Le
avisé a Mauricio de la llegada de Joaquín, él se puso contento, ya que es su
sobrino regalón y hace tiempo que no lo veía. Buscamos entre las cosas un
colchón inflable para tenerlo listo y armar lo que sería su cama al lado de la
mía. Estaba ansiosa, no podía dormir pensando en que solo faltaban horas para
que mi hijo llegara; una mezcla de morbo y excitación me invadió, sabía lo que
sucedería pero no podía dejar de imaginar cada detalle de los momentos morbosos
que viviría ese fin de semana. Estaba desnuda en la cama, esa noche no quise
que mis dos amantes morbosos interrumpieran mi deseo, aunque estaba caliente
quería disfrutar tocándome pensando en mi hijo. Con el morbo encendido cerraba
mis ojos e imaginaba que él estaba en el colchón al lado mío dándose placer,
esperando a que yo hiciera algo. Imaginar que tendría un reencuentro con su
verga, ya que la última vez fue a los diecisiete por casualidad, lo encontré en
el baño masturbándose y por Dios sí que tenía algo delicioso para entregarle a
la zorra de su madre. Esa vez no sucedió nada por el pudor de ambos, ya que
nunca se me hubiese pasado por la mente hacer alguna con él, pero ahora ya es
mayor de edad, además se lo había prometido cuando mis sobrinos me estaban
dando placer y él estaba al teléfono. Mis pensamientos eran tan lascivos como
la forma en que me estaba tocando,
Con mis piernas abiertas a más no poder estimulaba mi clítoris, jadeando el nombre de Joaquín y disfrutando de un incontrolable placer, mis gemidos debía contenerlos, la humedad en mi vagina era tal como si me la estuvieran metiendo, me retorcía en la cama, mientras mis dedos causaban grandes estragos en mi perversión. Uno tras otros los orgasmos se fueron apoderando de mi cuerpo, estaba sudada pegada a la cama con ganas de una cogida que me hiciera sentir más puta de lo que ya se me sentía. Mi vagina pedía ser cogida con desesperación, palpitaba y chorreaba de ganas. Me levanté como pude y quité el seguro de la puerta, creo que no pasó mucho tiempo y apareció Antonio, mi sobrino mayor, ya venía al parecer con las intenciones de cogerme porque sin mediar aviso metió su verga en mi boca, habilidosamente la comencé a chupar como poseída mientras enredaba sus dedos en mi pelo. “Sabía lo que querías tía puta, ahora chupa como si no hubiera un mañana” –me dijo. Sin poner ningún tipo de resistencia mi boca se abrió para recibir esa deliciosa verga y comerla como una enferma. Se la chupaba con vehemencia, quería sentir el sabor de su semen en mi boca, entre más la tragaba más pensaba en Joaquín y entre él más jadeaba más caliente me ponía.
No pasó mucho tiempo para que Antonio se descargara de manera abundante en mi boca, regalándome cuatro chorros de su tibio semen, el que devoré con locura. “¡Vaya sí que estás puta hoy tía!!” –me dice. “No sabes cuánto, querido” –le digo. Entre la penumbra y la poca luz de la luna percibo su sonrisa perversa. Me toma y me coloca en cuatro sobre la cama, estaba alucinando demasiado y eso me tenía demasiado húmeda. No hizo más que colocar su verga en la entrada de mi vagina y ésta se deslizó sin problemas. Empecé a gemir al sentir como se aferró de mis caderas y me penetró como me gusta que lo haga, sin ningún decoro ni cuidado. “¡Eso, cielo, dame con fuerza!” –le decía entre gemidos. Muy obediente se movía con tanta fuerza que sentía que su verga llegaba a lo más profundo de mí ser. “¿Así te gusta tía puta?” –me pregunta. Casi no tenía voz para responder pero como pude contesté: “Sí, Cariño. ¡Cógeme como te coges a la puta de tu madre!”. Me nalgueó con fuerza, pude sentir el ardor de su palma que estampó en mi nalga. “¡Hazlo otra vez! Pero ahora con más fuerza” –le dije. Recibí otra nalgada que casi me hace salir lágrimas. Esa exquisita sensación de dolor era tan placentera que casi le suplicaba que siguiera mientras me seguía metiendo su verga. No sé cuántas veces me nalgueó pero si sé que acabé como una puta al sentir ese ardiente dolor en mi culo. Aun quería más, estaba hambrienta de sexo y quería aprovechar cada puto segundo con mi sobrino. Él sabía muy bien que había un incendio en mi sexo y él era bombero de apagar esa hoguera de lujuria.
