Faltaban pocos días para la fiesta de fin de año a la que habíamos sido invitadas Nancy y yo por don Ricardo, teníamos altas las expectativas ya que no sabíamos lo que nos depararía esa noche. Además, que excusa inventaría a mi familia para no pasar la noche de Año Nuevo y por otro lado Nancy, ya que tendría que deshacer los planes hechos de pasarla con su hijo. Después de tensas negociaciones con el patán de su ex, éste accedió a qué pasará la navidad con nosotras.
Era día de oficina, cómo siempre había ansias en mí de reencontrarme con don Ricardo, solo verlo alegraba mi día y agitaba mi entrepierna. Un mensaje entra a mi celular. "¿Ya llegó el Señor?" –me preguntan. "No, aún no" –respondo. "Supongo que ya estás húmeda pensando en verlo" –me dicen. "Claro tesoro, tú sabes que sí" –contesté. Era mi hermosa Nancy con quién habla, para que no especulen ustedes mal pensados. "Sabes, estuve pensando en lo que pasó el otro día en la oficina" –me dijo. "¿Qué pensabas?" –le pregunté. "En todas las cosas sucias que hicimos y lo mucho que disfruté estar con los dos" –dijo. "¿En serio? Yo también pensaba en lo mismo y en cómo nos dejamos llevar por la calentura" –le dije. "Sí, ese hombre tiene algo que atrapa, algo que sin pensar te hace obedecerle sin cuestionar nada, solo lo haces por la satisfacción de que sea complacido" –me dijo. "Es que ni yo misma podría responder eso, su presencia hace que todo cambie y gire a su alrededor" –le decía. "Sí, me gusta que te sientas puta con él y conmigo" –me dijo. En ese momento entró, me puse de pie para darle los buenos días. Solo una seña apuntando su oficina me dio a entender que quería hablar conmigo. Le dije a Nancy que ya estaba en la oficina y que mis bragas solo al verlo ya estaban húmedas. "Ve y atiende a tu Señor, besos putita" –me dijo.
Golpeé la puerta. "¡Adelante! Pasa Viviana" –me
dijo. Entré y enseguida me puse de rodillas ante él esperando su orden.
Acarició mi rostro y dijo: "Ponte de pie". Obedecí inmediatamente. Se
paró frente al gran ventanal de su oficina mirando el horizonte con esa postura
erguida y sus manos atrás. ¡Qué sensual se ve! "Quiero saber si ya está
todo listo para la fiesta de Año Nuevo" –dijo con esa voz viril que me
enloquece. "Sí mi Señor, ya está todo resuelto por Nancy y por mí,
estaremos disponibles para lo que usted desee" –le contesté.
"Interesante respuesta Viviana" –me dijo. Sonreí como una boba.
"Lo que yo desee puede ser un concepto muy amplio" –dijo con
seriedad. "Lo sé mi Señor y por eso lo digo, sabiendo y entendiendo
perfectamente mis palabras" –le respondí. "Más tarde tengo una
reunión en un hotel, pero reservé una suite para que vengas con Nancy después
del trabajo" –me dijo. "Veré lo que puedo hacer" –dije.
"Sabes que esa palabra no me gusta, las respuestas ambiguas no son de mi
agrado, te has caracterizado por ser una mujer segura en tus respuestas y a
estas alturas me sales con esto. Apoya tus manos en el escritorio" –dijo
con enojo. Obediente apoyé mis manos, sabía lo que venía por mi imprudencia.
Desabrochó mi pantalón y lo bajó junto a mis bragas, sin decir nada comenzó a
nalguearme con fuerza, sentía como su mano quemaba mi piel y ese exquisito
ardor; fue imposible no mojarme más de lo que ya estaba con solo estar ante su
presencia. Uno tras otro esos duros azotes laceraban mi piel de una manera tan
exquisita que no podía contenerme de gemir, lo que era música para los oídos de
mi Señor. Cuando él estimó que ya era suficiente, me ordenó arreglar mi ropa y
estar presentable. "Gracias mi Señor por corregir mi imprudencia" –le
dije. Tomó el teléfono y llamó: Nancy, Pueyrredón por acá, necesito que vengas
enseguida a mi oficina" y cortó. No pasaron más de cinco minutos y Nancy
estaba golpeando la puerta. "¡Adelante, pasa!" –dijo con tono
enérgico. "¿En qué puedo servirle Señor Pueyrredón?" –le preguntó.
