121. Perversiones con mi yerno

Hola, mi nombre es Marta, soy chilena, tengo 63 años,  casada y tengo una historia para contar, que he guardado por mucho algunos años. Ustedes serán los primeros y últimos en saber lo que he callado con respecto a esto. Por lo que se darán cuenta soy una mujer madura, con algunos años ya vividos y alguna experiencia he adquirido en ellos. No les cuento para que sean jueces, jurados y verdugos, si no por el solo hecho de que si alguien de mi familia se llegase a enterar, habría un conflicto que derrumbaría muchas vidas. En palabas simples: Mantengo relaciones sexuales con mi yerno hace ya 3 años y aún lo seguimos haciendo.

 Todo comenzó hace más de tres años.  Al marido de mi hija, le vino una racha de mala suerte, perdió su trabajo y no consiguió nada por varios meses. Mi hija trabaja, pero no les daba para cubrir con los gastos del arriendo y como mi casa es grande, se vinieron a vivir con nosotros por unos meses. Al decir nosotros incluyo a mi marido. Aparte que mi marido es camionero y pasa muy poco en casa, por lo que de paso me servía de compañía.

No tuvimos ningún problema de convivencia, ya había alojado a mi otra hija cuando se casó por varios años. Mi relación con mi yerno era muy buena. Era muy simpático, servicial, se llevaba muy bien con mi marido, cooperador etc. Más tenía problemas con mi hija que con él. Bueno, el tema es que él, era muy deportista y tenía un físico que para ser sincera, no me dejaba indiferente para nada. Con 34 años, bien parecido, alto, delgado pero un cuerpo marcado, muy distinto a mi gordo marido, me provocaba cosas mirarlo andar con su torso desnudo por la casa.  Claro que nunca se me pasó por la mente llegar a tener algo con él, menos  con mi edad, con mi físico, soy gorda, una mujer ya de edad, mucho mayor que él  y lo más importante, su suegra.

Pero fueron varios eventos los que llevaron al fatídico desenlace. El primero, que al menos yo me percaté, fue una vez que estaba yo tendiendo la cama, mi yerno al frente mío conversándome,  cuando me doy cuenta que al estar así doblada, mis grandes tetas colgando se mostraban más de la cuenta y que él me las estaba mirando. También otra vez que estaba en la cocina doblada, con toda la cola levantada buscando una olla, al volverme vi a mi yerno acomodarse el pene en el pantalón. Fue solo un segundo, pero me di cuenta que había estado admirando mi enorme culo.  Otra vez me estaba duchando y me acordé que no había apagado la olla. Lo llamé para que él la apagara, pero no me contestó. Salí de la ducha toda mojada, y solo me cubrí con una toalla para ir apagar la olla y cuando estaba entrando a la cocina baja mi yerno del segundo piso. Su mirada fue muy penetrante, me hizo el comentario que me veía muy sexy así,  le gustó lo que vio sin duda, ya que la toalla no era muy grande y cuando  iba pasando devuelta al baño, me tiró un poco de la toalla, como broma. Yo me reí pero noté que lo hizo con un doble sentido. 

Quizás de una forma inconsciente comencé a coquetearle, me gustaba que me mirara y cada vez lo hacía más seguido. Sabía que era solo un juego, una fantasía para mí estar con un hombre tan guapo, menos siendo el esposo de mi hija. Ambos jugábamos a decirnos indirectas, hasta que una vez, ahora él se estaba duchando, ambos solos en casa como habitualmente pasaba, me grita del baño y me pide que le lleve una toalla, porque se olvidó de llevar una. Siguiendo el juego que se había generado y como venganza a su broma de la toalla, le llevé una pequeña, de cara. Esperaba que me reclamara y entrar al baño con la toalla más grande, con la intención de ver algo de su cuerpo, cuando sorpresivamente sale del baño, con la pequeña toalla tapándose solo la verga quedándole el culo expuesto, dándome gracias por la toalla, subiendo al segundo piso. Yo me reí a carcajadas por su broma, pero por dentro me dejó en llamas. Entré a mi cuarto con la imagen latente de mi yerno casi desnudo, no pude si quiera tirarme a la cama, llevé mi mano a mi sexo tocándomelo frenéticamente. Imaginaba la verga de mi yerno poseyéndome perversamente, entregada a sus deseos, me imaginaba en cuatro sobre la cama mientras él atacaba mi culo con embestidas salvaje. Intentaba no gemir pero mi calentura era demasiado grande, como pude me tiré en la cama y mis pensamientos se hicieron más lujuriosos. Imaginaba que entraba y me veía como una puta jadeante y me tomaba, mi cuerpo reaccionaba a las imágenes que mi mente me mostraba, estaba tan húmeda que mis dedos se resbalaron al interior de mi sexo y me penetraba como posesa. Al fin el anhelado orgasmo llegó y fue uno de los más intensos que he tenido. Salí de mi habitación con toda naturalidad esperando que si me haya escuchado gemir como una zorra por él. 

