Me llamo Maritza, tengo 40 años, pelo largo, ojos café, de tez blanca y como dicen mis amigas: “Tengo lo mío”. Por motivos de trabajo me ausenté del país, dos meses viviendo en el extranjero. Días antes de salir tenía una cita con un compañero trabajo y que iba a aprovechar al máximo. Nos citamos en un restaurant, la idea era comer y coger ya que nos teníamos ganas de hace tiempo pero no habíamos podido concretar nada. Me vestí para la ocasión, quería seducirlo. Tacones, medias y una tanga, una blusa que dejada al descubierto la línea de mis senos y que mostraba el borde de mi sujetador. Quedó embobado al verme, se puso de pie como un caballero y me acomodó la silla. “Te ves hermosa Maritza” –me susurró al oído. Mi piel se erizó, solo respondí “gracias”. Pedimos una botella de vino mientras esperábamos la comida, poco a poco en medio de la conversación me excitaba imaginando todo lo que haríamos.
Una vez que cenamos fuimos a su auto, me dijo: “¿Sabes lo que viene ahora?”. “¡Claro, por eso estoy aquí contigo!” –respondí. Estaba tan caliente que él podía notarlo solo con mirarme. En algún semáforo según el tiempo de espera aprovechaba para meter su mano entre mi falda y sentir la humedad de mi sexo. Sentir el roce de sus dedos en mi tanga me hacía estremecer y me mojaba más. “¡Vaya si estás caliente!” –me decía. “Sí, así me tienes” –contesté. Unos semáforos más adelante sacó su verga del pantalón y me dijo: “¡Demuéstrame qué tan caliente estás!”. Entendí de inmediato lo que quería, así que se la chupé. Cada vez que la luz cambiaba a verde lo masturbaba y en las rojas era mi boca la que hacía el trabajo. Llegamos a un motel y al entrar en la habitación nos besamos como dos enfermos, sus hábiles manos en un instante ya me tenían desnuda y a su disposición. “¿No sabes cuánto deseaba esto?” –me dijo. Lo acallé con un beso apasionado. Me lanzó a la cama y separó mis piernas, su lengua recorría mi vagina y yo me tomaba de la colcha cerrando mis ojos. Era exquisito, lujurioso y placentero. Sentía que mi cuerpo temblaba, sentía que mi corazón se saldría por mi boca y me perdía cada vez en ese intenso placer. “¡Eso, sigue!” –le decía entre gemidos.
Se desnudó, su verga estaba tan erecta que se veía exquisita, en seguida mi boca continuó haciendo lo qué quedó pendiente en el camino. Él me tomó del pelo y me follaba la boca haciendo que su miembro llegara a mi garganta. Me ahogaba pero era deliciosa la manera en que usaba mi boca para descargar su ímpetu de macho. Me dió vuelta y me puso en cuatro. Deslizaba su verga por la entrada de mi vagina, jugando perversamente con mis deseos. “No seas malo mi amor! ¿No te das cuenta lo húmeda que está esperando a que se la metas?” –le decía con mi mejor voz de puta caliente. Ni siquiera había terminado de hablar cuando me la ensartó y empezó a cogerme como un enfermo. “¡Eso mi vida! ¡Métela con fuerza!” –le decía. Firmemente aferrado a mí me daba con fuerzas metiéndola hasta la base. Ya no me podía aguantar, mi vagina era acariciada de manera sublime por la sensación del orgasmo. Cada embestida era un paso agigantado a ese abismo de placer hasta que entre gemidos sucumbí y acabé hasta quedar sin fuerzas.
Se tiró al lado mío y me dijo: “Todavía hay más”. Sonreí de manera perversa y me subí a horcajas encima de él. Su miembro no tuvo problemas en encontrar la entrada de mi vagina y se metió hasta el fondo. Mi cara fue invadida por el placer y comencé a moverme de arriba a abajo. Él se aferró de mis pezones y los apretó, los retorció haciendo que una exquisita sensación de dolor me invadiera. Me movía más rápido, él no se cansaba de torturar mis pezones y hacerme gemir como poseída. Me detuve por un momento para recobrar fuerzas y seguí moviéndome está vez de adelante hacia a atrás, apoyé mis manos en su pecho, el movimiento de mis caderas lo tenía preso y yo estaba presa del placer. Otro orgasmo me invadió y caí rendida sobre él. Me besó y dijo: “No hemos terminado aún”. “Lo sé mi amor, pero estoy exhausta” –le respondí. Rio de manera perversa y dijo: “Eso no importa”. Me colocó de lado y metió su verga en mi culo, un intenso dolor me invadió pero casi en instantes se transformó en placer. Sus frenéticos movimientos me hacían delirar de placer, me llevaba a lo más alto para hacerme caer al infierno de la lujuria, seguía aferrado de mis tetas, apretándolas con fuerza, sus dedos se clavaban en mis senos como dolorosas agujas que se incrustaban y dejaban su marca. Estaba sometida al éxtasis y mi devoción por complacerlo se acrecentaba mucho más.