"Quiero que te bajes el pantalón y las bragas" –le dijo. "Pero,
Señor..." –alcanzó a decir. "Pero nada, obedece". Nancy respiró
profundo y lo hizo. "Viviana, colócate en la esquina de la oficina y voltéate
mirando la pared con las manos atrás" –me ordenó. Me puse en la posición
que me indicó. Entonces de la misma manera que hizo conmigo comenzó a nalguear
el culo de Nancy, podía escuchar el sonido de su mano en el delicioso culo de
ella y como gemía en cada golpe. Estaba caliente, deseosa por observar pero no
me fue permitido pero imaginaba la cara de zorra de Nancy y la humedad de su
vagina corriendo por sus muslos. ¡Oh, era tan excitante! Esa rudeza
característica en él y la perversión con la que jugaba con mis emociones me
hacía desearlo cada vez más. Cuando escuché que le ordenó a Nancy arreglar su
ropa entendí que la tortura había terminado.
Le dijo a Nancy de la suite en el hotel y que esperaba que fuéramos después del trabajo, ella respondió: "Señor, será un placer estar ahí". ¡Maldita zorra! Pensé con una sonrisa en los labios. "Pueden retirarse" –ordenó. Al salir, obvio Nancy me preguntó: "¿Qué hiciste?". "Dar una mala respuesta" –le dije con tono travieso. "Ah. Ya veo y por tu culpa ahora tengo el culo adolorido" –me dijo. No sabía que decirle, entonces con cincuenta por ciento de cagarla más le respondí: "Cosas que pasan". Se rió y me dijo: "¡No puedes ser tan puta!". "Ah ¿y tú? ¿Seguro no lo disfrutaste?" –le dije. Entonces me miró a los ojos y me dijo con una sonrisa: "Soy inocente hasta que se demuestre lo contrario". Casi huyendo salió en rumbo a su puesto de trabajo. Pasaron las horas y mi Señor sale en rumbo a la reunión que tenía agendada. "Te mando la dirección por WhatsApp" –me dijo. "Está bien mi Señor" –respondí.
Nancy había preparado el almuerzo para ese día así que no fuimos al restaurant cercano a la oficina, nos quedamos en el comedor. La hora del almuerzo junto a Nancy fue un mar de preguntas, sabíamos que mal no la pasaríamos pero no sabíamos que traía en mente mi Señor. "¿Qué crees que don Ricardo tiene pensado para nosotras?" –me preguntó. "No lo sé, no me dijo nada. Además, sabes que es muy cauto en decir las cosas" –contesté. "Tienes razón. ¿Sabes de qué tengo ganas ahora?" –dijo. "De la manera en que conozco y de lo putita que eres. Creo que tienes ganas de lamer mi vagina hasta volverme loca de placer" –dije con voz sensual. "¡Uy, que pervertida mi amor! Pero si es verdad. Me muero de ganas de ser tu sucia perrita y que me hagas hacer lo que quieras" –dijo en tono agitado. "Me gusta cuando te pones a jugar con mis demonios, solo porque sabes que no me puedo contener a tus malditos encantos" –le dije. Terminamos de comer y nos fuimos a nuestro perverso cubículo del baño para hacer algunas travesuras; nuestros cuerpos se conocen tan bien que no necesitan muchos estímulos para alcanzar el placer. Me basta sentir en roce de sus labios para entregarme por completo al éxtasis del placer, metí mi mano entre su pantalón y la tanga encontrando la humedad de su sexo, separa un poco las piernas y me deja explorar con libertad su hermosa vagina, sus gemidos son tan sensuales que me vuelven loca. "¡Oh Nancy, mi amor! Me encanta como gimes" –le digo. Me besa con pasión, metía su lengua en mi boca de una manera tan caliente que me hace alucinar. Cuando la zorrita acabó desabroché mi pantalón y bajé mis bragas. "Cómeme la concha, puta" –le dije. Se arrodilló y hundió su boca en mi sexo. ¡Por Dios, sí que sabe hacerlo! La puerta del baño se abrió, no importaba que nos oyeran, así que siguió sin si quiera preguntarse quién había entrado, mis gemidos tampoco los disimulé, solo me dejé llevar, así que quién haya sido quien entró, salió casi al instante al oírnos en nuestro juego perverso. Fueron cosas de minutos que estaba contorsionada con mis pies apoyada en las paredes del cubículo del baño cuando el orgasmo se apoderó de mí. Masajeaba mis tetas y apretaba mis pezones mientras el placer inundaba mi cuerpo, no podía contener mis ganas de gemir, así que dejé que todo fluyera con la mayor naturalidad. “¡Oh, Dios mío! ¡Qué placer me haces sentir puta!” –le decía a Nancy, quien no dejaba de extraer mis fluidos con la punta de su lengua.