Le ofrecí mi culo, regalo que no desaprovechó, el muy maldito me hizo dar un alarido de dolor cuando me la metió y me empezó a embestir con fuerza. “¡Pártele el culo a tu tía puta cariño!” –le decía sintiendo la fuerza juvenil del muchacho abriéndose paso en mi agujero. Se tomó de mi pelo y siguió con la violencia de sus embestidas. “¡Mierda, qué rico coges! Por eso nos tienes loca a tu madre y a mí, junto con tu hermano son unos malditos demonios” –le decía entre gemidos. No sé si eso aumentaba su ego o lo calentaba más pero sabía aprovechar mis estímulos para metérmela hasta el fondo, sin dejar espacio entre mi culo y su verga. Tomado de mi pelo y con sus brutales embestidas siguió nalgueándome. “¡Oh, qué rico! Soy tu puta” –decía y me movía intentando seguir su despiadado ritmo, el vaivén de mi culo lo hacía gemir. Al fin me liberó de la tortura y el placer que me daba su verga. Sentía mi culo abierto y palpitante. Mi hambre por su verga no cesaba, ya que en mi mente era Joaquín quien me estaba cogiendo. Se puso al borde la cama y me hizo que mi culo envolviera su miembro, el pervertido solo quería mi culo como el objeto de su placer, en mi deseo de complacerlo me senté sobre él. Me la metía tan rico que solo gemía de placer y acariciaba mis tetas, por la tenue luz de la luna que se colaba entre las delgadas cortinas podía verme y la manera demencial con la que me movía era la muestra perversa de la lujuria que recorría mi piel; me miraba y me sentía tan puta pero me encantaba no solo sentirlo, también vivirlo. De la manera que estaba siendo cogida era la tía puta de Antonio.
Me dice: “¡Tía puta voy a acabar!”. Rápidamente me bajé y me puse de rodillas con la boca abierta, se masturbó frenéticamente hasta que dejó chorros de semen en mi boca, los que tragué como poseída. Me la metí en la boca para no dejar nada y tragarme hasta la última gota. Con una sonrisa lujuriosa le dije: “¡Coges tan rico tesoro!”. Me hizo ponerme de pie tomándome del cabello y me dio un beso lleno de perversión, me miró a los ojos y dijo: “Eres mi tía puta y me gusta cogerte”. Salió del cuarto en silencio, me tiré en la cama y quedé tendida. Suspiré y cerré los ojos pensando en lo rico que fui follada. Me dormí plácidamente hasta que el sol entró iluminando mi cuarto. Desperté en la misma posición en que me acosté, me dolía el culo después de la noche intensa cogida que me regaló mi sobrino, me metí en la ducha para relajarme y dejar que en la tranquilidad de la ducha mis hormonas se calmaran un poco.