Mi culo estaba tan abierto su verga ya ni tenía problemas para amoldarse perfectamente. Hábilmente me tomó y sin sacarla me hizo quedar en cuatro. “¡Muévete puta!” –me decía mientras sus dedos se enredaban en mi pelo. Movía mi culo de manera sensual deseando que acabara luego para que me diera su semen en dónde él quisiera. Cada vez sus movimientos se hacían más violentos, haciéndome gemir como una loca. Mis ojos se cerraban a causa del placer, me envolvía en esa deliciosa sensación que sus embestidas me daban. Su verga se hinchaba en mi interior y palpitaba, la señal era clara, estaba por acabar. La sacó de mi culo y me puso de rodillas en el piso, se masturbó deliciosamente hasta llenar mi cara de su tibio semen. Con mis dedos lo junté y lo llevé a mi boca para no desperdiciar nada. Complacido y exhausto me dice: “Sí que eres una buena puta”. “Lo soy, te quedó más que demostrado” –le respondí.
Nos vestimos para salir y me llevó hasta a mi casa. Nos despedimos con un beso apasionado y con la promesa de repertir la experiencia. Hice mis maletas para no estar a última hora con eso, guardé todo lo que una chica sola en un país extraño debería llevar, lo más importante un dildo por si no encontraba con quién portarme mal. Me pareció la situación ideal para experimentar y disfrutar de la vida, siguiendo el consejo de una amiga abrí un perfil falso en una página para encontrar parejas.
Ya llegó el día del viaje, estaba temprano en el aeropuerto, ya que mi avión tenía hora de salida a las 07:00 de la mañana. No serían más que dos horas de vuelo así que tendría casi todo el día para conocer y comportarme de manera traviesa si ameritaba el caso. Después de la larga espera y los trámites de rigor pude abordar sin mayor complicaciones, aunque el oficial del aeropuerto cuando revisó mi maleta y vio el dildo no dijo nada pero sus ojos lo dijeron todo. “¡Qué disfrute su viaje!” –me dijo. Al llegar al aeropuerto Comodoro Arturo Benítez de Santiago en Chile, lo primero que hice después de cumplir con la revisión de rigor fue contactarme con quién me estaría esperando para llevarme dónde me alojaría en el tiempo que estaría por allá. Al hacer contacto me llevó a su auto y me llevó a un pequeño apart hotel donde no habían muchos pasajeros.
Una vez instalada revisé el perfil, estaba lleno de invitaciones, insinuaciones y propuestas de diversos hombres, jóvenes, adultos y maduros. Sentí miedo pero me decidí a contestar algunos de los mensajes, elegí en primer lugar a un fotógrafo, nos citamos en una cafetería cercana a mi hospedaje, llegó un hombre joven, de unos 25 a 28 años. Todo hacía presagiar una mañana un tanto movida y con ganas de portarme mal. Pedimos jugos y café, y conversamos. Solo quería tomarme unas fotos, acepte fui al apart hotel, me puse un traje deportivo y una camisilla de verano y regresé a su encuentro. Mi corazón latía, tenía miedo y ansiedad, no sabía cómo iba a terminar todo esto, caminamos unas cuadras y nos instalamos en un motel, acordamos que ninguno de los dos saldría solo, saldríamos los dos, así se lo manifestamos a la administración.