Pasaron las horas restantes del día, en eso sonó mi celular: “Supongo que están por salir” –se escuchó al otro lado. “Sí mi Señor, faltan solo minutos” –le contesté. “Muy bien, el chofer las estará esperando en el estacionamiento” –dijo. “Muy bien Amo, estaremos ahí”. Ya son las seis de la tarde, corrimos con Nancy al reloj para marcar nuestra salida. Tomamos el ascensor al estacionamiento, ya estaba el chofer esperándonos con la puerta abierta; rápidamente nos subimos y emprendió la marcha. Llegamos al Hotel Sheraton San Cristóbal, pasamos a la recepción a retirar la tarjeta lleve de donde nos estaba esperando mi Amo. Pasamos a la Suite Presidencial en el piso 22. Hay estaba Don Ricardo esperándonos con su postura erguida y mirando la ciudad que de a poco se empezaba a teñir de negro y era iluminada por las luces, sin dudas era un espectáculo digno de admirar. Por alguna razón Nancy y yo caímos de rodillas y dijimos: “¡Aquí estamos para usted!”. No nos habíamos puesto de acuerdo, sino que salió de forma espontánea. Él se volteó y nos dijo: “Ya veo”. Se acercó a una pequeña mesa en donde había una botella de whisky y un vaso. “¿Quién de ustedes será la puta que me sirva un trago?” –dijo en tono enérgico. Casi al instante me puse de pie me acerqué para servir el trago a mi adorado Amo. Me puse de rodillas a su lado para esperar su siguiente orden. Nancy estaba cerca de la puerta con sus ojos hacia el piso y aun de rodillas.
Otra vez se acercó al amplio ventanal de la habitación y dijo: “¡Quítense la ropa!”. Obedientes a su mandato nos desvestimos. “Ahora vengan hacia el ventanal, las quiero una a la izquierda y la otra a la derecha” –dijo con ese tono autoritario que le caracteriza. Sin decir nada apuntó el piso, entendiendo su seña nos pusimos de rodillas tal como lo indicó. “Bueno, ustedes saben que el 31 de diciembre hay una “fiesta de gala” donde quiero que me acompañen, pero antes deben saber algunas cosas” –dijo. Creo que tanto en Nancy como en mí creció la expectación por saber de qué se trataba. Entonces siguió: “Irá gente demasiado importante, gente que está dentro de las altas esferas de la sociedad y por ende se exige discreción de todo lo que vean y oigan. También deben comportarse a la altura del caso” –dijo. Me sentí nerviosa al oír lo que estaba diciendo, por lo que pedí permiso para hablar. Me miró con el ceño fruncido y dijo: “Habla”. Tomé aire y pregunté: “¿Requerirá algo especial de nosotras mi Señor?”. Su respuesta fue categórica: “Por eso están aquí”. Miré a Nancy como buscando una respuesta, al encontrarse nuestras miradas ella se mordió el labio mostrándome que estaba excitada, tanto como yo. “Estaremos aquí hasta que aprendan todo lo relacionado con lo que verán y oían. Les conseguí permiso en Recursos Humanos para que se ausenten hasta ya el próximo año, ya queda poco tiempo para la navidad y sé que tienen planes para esa fecha que no se pueden posponer” –dijo.