Ya más calmados mis demonios, me vestí y maquillé para la ocasión. Me puse un vestido corto sin nada debajo. Fui a la cocina para beber un vaso de jugo, estaba solo Maribel, vestía un short corto que apenas le tapaba el culo y una polera con tirantes con un escote que no dejaba mucho a la imaginación, toqué sus nalgas y le dije: “Te ves preciosa cuñada”. Sonrió y me dijo: “Tenemos algunas horas para nosotras”. Mi concha palpitó en seguida y a la mierda el agua, me puse detrás de ella para acariciar sus tetas y besar su cuello, ella movía las nalgas que se pegaban a mi pubis, yo, ya estaba caliente y húmeda, sus tetas no tenían brasier, por lo que sentía como sus pezones se ponían duros con mis caricias. Se volteó y nos dimos un beso apasionado, de esos que te hacen estremecer por completo la zorra sabía que no tenía más que el vestido puesto, por lo que metió su mano en mi entre pierna para hacerme gritar de placer. Sus dedos hurgaban mi conchita haciéndome estremecer, el roce en mi clítoris me hacía descender al infierno culposo del placer. Me llevó a la sala y me quitó el vestido. “¡Ay cuñada, que rica estás!” –me decía sin parar de masturbarme con lujuria. Estaba casi al borde del orgasmo pero la detuve, quería verla desnuda también, así que sin perder tiempo le quité el short y la polera, la puta estaba igual que yo, sin nada más debajo. “Me encanta verte así. Ahora túmbate en el sofá y abre las piernas” –le dije. La humedad en su vagina era alucinante y excitante. Me puse de rodillas y le pasé mi lengua desde el clítoris a su culo lentamente. Maribel gimió de placer, al sentir el recorrido de mi lengua por su intimidad, agarraba sus tetas mientras mi lengua se perdía en ese viaje de frenesí y perversión. Metí dos dedos en su culo, enloqueció de placer y decía: “¡Eso, putita, fóllame el culo!”. La penetraba con velocidad haciendo que se retorciera de placer, era tan puta como yo y me encantaba, me volvía loca con sus exquisitos gemidos.
Ambas presas de la lujuria nos tumbamos en el piso y entrelazamos nuestras piernas quedando unidas a nuestras húmedas vaginas. Comenzamos a frotarnos con locura, nuestros gemidos se mezclaban de la misma forma que lo hacían nuestros fluidos. Nos miramos a la cara viendo el placer que se dibujaba en nosotras y esas miradas que encenderían un bosque, era tan placentero sentir como su vagina se frota con la mía. Les puedo decir que estaba perdiendo la cabeza pero más aún el pudor en esas morbosas vacaciones. No estábamos tan lejos del orgasmo, ambas aguantamos lo más que pudimos, nuestros cuerpos no daban más de placer, mi vagina estaba palpitando igual que mi culo, la vista se me nublaba y temblaba al resistirme más allá de mis límites. “¡Oh, mierda, qué rico!” –le decía entre gemidos. Ya casi sin fuerzas ambas nos entregamos a lo inevitable, ese orgasmo que nos hace estremecer y perder la razón; fue tan intenso que por un momento creí perder la conciencia, solo cerré los ojos y me dejé llevar por los gemidos de Maribel, y los míos. Cubiertas de sudor y con cara de niñas traviesas nos vestimos sin importar el olor a sexo que teníamos, total éramos dos putas que se habían dado placer.
Casi con el tiempo encima, me fui al terminal de buses a buscar a Joaquín. El bus venía con algo de retraso, me quedé en el auto fantaseando, perdida en mi imaginación, cuando veo que entra un bus al andén. Me bajé ansiosa y con mariposas revoloteando en mi estómago. “Tranquila Luisa, no muestres lo puta que eres, no asustes a tu hijo” –me decía en mis adentros. Las puertas se abrieron y uno a uno los pasajeros empezaron a bajar, en eso lo diviso entre la gente que buscaba que el auxiliar del bus le entregara el equipaje, solo traía una pequeña maleta. Al verlo me quedé paralizada, se veía tan guapo, con una barba desarreglada de no más de una semana, jeans y una polera ceñida. Corrí como una adolescente gritando su nombre y di un salto para colgarme de su cuello, me importó una mierda que se me viera el culo porque el vestido se me subió casi hasta la cintura. Le di un beso en la mejilla y el me apretó con fuerza, sentí el roce de su bulto en mi vagina. “¡Vaya, sí que te alegras de verme mamá!” –dijo antes de besar mi mejilla. “No sabes lo mucho que te he extrañado hijo” –le contesté. Sonrió y dijo: “Yo también a ti, demasiado diría yo”. “¡Qué rico saber eso hijo!” –le dije. Me bajé lentamente deslizándome para sentir su miembro rozándose en mi sexo y así bajar lentamente mi vestido; creo que para quien me vio debió ser un espectáculo bastante morboso.