Los días posteriores no fueron menos intensos. Me tenía como una colegiala detrás de él. Me volvía loca, soñaba con él, me gustaba tocar sus brazos, su espalda, y lo hacía cada vez que podía. Comencé a mostrarme más en poses sugerentes, inclinándome para mostrarle las tetas, bromas de doble sentido, un juego entre adultos pero con matices sexuales. Andaba caliente y me masturbaba seguido pensando en el cuerpo de mi yerno. Cuando llegó mi marido de viaje, como nunca fui yo la que lo busque para follar, realmente necesitaba una verga dentro de mí, pero no fue suficiente.  Ya con él nuevamente de viaje por varios días, mi calentura seguía en aumento a tal punto que terminé hasta masturbándome con un desodorante metido en el culo. No era virgen de esa parte, mi marido muchos años atrás lo había metido, pero nunca me gustó. Sin embargo, como parecía perra en celo mis dedos no eran suficientes para aplacar ese fuego interno que me estaba consumiendo. 

Hasta que una mañana, me estaba duchando y casi al terminar, empezó a salir el agua algo fría. Me salí, entré a mi cuarto y continuando con mi juego de seducción, me coloque solo la bata, sin nada abajo.  Subí las escaleras hasta el cuarto de mi yerno para avisarle que se estaba acabando el gas para que lo cambiara antes de ducharse. Me excitaba la idea de estar al lado de él sin nada debajo de la bata. Poco antes de entrar, me preocupé de que se vieran parte de mis pechos para ver si me los miraba. Estaba acostado, viendo televisión. Le dije del gas, observando cómo me miraba, me gustó. Quise que durara un poco más el momento preguntándole cualquier cosa, sintiendo su vista pegada a mis pechos, cosa que me encantaba.  Había un pantalón de él en el piso y con la idea de mostrarle un poco más mis tetas, me agaché a recogerlo para que me las viera colgando y más de cerca.  Lo hice, pero en ese momento mi bata se abre y le muestro más de lo que yo quería. De inmediato me tapé y me reí, pero antes de darme cuenta, mi yerno se levanta empujándome contra la pared y entre mi bata abierta, me comienza a tocar por todos lados. Yo lo empujaba hacia atrás, pero era como empujar una pared, algo imposible.  Puse resistencia como dos minutos pero ya no aguanté más y cuando  sentí su mano entre mis piernas me entregué por completo a sus caricias. “Sé lo qué quieres, por eso estás aquí; no me vengas a ahora con la moralidad, porque no te queda suegrita” –me dice. “¡No lo quiero, lo deseo!” –le digo. Sonrió y me mueve bruscamente, caí en la cama con la bata completamente abierta, mi yerno estaba sobre mí chupándome las tetas como poseído. Sus manos me apretaban el culo y manoseaba fuertemente mi vagina, mientras me entregaba por completo al placer.  Casi me muero cuando, también bruscamente e inesperadamente me abre las piernas y pasa su lengua por mi sexo húmedo, chupándome la vagina con alevosía. Mientras lo hacía deliciosamente haciéndome gemir como loca, sentía como se sacaba su bóxer, sabía lo que se venía, me iba a meter su verga; estaba ansiosa, deseosa. No alcancé si quiera a tomar aire, cuando se monta sobre mí y de un golpe me mete su verga increíble que casi me mata del gusto. Sentí mi vagina llena  de verga, me hizo estremecer de placer cogiéndome como un animal. 