Comenzó a tomarme las fotos y a elogiar mi cuerpo, con cada minuto me pedía poses más sugestivas, más eróticas, aceptaba, lo complacía, el ambiente era tenso, se erotizaba con los minutos. Después sacó de su morral una baby dolls de lencería baratas pero insinuantes. En los primeros minutos me trató como una reina, sus palabras eran respetuosas, después me pidió que posara en cuatro, me dijo que lo mirara como una perra, como la perra que era. Me empecé a excitar, mucho más cuando me dijo que parecía una puta caliente y con ganas de verga. El bulto de su miembro crecía. “Muéstrame tus tetas perra”. “Muéstrame el culo”. “Ponte en cuatro, muéstrame la concha y el culo”. Sus órdenes eran acatadas al igual que acatan las órdenes de sus dueños las perras, “¡Mueve tu calzón a un lado perra” –dijo de manera enérgica. Obedecí en silencio pero con mi respiración agitada. Se acercó, tomó la foto: su mano se posó sobre mis glúteos, me estremecí, lo bajó y acarició mi sexo. “Estás mojada” –dijo con excitación en sus palabras. Metió sus dedos sin pedir permiso. Entregada por completo empecé a gemir sin control, mi cuerpo respondía a ese lujurioso estímulo, lo miraba a sus ojos y veía perversión en ellos. Dejó la cámara de lado, y me chupó el culo, me sentí en la gloría, continuó masturbándome con sus dedos, pronto tenía tres en mi concha y uno en el culo. Mis gemidos eran intensos debido a la forma salvaje que me penetraba. Estaba tan caliente que solo le pedía que lo hiciera más rápido y perderme en el placer.
Me permitió desvestirlo, su verga emergió erecta, mojada, busqué mamársela, nos tomamos en la alfombra, se la chupé mientras él seguía con sus dedos en mi vagina. “Dame” –fue lo único que me atuve a decirle. Se incorporó, se puso un condón y me clavó en cuatro. Me la metió sin piedad, su verga se abrió paso sin problemas, estaba mojada y abierta por la bestial forma en que me había follado con sus dedos. Sin contar la verga que me había comido antes de viajar. Me tomó de las caderas y me la empujó con fuerza, solo resoplaba y tiraba sus caderas hacia atrás para meterla con más fuerza, duro unos tres minutos o menos, gimió y su pene se hinchó llenándome de semen se sentó, cerró los ojos, se quitó el condón y fue al baño. Para él fue un logro y para mí una decepción. Aproveche, tomé la cámara y borré las fotos, me vestí, le dije que tenía prisa. Salimos, caminamos por un parque, él abordó un taxi y desapareció, por razones obvias nunca más supe de él.
Regrese al apart hotel, mi corazón saltaba, me gustó a pesar de lo corto del coito, abrí el pc y tenía nuevos mensajes. Escogí uno al azar, le respondí, le dije que quería conocerlo, en dos minutos tenía la respuesta. Nos citamos para compartir un helado, me dio las indicaciones para el encuentro quedamos en vernos a eso de las seis de la tarde, así tendría tiempo para almorzar y jugar con mi dildo en la habitación, ya que mi encuentro anterior me dejó demasiado caliente. Me desnudé, todavía estaba mojada, fui a mi maleta y saqué a mi “compañero viaje”. Lo empecé a chupar lentamente como si estuviera disfrutando una verga real, lo metía completo en mi boca, me ahogaba y salía lleno de saliva. Mi vagina palpitaba ansiosa por sentirlo, busqué la entrada de mi concha y lo metí despacio, quería disfrutar la sensación de como se abría paso una invadiendo mi ser. Estaba con mis piernas completamente abiertas follándome con mi dildo, cada vez lo metía más rápido. Gemía como loca sin importar que alguien pudiera oír, mi cabeza daba vueltas y el placer se hacía más intenso. La humedad era tal que el dildo se deslizaba con total libertad por mi sexo, estaba tan perdida en el placer y en mis gemidos que no di cuenta cuando el orgasmo llegó y me hizo temblar como poseída. Cuando saqué el dildo mis fluidos recurrieron de mi sexo mojando hasta las sábanas.
Me di una ducha y empecé a arreglarme para la cita que tenía. Me puse un vestido ceñido y salí, el corazón palpitaba. Recordé las palabras de mi amiga: “Flaca tienes que desinhibida, así estos estos tipos pierden la cabeza y se enloquecen".