Nos fuimos a mi auto y le pregunté si quería hacer algo especial. Me miró con una sonrisa en sus labios y dijo: “Tentadora oferta tengo sobre la mesa, pero no es lo que yo quiera hacer, sino lo que tú prometiste hacer”. “Se nota que vas directo a lo que quieres, me calienta eso, pero recuerda que soy tu madre” –le contesté. “Nadie dice lo contrario. ¿Crees que estoy aquí por mis tíos?” –dijo él con tono serio. “Eso lo sabes tú, pero disfrutemos el momento primero como madre e hijo y después seremos más que eso” –le dije. “Muy bien, acepto la propuesta. Como mi madre, quiero que me lleves a comer hamburguesas y papas fritas, con una Coca Cola bien fría, porque tengo más hambre que el Chavo del 8” –dijo con una sonrisa. “¡Ay Joaquín! Yo hablando en serio y me sales con chistes” –le dije riendo. Charlamos camino a Zapallar, una localidad que no está tan lejos, ahí teníamos la ventaja de que nadie nos conocía. Al estacionar Joaquín me dice: “Desde que bajé del bus y corriste para colgarte de mí cuello me muero de ganas de darte un beso como corresponde”. Mordí mi labio y le dije: “No tienes que decirlo, solo hazlo”. Se acercó despacio y posó sus labios en los míos, de a poco su lengua invadió mi boca y mi lengua se entrelazó en la suya, ese beso me calentó en sobremanera, casi por instinto mis piernas se abrieron, él lo notó y metió su mano sintiendo lo húmeda que estaba, con lujuria no dejó de besarme y empapó sus dedos con mis fluidos los que lamió con placer, me dijo: “Eres una hembra en celo”. “¡Mmmmmm, por ti mi vida!” –le dije. Nos detuvimos para guardar esas ganas perversas de coger y caminamos por la Costanera de Zapallar tomados de la mano, la gente nos miraba, a una mujer que nos miraba fijamente le dije: “¿Qué tanto miras? Es mi hijo. ¿A caso te gusta?”. Desvió la vista casi al instante, aunque creo que el vestido dejaba ver mis pezones duros bajo la tela por la excitación que tenía. No la culpo de mirarnos, pero pudo disimular un poco, ya que era evidente su asombro de ver a una mujer mayor tomada de la mano de un chico guapo que dobla en edad. Seguimos nuestro paseo tomados de la mano, que ganas de besarlo con lujuria pero debía mantener la compostura.
Nos escabullimos a un motel cercano, el lugar era precioso. Cuando entramos a la habitación no hicimos más que cerrar la puerta para devorarnos en un beso intenso, de esos que te dejan sin respiración. Como una loca comencé a quitarle la ropa y deleitarme en que mi pequeño ya era un hombre y yo era su hembra en celo. ¡Oh, su verga erecta! Invitaba a comérsela de un bocado. Estaba deseosa, me quité el vestido y quedamos en iguales condiciones; ya estábamos listos para saciar nuestra lujuria y dejarnos caer en manos del placer. “Supieras las ganas que tengo de cogerte desde la llamada, varias veces me he pajeado pensando en este momento” –me dice. “¡Uy, mi vida! ¡Qué delicia!” –le contesto. Me senté en la cama y sin decir más metí su verga en boca, como pude intenté tragarla toda, me ahogaba pero lo estaba disfrutando al máximo; el placer prohibido de saber que no era correcto lo que estábamos haciendo era el combustible suficiente para encender más esa llama de deseo que nos consumía. Ver esa cara de place en mi hijo era algo insuperable y excitante, escuchar esos gemidos calientes que salían de sus labios al sentir como mis labios apresaban su mi miembro era un deleite para mis oídos. Tomaba mi cabeza para marcar el ritmo deseado, obediente seguía la instrucción que me daba sin decirlo, por lo que aumenté un poco más el ritmo.