Una y otra vez su enorme miembro se perdió en mi cuerpo haciendo que el mundo se detuviera. Nada me importaba, solo quería que ese momento mágico no se acabara nunca. Me colocó de lado y me la siguió metiendo, mientras me apretaba las tetas con fuerza, menos mal que me la sacó porque estuve lista para acabar. Pero a cambio, se arrodillo a la altura de  mi cabeza dejándome ver por primera vez ese pedazo de carne que tanto placer me había hecho sentir. Era enorme comparada con la de mi marido, y a diferencia con él, que casi me tenía que llorar para que se la chupara, se me hacía agua la boca tenerla ahí, por lo que ni siquiera me lo pidió cuando ya me la había metido en la boca, chupándosela con todas mis ganas. Como había soñado con hacerle eso a mi yerno y ahora tenía su enorme cosa en mi boca. Estaba embelesada chupándosela, mientras el me acariciaba por todas partes. Estaba tan caliente que ni siquiera me hubiese importado que acabara ahí, al contrario que ganas tenia de que lo hiciera, pero mi yerno era un toro en la cama, ni muestras de querer acabar. Me folló la boca hasta que se aburrió, incluso hasta me dolió la mandíbula por tenerla tanto rato abierta.  Luego me colocó boca abajo y me penetró como un animal, bufando en mi oído, sintiéndome desfallecer de tanto placer, hasta que no aguanté más y deliciosamente acabé entre fuertes gemidos que no pude acallar. Pero él, nada, siguió y siguió perforándome sin piedad. Luego me colocó en cuatro como una perra en celo sobre la cama, con mis piernas abiertas, mostrándole todo. Obedecía tal geisha cada una de sus peticiones, igual algo asustada que me la fuera a meter por el culo, ya que como estaba de entregada seguro le decía que sí y si lo hacía con esa fuerza me partiría en dos. 

Esperaba ansiosa  nuevamente ese enorme pedazo de carne dentro mío, pero en cambio comenzó a jugar con el contra mi culo. Me lo pasaba por todos lados, me amasaba mis nalgas con fuerza y cuando menos lo esperaba, sentí su cabeza entre ellas, pasándome la lengua de arriba abajo, causándome un placer indescriptible. De ahí mi morbosos yerno se dedicó literalmente a comerme el culo, Me lo mordía, me lo lamia, me abría las nalgas y me metía la lengua en la concha y en el ano, haciéndome tiritar de placer.  Me dio una comida de ano y concha que casi me hace acabar de nuevo, y como si lo supiera, se levanta y agarrándome de las cadera, me mete hasta el fondo su herramienta, que no se si eran ideas mías, pero ahora estaba más grande aun. 

Si ya era una locura, ahora se transformó en una masacre. Me dio con todo, mis nalgas rebotaban y sonaban fuerte contra su cuerpo con cada una de sus embestidas y mis grandes tetas colgando chocaban entre ellas, mientras yo gritaba de placer sin poder contenerme. Cada vez que su verga salía y entraba, un fuerte gemido de placer se me escapaba involuntariamente. Me tiritaban los brazos y las piernas, luchando por mantener la posición de perra mientras mi yerno desquitaba su calentura contra mi cuerpo, diciéndome cosas morbosas, como preguntándome si me gustaba la verga de tu yerno metida en tu zorra, o diciéndome como le gustaba mi gordo culo.  Era tanto el placer que sentía que mi orgasmo se venía irremediablemente y queriendo que acabáramos juntos, comencé a pedirle que acabara , que le llenara de mocos la zorra a su suegra y un sinfín de cosas más , mientras él me preguntaba si lo quería , si lo quería una y otra vez y yo le gritaba que si, hasta que acabé monstruosamente gritándole que me corría , al mismo tiempo que él se descargaba con furia en mi interior , sintiendo su leche caliente rebalsar mi concha , sintiendo como por el interior de mis piernas escurría su semen y mis fluidos vaginales. 

No soy una mujer caliente, es más, me considero bastante tradicional incluso mojigata, pero él me transformaba. No sé porque lo hice, porque a pesar de haber acabado dos veces  y estar más que satisfecha, quería sentir el sabor de su semen en mi boca y sentándome en la cama se lo chupé así no más, con mocos y todo, cosa que nunca antes en mi vida lo hubiese siquiera pensado. 

Desnudos en la cama, riéndonos de la locura que habíamos cometido. Nos confesamos cosas, que él hace rato me miraba con deseo, que le tenían embobado mis grandes tetas, que soñaba con tenerlas (chupándomelas  suavemente mientras me contaba). Yo por mi parte también le confesé que me atraía mucho y que sí, me había mostrado más de la cuenta, confesándole que había entrado solo para que me viera, pero que nunca pensé en llegar a esto. 