Esa tarde estuvimos siendo educadas por mi Amo en los protocolos que regirían esa fiesta, como por ejemplo con las demás personas en la misma posición de mi Amo, si debíamos mirarlos o no a los ojos, si podíamos hablarles libremente o no; así también con las personas que estarían en nuestra posición. Nos explicó que cada falta seria duramente castigada, que él no pondría el castigo, sino que iba a ser impuesto por el anfitrión pero que él sería quien lo ejecutaría. Escucharlo hablar me ponía demasiado caliente, ya que se tomaba muy enserio lo que nos estaba diciendo. Tanto para Nancy como para mí era imposible no calentarse ante semejante hombre, ya que nos mantenía embrujadas con su mirada y con la forma en que se expresaba, sin estar atadas era como si cuerdas nos rodearan por completo y nos quedábamos inmóviles ante su presencia. Mis ojos buscaban los de Nancy, sabíamos lo calientes que estábamos y nos moríamos de ganas porque Don Ricardo nos usara, pero él detenidamente explicaba cada paso que debíamos seguir. Nos dijo que ese día solo llevaríamos liguero con medias y tacones altos, que seriamos llevadas por él como son paseadas las perras en el parque: Con collar y cadena, y que nuestra obediencia debía ser total a él en todo momento. Escuchar eso nos hizo estremecer y sin proponerlo ambas suspiramos a la vez, nos miró y preguntó: “¿Se calentaron par de putas?”. Nuestra respuesta fue al unísono: “¡Demasiado!”. Como no regresaríamos a casa por la noche teníamos mucho tiempo para que él se decidiera a usarnos a su antojo y cuando así lo dispusiera.
El deseo se hacía insostenible y nuestras ganas de estar a su disposición nos hacían temblar imaginando cada caricia perversa, cada azote que nos daría y la forma brutal que tiene para coger. Cuando terminó de exponer sus puntos, llamó al chofer para que trajera lo que él había pedido. No pasaron ni cinco minutos cuando sonó el timbre y el chofer llegó con un bolso, lo dejó en la puerta y don Ricardo le dijo que se fuera a descansar ya que se quedaría en el hotel y que si debía salir le avisaría. Llamó a la recepción del hotel y pidió no ser molestado, ya que estaría ocupado en algunas cosas y que si se le ofrecía algo llamaría personalmente. “Ahora, vamos a probar algunas cosas y serán sus límites puestos a prueba” –dijo mirándonos con una sonrisa maliciosa. “Viviana, vas a ser la primera” –me dijo. Fui hasta él gateando y dispuesta a someterme a sus demonios. De manera meticulosa sacó todas las cosas que estaban en el bolso y las ordenó sobre la cama. Tomó un gagball y lo puso en mi boca, para después ajustarlo por detrás de cuello. “Quiero que te pares en la ventana mirando hacia afuera con los brazos en alto y las piernas separadas. Obediente a sus deseos me coloco como lo indicó. Siento como sus manos se deslizan por mi espalda lentamente, me estremezco porque sé que esas caricias buscaran mis nalgas y se adueñarán de ellas.
Alucinaba sintiendo el recorrido de sus varoniles manos, mi respiración se agitaba y mi saliva se acumulaba en mi boca, saliendo por la comisura de los labios, babeaba como una perra en celo al sentir las perversas caricias de mi Señor. Jaló mi pelo y me susurró al oído: “¡La zorra está caliente!”. Me nalgueó con fuerza, dejando ese delicioso ardor que se mezcla con el dolor y el placer. Lo hizo una vez más, ahora en mi nalga izquierda. Cada vez que me nalgueaba era como si brasas incandescentes se posaran en mis glúteos, quemándome hasta las entrañas. Por unos minutos se detuvo, por el reflejo del vidrio vi que Nancy estaba de rodillas intentando contenerse para no tocarse. Mi señor tomó una fusta y se acercó, le dijo a Nancy que no perdiera detalle lo que iba a suceder. Mis ojos se cerraron y me dispuse a soportar los azotes que me daría solo por el placer que a él le proporcionaba hacerlo. Con la fusta azotaba suavemente mi vagina, intentaba gemir pero no podía hacerlo, solo se sentía mi respiración agitada, entonces Nancy dijo: “Don Ricardo, ya no aguanto más. ¡Permítame tocarme por favor!”. Su tono era suplicante, él se volteó y le dijo: “Puedes hacerlo, pero no tienes permitido acabar”. Nancy se tumbó en el piso y separó las piernas lo más que pudo para darse placer, pero sabía muy bien que no podía haber clímax. Escuchar los gemidos de Nancy me calentaba más de lo que ya estaba pero también me calentaba cada azote que me era dado en la vagina por la fusta de mi Amo. Cada vez esos azotes se hacían más intensos y se repartían en mis nalgas. ¡Qué sensación más placentera! No me ha cogido y siento que estoy al borde del orgasmo, es un verdadero demonio pervertido que sabe llevarme muy bien a su infierno de lujuria. Me quitó el gagball, me hizo arrodillarme y el muy pervertido sacó su miembro, estaba deseosa por tenerlo en mi boca, pero ese no era su plan, cuando abrí la boca para engullir su verga erecta, me orinó para marcarme como su sucia puta. La tibieza de orina recorría mi boca y caía por mi pecho, me encantó que lo hiciera ya que mi deber como su sumisa era complacerlo y ser usada como él disponga.