Llegué a tiempo, eran casi las seis de la tarde, hora del regreso a casa, de comidas rápidas, de una cerveza, la cuidad estaba en movimiento. Me estaba esperando, era un hombre alto, de contextura gruesa, camisa abierta, de pelo en pecho. Fragancia barata, jeans. Nos saludamos, estábamos nerviosos, me dijo: “Hace calor, mejor bebamos una cerveza”. Acepté. Encontramos un lugar discreto y él escogió una mesa apartada en un rincón. Comenzamos a conversar, los datos básicos, mentí y él mintió, que importaban nuestras vidas. Llegaron las cervezas, no sabía cómo soltarme, darle una pista para que dejara tanta pendejada y actuara. Tomé la botella, tome un trago lento y con lujuria, eso detonó el resto. “Te gusta tomar de la botella” –Me dijo. “Me encanta” –le contesté mientras pasaba mi lengua por el borde. Me besó, metió su lengua, le metí la mía, nos chupamos la lengua, me toco las tetas, le toque la verga. Parábamos un poco, tomábamos cerveza y él volvía a la carga, le respondía a sus caricias. Sus mano se deslizó a mi entrepierna, abrí mis piernas, tocó mis concha húmeda, super mojada, se calentó más, me metió los dedos y comenzó a preguntarme si me gustaba chuparlo, si me gustaba que me dieran por el culo, si era capaz de comerme dos tipos, qué tan puta era, etc., mientras sus dedos entraban y salían de mi concha.
Estaba sentada con las piernas abiertas tomando cerveza con un desconocido qué me metía tres dedos a la vagina, me preguntaba por mi sexualidad, mis respuestas lo enloquecían. Le toqué la verga por encima del pantalón, retiró su mano de mi concha y se desabrochó el pantalón, liberó una verga corta pero gruesa, mojada, y olorosa a sudor. Sus dedos regresaron a mi chocha, lo empecé a masturbar.
Su celular sonó, lo sacó del bolsillo, “¡Puta mi mujer! ¿Qué hago?” –dijo con voz desconcertante. No dudé y me lancé hacía su verga, empecé a mamársela con fuerza. “Salgamos” –me dijo. Se paró, se abrochó el pantalón, me paso un billete para la cuenta y salió apresurado. Pagué, el mesero me miro como diciéndome: “¡Te ví puta!”. Estaba en la calle, discutía con ella, le decía que estaba manejando y por eso se orilló para contestarle. Caminó un poco, llegamos a un auto. Abrió la puerta, subí, quería seguir chupandósela, arranco y de nuevo la llamada; tomó una vía lateral, se orilló y contestó. Ella lo recriminaba, él se defendía, yo lo acaricié, saqué su verga y lo masturbe, me fijé que no viniese nadie y se la chupé mientras el hablaba. Su cara era un deleite, intentaba hablar calmado pero se notaba demasiado que su respiración estaba agitada. El maldito infiel disfrutaba pero no podía expresarse como quisiera, ya que al otro al otro lado seguían las quejas de una mujer enojada. No duró mucho, su chorro de semen llegó a mi boca, lo recibí pero no me lo tragué, me quedé quieta y se le devolví sobre su pene flácido, me bajé del auto, no estaba tan lejos de mi alejamiento así que regresé caminando.
Me bañe, cené, me sentía caliente, dos experiencias no sé si buenas o malas, pero mi cuerpo necesitaba explotar en un orgasmo con una verga de verdad. Me conecté, tenía varios mensajes, uno de ellos me habló de ciber sexo, contesté, me respondió y entré a un gmail ficticio, era un hombre flaco, con barba, tenía una verga enorme que de solo verla mi vagina empezó a palpitar. Todo un experto, me llevó por el placer de la cámara, me masturbé con él anal y vaginalmente, acabé deliciosamente, quede exhausta. Me dormi. Desperté en la madrugada, me quedaba un día de descanso antes de ir al trabajo, decidí aprovecharlo. Conteste un par de mensajes y seguí durmiendo. A eso de las nueve me levanté, desayuné, me bañé, me puse un jeans ajustado y una blusa igual ajustada. Decidí ir al centro histórico de la ciudad, antes de salir revisé el mail, uno de los tipos me había respondido, me daba un celular, le contesté y le dije hacia donde iba, que lo llamaba una vez estuviese en la zona. Tomé el metro y a conocer.
Recorrí el centro, conocí La Moneda (Palacio de Gobierno), el Cerro Santa Lucia y el San Cristóbal. a eso del mediodía lo llamé, me respondió me dijo que estaba resolviendo unos asuntos laborales y que nos viéramos acordamos vernos en la Plaza de Armas, en dónde está el monumento a Pedro de Valdivia. Estaba ansiosa, tal vez por la calentura que tenía o por si el tipo llenaría mis expectativas sexuales. Llegó, saludo y conversaciones fatuas mientras caminábamos. Me invitó a tomar algo, pedí un jugo, le pregunté si vivía lejos por que tardó en llegar, dijo que no, había venido en su carro, tuvo un inconveniente. Le pregunté: “¿Tú esposa?”. Sonrió, “Sí, ella salía de visita a una comadre y me pidió que la fuera a dejar” –respondió. Le dio vergüenza expresarlo. Le dije: “No tengas vergüenza, a mi no me importa si eres casado o no, solo quiero pasarla bien y disfrutar al máximo". “Pensé que te molestarías por eso” –me respondió. “¿Cómo crees? Soy una mujer adulta no una niña, me hubiera molestado más si no hubieses llegado” –le dije con una sonrisa. “Entiendo. Además, esa es la idea pasarla bien un rato” –dijo. Sonreí y le dije: “Con lo cachonda que estoy, más que pasarla bien quiero portarme mal”.