Al rato después me pidió que se la volviera a chupar y como una gata en celo me  acomode entre sus piernas y jugué con ese pene en mi boca, nuevamente duro. Me tenía hipnotizada ese pedazo de carne de dimensiones espectaculares, lo lamia de principio a fin, le daba suaves besos, me lo pasaba por la cara, se lo chupe agarrándoselo con ambas manos y aun así me sobraba carne. Le chupé las bolas, metiéndomelas a la boca, haciendo un trabajo que nunca había hecho, incluso me pidió que bajara más y me encontré metiéndole la lengua en el ano, algo que ni por la mente se me había pasado alguna vez hacerle a mi marido.  Luego el me hizo sexo oral, con mis piernas abiertas, viendo como su cara se perdía entre mis gruesas piernas llegando también hasta mi ano.  Hicimos un 69 fabuloso por un buen rato, yo arriba de él, sintiendo como me inspeccionaba detalladamente cada uno de mis pliegues, abriéndome las nalgas, incluso metiéndome un dedo en el ano, algo que ni siquiera me dolió. Luego me folló como quiso, realmente era una geisha dispuesta a cumplir cada uno de sus deseos.  Terminé sentada sobre él, con toda su verga enterrada hasta lo más profundo de mí ser, con sus manos estiradas agarrándome las tetas. El solo la colocaba dura y yo hacía todo el trabajo, moviéndome a mi gusto, sintiéndome completamente llena de verga, hasta que luego de un buen rato ya no aguantaba más de calentura y se venía un nuevo orgasmo. Con los ojos cerrados moviéndome más rápido comencé a gemir más fuerte, cuando mi yerno me pide que le coloque la vagina en la cara. Adoptando la posición que me indicaban, quede arrodillada sobra la cara de mi yerno, afirmándome de la cabecera de la cama, sintiendo la lengua de mi yerno moviéndose a mil por hora, lamiendo mi clítoris, mientras con sus manos me abría la concha. Un escalofrió recorrió mi cuerpo, mis gemidos ya se escuchaban por todo el cuarto, involuntariamente convulsionaba de tanto placer, mientras mi yerno me pedía ahogado por mi concha que acabara en su boca. Tan solo con escucharlo ya no pude aguantar más y comencé a acabar escandalosamente, alcanzando un increíble  orgasmo sobre la boca de mi yerno que bebía mis fluidos pidiéndome más y más. 

Años que no acababa así,  tan deliciosamente. En ese momento mi yerno se sale, se para sobre la cama, yo aún arrodilladla y me la mete en la boca.  Sabía muy bien lo que se venía y no me importaba. Con una mano en la base de su miembro para evitar que entrara más de la cuenta, dejé que e follara la boca, hasta que al poco rato, ya cuando sus gemidos evidenciaban lo que venía, comencé a chupársela fuertemente hasta que siento mi boca inundada con su caliente leche. No quería tragármela la mantuve ahí mientras él seguía expulsándola. Me corría por la cara, casa a mis tetas y no la sacaba, hasta que no pude más y tuve que tragar un poco. 

Se quedó de pie restregándomela por la cara, mientras recuperaba la respiración, mientras yo sentía ese sabor amargo pero delicioso en mi boca. Me sentía como una puta, toda una hembra. Sentía el deseo de mi yerno por mi gordo cuerpo, sin importarme que me viera desnuda. Esa misma tarde me volvió a follar y terminé entregándole hasta el culo. Desde ese día me transformé en la esclava sexual y amante  de mi yerno. Cada vez que él quería, me agarraba, me manoseaba  y me utilizaba a su antojo, donde fuera y por donde fuera. Morbosos encuentros que duraron todo el tiempo que vivió con nosotros y que se mantuvieron esporádicamente después que se fueron de mi casa. Ya instalado en un nuevo trabajo y ganando bien me invitaron a que me fuera a quedar con ellos un fin de semana, me pareció genial ir, ya que nuestros encuentros sexuales se habían limitado considerablemente y como podrán pensar mi sexo anhelaba ser cogida por ese macho insaciable. 

Cada vez que tenía la oportunidad me restregaba su verga entre las nalgas, la verdad me ponía demasiado caliente que lo hiciera pero también tenía miedo a que mi hija descubriera lo que estábamos haciendo. Hubo un momento en que mi hija tuvo que salir a comprar unas cosas y me pidió que me quedara en la casa porque no quería que me aburriera yendo de compras, ya que era un trayecto de una hora en auto. “No te hagas problemas hija, me quedó viendo algo en la tv y entretenida con mi yerno” –le dije. Mi vagina ya estaba preparándose, sentía como mi ropa interior se pegaba por la humedad. Esperamos un tiempo prudente y ya cuando nos dimos cuenta que no volvería mi yerno me dice: “¡Tienes dos minutos para quitarte la ropa!”. Obediente a su mandato me desvestí tan rápido como pude. Él me observaba desde el sillón en silencio. “¡Ponte de rodillas!” –ordenó. Esa voz con la que hablaba me hacía estremecer por completo, llevaba tiempo sin que me cogiera y no iba a desaprovechar el momento que teníamos en cuestionamientos estúpidos. Me puse de rodillas esperando la siguiente indicación. Entonces, se coloca de pie y se paseaba a mí alrededor observándome. Me sentía nerviosa, él parecía león hambriento mirando a su presa, cada paso que daba hacia que me mojara más, cada mirada era como una brasa ardiente que quemaba mi piel. Se paró frente a mí y me dijo: “Baja el cierre de mi pantalón y mete mi verga en tu boca”. Sin pensarlo dos veces lo hice, el reencuentro con esa deliciosa verga me hizo alucinar, sentirla dura, hinchada llenando mi boca era el premio que estaba buscando. Pasaba mi lengua por su glande, él bufaba de placer mientras se la chupaba, se tomó de mi pelo marcando un ritmo endemoniado que hacía que me ahogara cuando sentía que su verga llegaba a mi garganta.