Seguía con el juego perverso de mi boca en su miembro, hasta que me puso de espaldas sobre la cama, quiso saborear los fluidos de mi sexo. Su viaje pervertido por mi sexo comenzó con suavidad, al igual que mis gemidos. Me sentía en la gloria con esa maldita forma que tenia de lamerme, de a poco mis gemidos se hicieron más intensos, así como el comenzó a mover su lengua y a penetrarme con ella. “¡Oh, mi vida, me tienes tan caliente!” –le decía con mi voz ahogada entre gemidos. “¡Oh que placer!” –me decía en mis adentros. Aun no daba crédito a lo que estaba viviendo, eran torrentes de placer que me recorrían por completo que me hacían estremecer con ese exquisito recorrido de la lengua de Joaquín en mi sexo. Los orgasmos me golpeaban uno tras otro como las olas del impetuoso mar, sentía que mi cuerpo desfallecía pero no quería dejar de sentir esas placenteras de placer, sazonadas con el morbo de lo prohibido. Mi respiración estaba cada vez más agitada y mi corazón latía como si quisiera salir de mi pecho. ¡Diablos, sí que estaba caliente!
Después de quedar casi sin conciencia en la cama decidió que era tiempo de meter su verga en mis agujeros y usarme como una puta que espera ser follada. Me puso en cuatro y sentí como su verga se metió en mi concha sin contemplaciones, empezó a moverse de manera frenética, me hacía gritar, delirar de placer. “¡Así mi vida! ¡Dame duro!” –le decía mientras cada vez más rápido me embestía, el sonido de nuestros cuerpos chocando al ritmo de un vaivén exquisito hacia que mi cuerpo se estremeciera por completo. “¡Me tienes tan caliente!” –me decía con lujuria en su voz. “¡Nalguéame con fuerza! ¡Azota el culo de tu caliente madre!” –pedía a gritos. Comenzó despacio, para luego incrementar la fuerza en cada nalga. ¡Oh, sí sabía hacerlo bastante bien! Mis nalgas ardían, podía sentir como sus manos se marcaban. Con fuerza me hizo tumbarme por completo en la cama, se acostó a mi lado y me puso de lado, apuntando esta vez su miembro en la entrada de mi culo. Levanté mi pierna para facilitarle el trabajo y pudiera meterla de una. “¡Qué rico culo tienes mami!” –me decía mientras su verga se abría paso. Todavía sentía mi culo adolorido por la cogida que me dio Antonio en la noche pero eso no fue impedimento para dejar que mi hijo disfrutara de mi agujero. Sin compasión me follaba el culo mientras se aprisionaba de mis tetas, las apretaba y me susurraba al oído: “¡Quiero que gimas como puta mientras te la meto!”. Sus pervertidas palabras marcaban no solo lo que mis sobrinos y cuñada decían, sino que definitivamente lo era y me gustaba serlo, sobre todo para Joaquín. Mi culo ya estaba amoldado a su verga y el placer venia como corriente eléctrica que detonaban gemidos incontenibles de placer. Me importaba una mierda que mis gemidos fueran oídos en los pasillos o en las habitaciones de los lados, solo importaba satisfacer los deseos de ese macho furioso que me cogía como si fuera la más puta de todas.