Hubo un cambio de inmediato, fue por su presa, me acarició la rodilla, me beso y me invitó a caminar de nuevo. Fuimos por una calle que se llama Monjitas, me dice: “¿Conoces los cines para adultos?”. “Sí, en mi país hay pero nunca me he animado a entrar” –respondí. “¿Te gustaría conocer uno?” –me pregunta. Me mojé de solo imaginar el ambiente. Respondí: “¡Claro, la idea es conocer!”. Entramos a una galería en dónde habían algunas tiendas y en medio estaba el cine. Pagó las entradas, bajamos una escalera y estaba quien revisaba los boletos. Pasamos una cortina negra gruesa y estaba la sala iluminada por la pantalla, en cosa de segundos mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y buscamos un asiento. La escena que se proyectaba en la pantalla era de una chica que estaba siendo follada por el culo y sus gemidos eran alucinantes, sin darme cuenta ya tenía mis dedos acariciando mi vagina por sobre la ropa. Me sentía tan caliente viendo la pantalla, mientras las manos de mi acompañante acariciaban mis tetas. "¡Mierda! ¡Qué rico!" –pensaba en mis adentros. Levantó mi blusa, sacó mis senos por encima del sujetador y los acariciaba con libertad. "¿Quieres portarte mal? Este es el sitio indicado, mira a tu alrededor" –me dijo. Lo que ví me calentó mucho más, habían tres hombres al lado masturbándose pero no viendo la pantalla, sino viéndome a mí y el espectáculo que les estaba dando.
En mi calentura pensaba en lo rico que sería tener sus vergas en mi boca y chuparlas, desabroché mi jeans y metí mi mano entre mis bragas, estaba gimiendo de la misma manera que lo hacía la chica en la pantalla, alucinando y delirando de placer. Mi acompañante se enfocaba en lamer mis pezones que estaban duros por el estímulo de su lengua. Miraba a mi alrededor y ver a esos hombres que se mastubaban encendían mi lujuria al máximo. Una mezcla exquisita de morbo al saberme observada y deseada al sentir la lengua del hombre que me acompañaba deslizándose por mi pecho me hacía estremecer por completo. Estaba deseosa de verga mientras mis dedos seguían acariciando mi clítoris de manera frenética, no resistía las ganas de ser usada como la chica de la película. Mi compañero de aventura desabrochó su pantalón y sacó su verga, lo empecé a masturbar con habilidad pero dijo: “No quiero que uses tu mano, usa tu boca”. No pude resistir tal propuesta así que levanté el brazo de la butaca para acomodarme y metermela en la boca.
Cuando sintió que la calidez de mi boca envolvió su miembro se estremeció y dió un gemido de placer. Seguí devorándolo con suavidad, deslizando mi boca despacio para sentir cada centímetro, el roce de mi lengua en su glande lo ponía como loco, como un animal en celo. Sentía tanto calor que mi ropa era un estorbo. Le pedí que me quitara la blusa y el brasier, lo mismo hizo con mi pantalón y mis húmedas bragas. Quedé desnuda y exhibida mamándole la verga a un desconocido, cosa que para mí no era relevante ya que sabía que mi estadía sería corta y después volvería a la realidad en mi país. Me acomodé de tal forma que ocupaba dos butacas para tener la comodidad de masturbarme mientras estaba con mi boca ocupada. De pronto, sentí como una lengua invadió mi vagina, sorprendida miré para ver quién había era el osado macho que se había tomado la atribución de darme placer, era uno de los hombres que estaba alrededor. No le dije nada, lo dejé que hiciera lo que quisiera con la puta que estaba servida para el placer en ese momento. La habilidad de su lengua era impresionante, la manera en que invadía mi vagina me hacía estremecer. De pronto, siento unas manos invasoras es mis tetas, eran los otros dos que no querían quedarse fuera de ese juego perverso. Mi boca le daba placer a mi acompañante pero a la vez recibía placer de los osados participantws imprevistos.