Después de eso, tomó un flogger de nueve colas y azotó a Nancy con vehemencia, podía ver como la piel blanca de ella se tornaba primero rosa, pasando después a un rojo intenso. Era demasiado excitante oírla gemir en cada azote que recibía, para ella eran caricias que nuestro Señor le daba. La volteó e hizo lo mismo con sus tetas y abdomen; Nancy solo gemía de placer mientras la observaba. Su cuerpo temblaba, su mirada era de placer, mientras don Ricardo se deleitaba en azotarla como un verdugo de la inquisición, su cuerpo hermosamente flagelado y marcado por cada azote resaltaba su hermosura. “¡Dame las pinzas qué están sobre la cama” –me ordena, las entrego de rodillas ante él. Las toma y las coloca en los pezones erectos de Nancy, ella lanza un grito de dolor. Estaba excitaba observando su cara de dolor y la manera deliciosa en que ese grito sale de su ser llenando por completo la habitación. Mi vagina palpitaba al ver como nuestro Señor flagelaba el delicado cuerpo de Nancy, llevándola a los extremos. Don Ricardo se detiene y le dice a Nancy que se ponga de rodillas, la orinó encima como a mí. “¡Gracias mi Señor por ese placer que me provoca!” –dice ella. Le indicó que tomara posición a mi lado, ambas estábamos de rodillas admirando a ese hombre imponente, con un carácter fuerte.
Nos mira con detenimiento, nos examina, se acerca; nuestros cuerpos tiemblan no por miedo sino porque su presencia nos hace sentir de esa forma. Me toma del cabello y me lanza a la cama, lo mismo hace con Nancy, nuestra respiración se agitó y jadeábamos al verlo de pie. Al instante nuestras piernas se abrieron por el deseo que nos invadía. “Veo que están húmedas y calientes” –nos dice. “Por usted mi Señor” –responde Nancy. “¿Qué esperan para quitarse las ganas? ¡Fóllense putas!” –nos dijo. La perversión en sus ojos indicaba que todo estaba permitido, no haría límites para desatar nuestra lujuria. Él se sentó cómodamente tomando palco para ver como sus putas lo complacían teniendo sexo entre ellas.