No podía describir en ese momento el placer que sentía pero entendía que era algo que quizá arrastraba en el tiempo pero que ahora se liberó por completo. La sacó de mí y me dijo que me subiera encima de él. Le obedecí como una puta sumisa, nos mirábamos y nuestros ojos dejaban ver la lascivia que sentíamos, el siguió apretando mis tetas y retorciendo mis pezones a voluntad, mis movimientos lo tenían prisionero y mi cara de puta caliente le fascinaba. “He cogido con otras mujeres pero tú eres exquisita” –me decía. “¡Oh, hijo, sentir tu verga es uno de los mayores placeres que he tenido!” –balbuceaba entre gemidos. “Quiero que acabes dentro tesoro, dame ese rico semen en mi concha” –le decía en éxtasis. Solo me dejaba llevar por mi instinto exacerbado de puta. Cada vez fui aumentando mis movimientos, me sentía como si estuviera siendo atormentada por los demonios de la lujuria y la perversión, pasaba mis uñas por su pecho y él correspondía retorciendo mis pezones, era una mezcla demasiado excitante y placentera. No me resistí cuando mi vagina comenzó a palpitar más de lo usual y me dejé atrapar por un intenso orgasmo que me hizo gritar de placer. “¡Mierda, que rico!” “¡Dame tu semen hijo! ¡Llena mi concha!”. Caí en su pecho y él siguió metiéndomela tan rico que casi al instante otro orgasmo llegó, mi cuerpo ya no resistía tanto placer; sentir que acabó fue un alivio y a la vez satisfactorio, ya que mi vagina rebosaba de su esperma. Temblaba y jadeaba sintiendo como explotó su verga en mi interior y los borbotones de semen me inundaban por completo.
Descansaba sobre su pecho esperando que su verga saliera de mi interior, poco a poco se fue deshinchando hasta salirse por completo, mi vagina solo palpitaba de tanto placer mientras yo trataba de recuperar mis fuerzas. Me acariciaba el rostro con ternura y yo lo miraba como el macho que era y su hembra, en ese momento surgió un vínculo más fuerte entre nosotros, un vínculo que iba más allá de madre e hijo o de amantes ocasionales (ustedes entienden). Ya habían pasado algunas horas, debíamos regresar. Pasamos a comprar algunas cosas como para justificar la ausencia. Cuando llegamos estaban todos esperándonos y al ver a Joaquín lo recibieron con alegría. Maribel me miraba los ojos y sonreía disimuladamente, sabía que algo había pasado y no solamente las compras. En un momento a solas que tuvimos me interrogó, me sentí como una delincuente que había sido apresada y era interrogada por la policía. “¿Por qué tardaron tanto?” –me preguntó. “Emmm, porque el muchacho tenía hambre y después nos fuimos de compras” –respondí. “¿Le diste a comer vagina? Porque tienes una sonrisa que no te la despinta nadie” –me dice. “¡Ah, Maribel por Dios! Las cosas que dices” –le contesté. Me miró y sonrió, me dijo: “Sabes que no puedo juzgarte por eso. Además, si cogieron es cosa de ustedes, pero el chisme me gana y quiero detalles”. “Los detalles son muchos pero te diré que fue intenso” –respondí. Maribel sonrió y dijo: “Conociendo como eres, imagino a que sí”. Solo sonreí dejándole la duda sembrada.
La tarde siguió su curso de manera tranquila, la noche fue algo turbulenta no por algún tipo de problemas, sino porque tenía ganas de coger con Joaquín otra vez y pensar en eso no solo inquietaba mis demonios, también mi entrepierna. Cuando ya era tarde, después de compartir en familia cada quien se fue a su habitación, inflamos el colchón que Mauricio nos había proporcionado para que Joaquín durmiera y tendimos la cama con el fin de conservar las apariencias y no despertar sospechas. No fue necesario dormir con camisón esa noche, ya que el calor era insoportable, no es que la temperatura ambiente estuviera alta, sino la temperatura de mi sexo que anhelaba ser cogido una vez más. Con ese fuego consumiendo mi vagina me desnudé por completo, el deseo era tal que se reflejaba en mis ojos y le dije a Joaquín: “¡Quítate la ropa cariño! Aprovechemos el tiempo”. Se quitó la ropa rápidamente y se acostó al medio de la cama, su verga ya estaba erecta sin si quiera estimularlo, estaba tan caliente como yo estaba. Me tumbé a su lado y empecé a masturbarlo suavemente, lo miraba a los ojos y mordía mi labio, puso sus manos detrás de su cabeza y se dispuso a disfrutar. Lentamente lo pajeaba, él gemía suavemente mientras mi mano hacia el recorrido por su pene. “¿Te gusta hijo?” –le preguntaba mientras aceleraba un poco más el ritmo. “Demasiado, eres un putita muy caliente” –me respondió. Sus palabras eran un ingrediente potente a mi lujuria. Con la calentura a flor de piel me metí su verga en la boca y comencé a chupársela de manera feroz, el estímulo de mi boca lo hacía gemir e incluso contraerse de placer. Oírlo como disfrutaba era un deleite que me elevaba al cielo del placer extremo. Ni en mis fantasías más sucias se me hubiera pasado por la mente algo así, pero estos días de vacaciones me demostraron que podía vivir mi sexualidad sin reprimir quien disfruto ser en la cama y en todo momento: Una puta que adora el sexo.
