jadeos anunciaban que no tardaría mucho en acabar. En un momento me miró y me dijo: "¡Ya casi estoy al borde de otro orgasmo! Siga dándome duro Señor Arroyo. Haga acabar a esta puta". Me seguí moviendo con más fuerza, hasta que sus gemidos aumentaron teniendo así otro exquisito orgasmo que la dejó casi sin fuerza. La bajé del escritorio e hice que se pusiera de rodillas. En eso dice: "Trae el contrato para que lo firmemos". Se puso a chuparme la verga a la espera de la secretaria que traería el contrato y que había sido oyente lo que había sucedido. "No acabe aún Señor Arroyo" –me dijo. 


La puerta se abrió y entró la secretaria con los papeles. "Disfruta conmigo" –le dijo y le indicó que se pusiera a su lado, entre ambas me chuparon cada centímetro de verga, alternando entre mis testículos y verga. ¿Qué mierda estaba pasando? –pensaba. Aunque eso no importaba demasiado. Cuando ya no pude aguantar más acabé en la boca de Mirian quien compartió con su fiel secretaria mi semen. Sin duda, cómo les dije antes estaba viviendo uno de mis propios relatos y disfrutando de algo que no sé si se repetiría alguna vez. Cuando entre las dos se tratagsron hasta la última gota de semen, Mirian le dice a su secretaria: "Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo". Ella solo le agradeció por los detalles y por ese delicioso trago de esperma que le brindó. Le dijo que su presencia ya no era requerida y que volviera a la recepción. Mirian se puso de pie y se arregló la ropa, tomó aire y se sentó. "Muy bien Señor Arroyo, este es el contrato, lealo con detenimiento y si está de acuerdo lo firma" –me dijo. Lo leí, no tenía nada que objetar. Fue así como cerramos el trato. "Ahora soy su puta, puede tenerme cuando quiera y usarme cuando lo desee" –me dijo. "Serás una buena puta Mirian, eso tenlo por seguro" –le respondí. Estrechamos las manos y fue el comienzo no solo de una relación profesional, sino una historia de lujuria y deseo que día tras día tiene un nuevo capítulo cada vez más perverso.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Uffffff q rico ser cogida así como una verdadera puta y gozar como una perra en celos por ese delicioso relato mf encantó

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  2. Muy bueno, quien ve a mirian, apesar de todo no fue egoísta compartió su manjar

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  3. Que divino sin dudar no pude dejar de vivir las sensaciones del relato que exquisito sentir con solo imaginar gracias Mr.P no pares sigue un beso

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  4. Mmmm qué relato más hot!! Un gusto leer sus historias candentes

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  5. Que exquisito relato Mr. P. Me sentí como la protagonista; tanta imaginacion y sensaciones, excelente.

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