Nos comenzamos a besar de manera apasionada y a recorrer nuestros cuerpos con lujuria, él nos observaba inmutable; nos tocábamos como si fuera la primera vez, explorando nuestros cuerpos con detalle y con calma a pesar de la lujuria que nos consumía. Las manos de Nancy se deslizaban despacio por mi cuerpo, hasta que se posaron en mi sexo, con suavidad separó mis labios vaginales y empezó a masajear mi clítoris con perversión pero de manera delicada. Mi cuerpo reaccionó al estímulo y me retorcí al sentir como poco a poco aumentaba su ritmo. “¡Uffff! ¡Qué exquisito!” –le dije. Ella siguió masajeando mi clítoris arrancando gemidos de mi ser que me hacían sentir más caliente de lo que estaba. Nuestro Señor nos miraba con perversión en sus ojos, él esperaba más de nosotras y queríamos complacerlo de manera que se merece. Nancy se subió encima de mí y me besaba de esa manera sucia que me gusta, pasaba su lengua por mi rostro pero la muy puta no soltaba mi clítoris que estaba rendido al frenético ritmo de sus dedos. La tomé de las nalgas y se las apretaba, me encanta su culo firme, no resistí las ganas de nalguearla. “¡Hazlo más fuerte!” –ordenó mi Señor. Le arrancaba gemidos y alaridos de placer, cada nalgada era más fuerte que la anterior. Nancy se pone en cuatro y me regala su hermoso culo para que lo nalguee a mi antojo. Mis manos estaban marcadas ya con cada golpe, mi calentura era tal que no aguanté y deslicé mi lengua desde su vagina a su culo. “¡Sigue, así. Oh qué rico!” –decía entre cada gemido que salía de boca. Mi lengua se posó por unos minutos en su delicioso culo, ella se aferraba a las sabanas, dejando llevar por el frenesí de mis lambidas. Sin mediar aviso mi lengua invadió su sexo. “¡Oh, sí, dame!” –decía mientras se retorcía de placer. Por un momento olvidamos que nuestro Señor observamos y nos dejamos llevar por el fragor de nuestra calentura. “Tu turno zorra” –le dije. Me puse de espaldas en la cama y abrí mis piernas. Ella se posicionó de tal manera que con sus manos aprisionó mis caderas, hundió la cabeza en mi vagina y lamió como una buena perra mis fluidos y mi clítoris, solo cerré los ojos y me dejé llevar masajeando mis tetas de manera perversa. Cuando abrí los ojos vi la verga de mi Señor erecta que estaba a mi disposición. “¡Chupa puta!” –me dijo. Obediente la metí en mi boca para comerla toda. Nancy me tenía al borde de la locura pero tener el miembro de mi Señor en mis labios era un placer exquisito. Podía sentir como llegaba a mi garganta cuando me la tragaba entera, él estaba inmutable, no decía nada, solo me miraba con sus ojos llenos de lujuria.
Después se puso detrás de Nancy, quien sin decirle nada levanta sus caderas y queda a la disposición de nuestro Señor para ser usada. Sin decir nada, la embiste en su culo, ella dio un grito que pronto se transformaron en gemidos al sentir los movimientos de nuestro Señor fallándose su ano. Sus embestidas eran frenéticas y constantes, ya no podíamos contenernos de tanta perversión, o sé si fue a la vez o por segundos de diferencia pero caímos presas de un intenso orgasmo. Él no se detuvo, siguió torturando el culo de Nancy hasta que dijo: “¡Voy a acabar putas!”. Se bajó de la cama y empezó a masturbarse, nosotras de un salto nos bajamos y estábamos de rodillas esperando que su verga explotara para darnos su exquisito semen. Con la boca abierta aguardamos ese sublime momento hasta que descargó chorros profusos de esperma, siendo repartidos entre ambas. Lo disfrutamos hasta la última gota y sellamos ese mágico con un beso blanco apasionado traspasando lo que ambas habíamos recibido,
“Ahora duerman mis zorras porque mañana seguiremos con su adiestramiento” –nos dijo. A la mañana siguiente pasó el chofer por don Ricardo para llevarlo a la oficina y nosotras nos quedamos en la suite. Día tras día íbamos aprendiendo a soportar el dolor y aprendíamos a como complacer a nuestro Amo. Llegó el 24 de diciembre y como había dicho teníamos la libertad de estar en nuestra casa para llevar a cabo nuestros planes familiares. Volvimos al hotel el 26 de diciembre, ya tolerábamos el dolor y también disfrutamos del placer que nos era entregado después de cada extenuante sesión.