En pocos momentos ya estaba saboreando su exquisito semen en mi boca, el cual tragué por completo, sin desperdiciar ni una gota. No importaba el cansancio de su viaje y la manera salvaje que cogimos en el motel, ambos estábamos deseosos de más. Con el deseo y la perversión a flor de piel le dije: “Joaquín cógeme como nunca antes lo has hecho”. Me levantó de la cama y me llevó a la pared, puso su verga entre mis nalgas y me la metió con fuerza. Mi culo era el objeto de su deseo y yo estaba dispuesta a dárselo cuando él lo quisiera, no hubo dolor, solo placer. Mis tetas se restregaban en la fría pared y mis pezones sufrían el efecto poniéndose cada vez más duros. Puso su mano en mi boca para acallar mis gemidos y embestirme con más fuerza. Me hacía delirar al sentirlo, me volvía demasiado loca la forma en que me cogía. Me la metió de todas las formas perversas imaginables siempre siendo su objetivo mi agujero. En cuatro sobre la cama, mientras mi hijo de manera habilidosa taladra mi culo es tan excitante que no puedo más que rendirme a un idílico orgasmo que me dejó al borde de la locura.
Después de unos minutos Joaquín acabó, dejando mi culo abierto y chorreando su semen. Caímos presos del placer y quedamos al lado del otro perdidos mirando el techo; solo espero que nadie en casa hubiera escuchado nuestro deliciosa manera de darnos placer. No por vergüenza, sino tendría que dar muchas explicaciones a quienes han sido mis amantes en este tiempo de vacaciones. Nos quedamos dormidos abrazados, desnudos y sudados. Al despertar compartimos una refrescante ducha y nos fuimos a la cocina donde estaban todos reunidos, al parecer nadie se dio cuenta o tal vez guardaron silencio pero nadie hizo ni un comentario al respecto. El último día transcurrió con tranquilidad, no quisimos hacer nada para no alterar la paz de la casa pero me llevo uno de los mejores recuerdos de las perversas vacaciones. Cuando estábamos despidiéndonos le dije a Maribel: “Ven a visitarme cuando puedas”. Ella sonrió y dijo: “Eso tenlo por seguro”. Ustedes saben lo que pasó en esa visita, darles detalles seria solo redundar en algo que fue placentero para Joaquín, mi cuñada y yo.
Pasiones
Prohibidas ®

Tus historias tienen una forma especial de despertar ese fuego en la entre pierna desde el primer instante.
ResponderBorrarDetalles muuuy excitantes
Que encienden la lujuria y estimulan ampliamente 😈🔥🔥
Un morboso y perverso relato Mí Señor.
Uffs, que perverso relato caballero. Exquisito, cada letra despertó lujuria 🔥🔥🔥👏👏 Siga así caballero
ResponderBorrarUfff que perverso relato como siempre Caballero exquisito
ResponderBorrarQue morbo e intenso, logra hacer que todo se caliente, gracias
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