“¡Ponte en cuatro!” –me ordenó. Seguí obediente su instrucción. “¡Apoya esas tetas en el piso!” –dijo. Así lo hice, dejando todo mi culo y mi concha a su disposición. Me la metió de una embestida violenta que me hizo gritar de placer. Me daba con tanta fuerza que sentía que mi concha se partiría en dos, aunque no le decía nada, mis gemidos y la humedad de mi vagina decían demasiado. Él sabía que me tenía en sus manos y mientras mi hija estaba fuera, podía hacer conmigo lo que quisiera. Aprovechó cada minuto para darme con esa deliciosa fuerza que me tenía al borde de la locura. “Me gusta como tu concha se ajusta perfecto a mi verga Marta” –me decía mientras seguía dándome duro. Entre mis gemidos le respondía: “Me encanta ser tu puta, siento envidia de que mi hija te puede tener cuando ella quiera”. “Ahora estoy contigo y es lo que importa putita, que me complazcas tanto o mejor de lo que ella lo hace” –me dice.  Me gusta que me llame puta, porque solo una puta cogería con el esposo de su hija y se rendiría a sus oscuros caprichos. Me sacó su verga y fue por su celular para grabarme, eso fue muy excitante, más lo que me ordenó hacer para su complacencia. Me hizo que se la chupara y me dice: “Dile a tu hija lo mucho que te gusta chuparme la verga”. Me calentó demasiado su orden, no dudé en obedecerla. Mientras mamaba su verga decía mirando la cámara: “Mira hija a la puta de tu madre, comiéndole la verga a tu marido. Me gusta chupársela, me gusta que me la meta, me gusta ser su puta. Lo complazco como tú lo haces, como la puta que soy”. Terminé de hablar y me tiró al piso para seguir cogiéndome como un enfermo y yo enferma de placer por su verga. 

Mi vagina estaba tan mojada y abierta que no ponía resistencia, me la metía como un macho lo hace con su hembra. “Eres una buena puta” –me decía y me besaba con pasión. Acabé varias veces, hasta que él se apiadó de mí y llenó mi sexo con su semen, haciendo que escurra junto con mis fluidos. Quedé rendida, sudada y cogida, me ordenó no bañarme, sino que dejara que mi olor a hembra caliente se quedara conmigo. Me vestí y me puse a hacer algunas cosas en la casa a la espera de mi hija. Cuando llegó me dijo con una sonrisa: “Espero no te hayas aburrido cuando no estuve”. “No hija, me entretuve con mi yerno, se portó como un caballero” –le dije con una sonrisa de oreja a oreja. “Sí, en muy buen anfitrión” –me dijo.  Ese fin de semana fue lleno de lujuria, incluso me daba el gusto de masturbarme escuchándolos coger, aunque espero con ansias ese tiempo a solas en que soy su puta y lo complazco como se merece.

 

 

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Que rico es ese Dominio... Uffff
    Deliciosas descripciones detalle a detalle
    Excitante relato Mí Perverso😈😘
    Me encanta como haces volar la imaginación y el morbo en cada una de tus magnificas historias 💋

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  2. Ufffs que perverso relato caballero 👏👏👏👏

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  3. Que delicioso escrito de un fuerte dominio de macho a su hembra y volverla una outa a su más oscuro deseos que delicia
    Muy buen escrito Caballero

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  4. Muy buen relato, caliente moroso, una suegra muy cachonda

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  5. Caballero caliente y excitante relato.

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  6. Suertudo te yerno y si así está de rikisisima la suegra sin pensarlo yo la viera atravesado con todo y tuaya 👅💦💦💦💦💦

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