Llegó el 31 de diciembre, eran las seis de la tarde. Nuestro Señor llegó con unas bolsas con algunas cosas, las deja en la cama y dice: “¡Para mis zorras lo mejor!”. Nos quedamos mirando con Nancy como niñas que abren sus regalos de navidad. Encontramos en nuestra bolsa un par de antifaces metálicos, de color negro. Se veían sensuales y misteriosos. Lo siguiente fue un conjunto de ropa interior Victoria Secret, negro con sensuales encajes que dejaban muy poco a la imaginación, ligueros y medias hasta los muslos. Había otra bolsa con un par de zapatos Versache, con tacones tipo aguja, también negros y otra bolsa con un perfume Xerjoff Kampuchea, se notaba que en verdad había invertido mucho dinero en ambas, tal vez por su afán de siempre destacar o simplemente para agasajar a sus “putas” como cariñosamente nos llamaba. Lo que nos sorprendió es que no había nada más para ponernos, pero eso daba igual, ya que si él lo ordenara hubiéramos salido de la suite desnudas o caminando en cuatro patas a su lado como perras.
Nos dimos una ducha tibia y nos empezamos a arreglar, estábamos ansiosas por lo que pasaría en la noche y si estaríamos a la altura de la situación. No sabíamos lo que pasaría pero la sensación de nerviosismo lo hacía demasiado excitante. Él nos esperaba en el cuarto. Estar desnudas frente a él aumentaba la lujuria; mirarlo frente a nosotros con su rostro sin expresión pero con satisfacción en sus ojos era más que suficiente. Le pedimos autorización para ataviarnos con las cosas que había traído, solo asintió con su cabeza. En completo silencio nos pusimos la lencería, los zapatos, perfumamos nuestros cuerpos y nos colocamos los antifaces. “Se ven hermosas” –dijo. “¡Gracias mi Señor!” –exclamamos a la vez. “les falta algo para coronar este momento” –dice en tono serio. Va a su maletín y saca dos collares de cuero, adornados uno con un zafiro y el otro con una esmeralda. A mí me colocó el que tenía el zafiro y me dijo: “Viviana, desde hoy serás conocida como zafiro, por tu devoción y fidelidad, tanto en tu relación con Nancy como así conmigo. Sé orgullosa y digna de llevar ese nombre. Una emoción inexplicable recorrió mi cuerpo, incluso algunas lágrimas cayeron por mis ojos que casi arruinan mi maquillaje. Solo pude agradecerle ese preciado regalo y la identidad que me daba. Cuando se acercó a Nancy y colocó su collar le dijo: “Nancy, ahora serás llamada esmeralda, porque has demostrado ser una persona paciente, con amor para entregar como se lo demostraste a zafiro desde el inicio de su relación. No exijo que me ames, pero si que puedas esforzarte para ser una buena amante y amiga de zafiro y mío. Luce con orgullo tu nombre y permanece digna de él”. También lagrimas salieron de los ojos de esmeralda, ya que fue un momento que jamás pensamos vivir. Después de ese momento especial coloca unas cadenas en los collares y nos hace que nos pongamos unos abrigos que llegaban un poco más arriba de la rodilla. Salimos de suite con rumbo a la fiesta de fin de año.
Caminamos por el lobby del hotel, la gente que estaba ahí nos miraba, algunos hablaban en secreto pero no le dimos importancia, ya que nos sentíamos y veíamos sensuales caminando conducidas por nuestro Amo, lo que importaba era que él se sintiera complacido con las dos zorras que llevaba una a cada lado. Nos subimos al auto que nos esperaba al frontis y emprendimos la ida ese lugar. Íbamos por la Costanera en rumbo al oriente, llegamos al final de la carretera en el Puente La Dehesa y seguimos camino a Los Trapenses. Llegamos a una mansión, no las típicas casas de personas adineradas con estilo antiguo que parecen sacadas de películas de terror o misterio, sino una construcción moderna, gigantesca con un jardín que abarcaba un buen pedazo de terreno. Había en las afueras autos lujosos estacionados, hombres y mujeres vestidos de gala y chicas como nosotras que vestían abrigos y antifaces. Salimos del auto y nuestro Amo toma nuestras cadenas y camina hacia la entrada, es saludado por algunos hombres que estaban ahí, él se detiene a entablar conversación, nosotras permanecíamos con la vista al piso ya que nos dijo que no podíamos hablar ni tener contacto visual con nadie a menos que él lo permitiera. Se despide de la manera más educada posible y seguimos en camino donde él nos guiaba. Había una tarima en medio del patio de al menos un metro de altura, quizá más; las luces se apagan por unos segundos y empieza a sonar una melodía en el ambiente. Con esmeralda nos mirábamos impactadas, ya que se trataba de una producción digna de un artista de calidad. Una luz cenital alumbra el escenario y detrás de la cortina roja sale un hombre que vestía con un impecable traje negro, camisa blanca y corbata de moño. “Sean bienvenidos y bienvenidas a nuestra reunión anual N° 10. Gracias por aceptar la invitación y confirmar su asistencia. Hagan extensiva esta bienvenida a sus sumisos y sumisas que les acompañan. Espero que puedan disfrutar esta velada, ya que como anfitrión he puesto lo mejor de los implementos de tortura medieval para su deleite” –dice. Con esmeralda no cabíamos en nosotras por el asombro. Hay varias habitaciones ambientadas para que puedan disfrutar de sus perversiones. Recuerden también que por el bien de los que estamos aquí no usamos nuestros nombres reales, asi protegemos nuestra privacidad. Sin más que decir, declaro iniciada esta noche de perversión y lujuria” –dice el hombre. Nuestro Amo nos quita los abrigos y toma nuestras cadenas, caminamos a la entrada de la casa, él había pedido una habitación especial para su uso. Subimos unas escaleras de mármol y entramos a la habitación que estaba reservada para él.