La mi deseo era tal que solo quería que me cogieran entre todos. Entonces, me subí encima de mi acompañante, regalándole mi concha y dejé mi culo expuesto para que alguno de los otros se deciera a tomarlo. Entonces, uno de esos hombres misteriosos que acariciaban mis tetas metió su miembro en mi culo haciéndome gritar de placer, entre los dos se encargaban de darme eso tan exquisito que buscaba experimentar acá en Chile y lo estaba consiguiendo. Con cada una de sus estocadas mi cuerpo se acercaba a ese momento mágico del orgasmo. En mis adentros pensaba desde cuándo me había vuelto tan puta pero no tenía respuesta lógica, solo sé que en varias oportunidades desee vivir algo como ahora. Ya estaba al borde de ese exquisito orgasmo, mi corazón se aceleraba, mi boca se secaba y mi respiración era solo algo que hacía por la inercia, ya que apenas podía contener el aire. ¡Al fin! Mi culo y mi concha me llevaron a ese tan anhelado orgasmo, mis amantes seguían dándome con fuerza, mientras yo me perdía en el placer intenso. Ellos, a los minutos tenían invadidos mis agujeros por su espeso semen, haciéndome caer un trance sublime de placer. Los otros dos observaban con detalle la escena sin participar, cómo para darme un respiro.
Poco tiempo después se acomodaron de la misma forma que los otros dos para tener su parte de ese botín que se había repartido entre ellos. Otra vez mi concha y mi culo eran invadidos por dos vergas. Empecé a moverme para que vieran que aún tenía fuerza para hacerlos disfrutar y dejarlos satisfechos. El sudor corría por mi frente y recorría mi rostro, todo mi cuerpo estaba envuelto por él pero no detendría hasta obtener otro orgasmo y morir de placer. Ya mi cuerpo no daba más pero mi deseo era más grande que mi resistencia. Hasta que al fin, cómo si estuviéramos sincronizados, acabamos al mismo tiempo. Para cerrar ese momento glorioso mi acompañante me dice: “Eres una puta exquisita y te vamos a dejar otro recuerdo”. Mi mente divagaba en lo que iba a suceder, me dijo que me tumbara en el piso y los cuatro estaban de pie a mi alrededor. Cómo una puta me empecé a masturbar para ellos y ellos con sus vergas ya flácidas me orinaron por completo, lo que provocó en mi un intenso orgasmo. Llena de semen y orina me vestí y disfruté de lo que quedaba de película con la satisfacción de haber alcanzado lo que quería en este viaje. Después, mi acompañante me llevó cerca de mi hotel. En mi habitación me di una ducha para descansar, esa tarde decidí cerrar el perfil que me había creado y dar por concluida esa incursión.
Les puedo decir que los días siguientes fueron deliciosamente perversos, ya que no necesité de ese perfil para buscar placer. Era solo cuestión de ir a ese cine para coger casi a diario con desconocidos y ser una puta. Cuando regresé a mi país lo hice de manera diferente, tenía la valentía de ir a los cines porno de mi ciudad para encontrar ese placer que Santiago de Chile me enseñó a vivir.
Pasiones Prohibidas ®

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ResponderBorrarQue delicioso relato en el cual la tratán como una perra en celo quería desbordar ese placer que lleva dentro, me encanta esa manera de ser cogida tan perversamente y que le cojan por todos sus ajugeros hasta dejarle satisfecha .
ResponderBorrarFelicitaciones Caballero
Siempre te he dicho que tu talento con las letras es ¡increíble!
ResponderBorrarTodas y cada una de tus historias
Despiertan sensaciones muy placenteras 🔥
Es muy agradable adentrarse en las historias atravez de los detalles,
Me gusta mucho como escribes.
La redacción es genial, la narrativa es excelente.
Siempre te he admirado por ese talento tan tuyo tan propio de escribir no solo aquí ...
Ya sabes cuales son mis lecturas favoritas ☺😉
Gracias por toda la dedicación que le imprimes a cada historia
Como siempre... Un excelente y muy excitante relato Mí Cielo 😘
No cabe duda que el busca encuentra y vaya si encontró donde hacer realidad una de sus fantasías, exquisito relato como siempre Mr. P, tienes una atención a los detalles que despierta sensaciones placenteras y da vuelo a la imaginación, gracias por seguir compartiendo.
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