Cuando me liberó del gancho y de la cruz los espasmos en
mi cuerpo continuaban, caí al piso en medio del éxtasis del placer, le permitió
a esmeralda seguir tocándose hasta que me dice que la ayude con mi lengua. Era
el momento de mi dulce venganza, no tendría compasión de esmeralda, así que
aprovecharía el momento para hacerla subir al cielo y llevarla al infierno. Fui
hasta ella con la cara de puta caliente que tengo cuando quiero portarme mal,
le dije en voz baja: “Vas a sufrir puta”. Ella sonrió de manera perversa y
abrió sus piernas, hice a un lado sus bragas y me sumergí en la humedad de su
sexo. Ella gemía al sentir como mi lengua se deslizaba, como se abría paso
entre sus labios para buscar su clítoris. Cada vez sus gemidos eran más
intensos, cada vez su respiración era más agitada y el morbo de saber que
estaba “sufriendo” el placer me ponía más caliente. Ella bajo las copas de su brasier dejando sus
senos al aire y empezó a masajearlos, apretaba sus pezones y jadeaba de placer.
“¡Ufffff, me gusta como lo haces!” –me decía. En su cara se percibía el placer
y la lujuria, también sentía lo mismo al saber que estábamos bajo la atenta
mirada de nuestro Amo.
Pasiones Prohibidas ®

Como te lo dije en el anterior relato Mí amor
ResponderBorrarPara mi ha sido maravilloso acompañarte en este proyecto
Sin duda no esperaba menos
Es un gran cierre a estas historias candentes y a esta perversa saga
Siempre tan morboso y excitante cada detalle
Mí Perverso
Que sigan las historias perversas jamas contadas
Un excelente relato Mí Señor
Tienes un gran talento mi amor 💋😘
Sigue deleitando la imaginación y esos deseos sucios y perversos de todos
Quienes disfrutamos de tus lineas
Olvidaba decirte que me gustó mucho el desarrollo que le diste a la trama en toda la saga, como le diste forma a cada personaje y los detalles tan bien formados de sus actitudes y rasgos de personalidad de cada quien en cada situación me pareció genial.
ResponderBorrarEsta saga siempre fue mi favorita
Y sin duda la culminaste perversamente
En verdad Excelente Mí Amo
Excelente relato, sus personajes siempre me mantuvieron con el morbo a mil, gracias
ResponderBorrarMe encantó todos estos relatos llenos de lujuria perversion deseo donde una puede disfrutar de las más bajas pasiones y sobretodo dejarse llevar y ser una perra en celos en las manos correctas siempre se podrá sentir esa exquisitez de portarse mal.
ResponderBorrarFelicitaciones a Usted Caballero y que siga adelante con su proyectos ya que Usted tiene ese don de escritor en donde hace desear ser la persona que describe en cada relato
Otro relato ardiente, morboso y tan perverso como todo lo que escribes, desprende una lujuria maravillosa, ufff hace querer ser una de esas hermosas sumisas, gracias por cada uno de tus relatos Mr.P
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